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La nueva vida de François Hollande

El expresidente Francois Hollande (izquierda) saluda al dejar el palacio presidencial en manos del nuevo mandatario Emmanuel Macron (detrás) el 14 de mayo de 2017.
El expresidente Francois Hollande (izquierda) saluda al dejar el palacio presidencial en manos del nuevo mandatario Emmanuel Macron (detrás) el 14 de mayo de 2017. REUTERS/Yoan Valat/Pool

Luego de cinco años como jefe de Estado, a partir de hoy François Hollande comienza una nueva vida. “Mitterrand estaba al final de su vida […] Yo soy joven”, dijo el ahora ex presidente en los últimos días de su mandato, según cuenta el diario Le Monde. Sin dar precisiones sobre su futuro, Hollande no dijo que abandonaría la política.

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Es el presidente con el nivel más bajo de popularidad de la historia de la república francesa. Su mandato estuvo marcado por sangrientos ataques yihadistas y por un alto desempleo que no logro reducir. Su impopularidad récord lo llevó a que renunciara a presentarse a la reelección, algo inédito desde 1958.

Antes de subir al automóvil en el que dejaba el palacio presidencial, Hollande volvió su mirada hacia su sucesor, Emmanuel Macron, Hollande, y a través de la imagen que transmitían las televisiones se pudo leer entre sus labios la frase “Bon courage” (buena suerte).

Luego el coche tomo la rue faubourg saint honoré y dejo atrás el palacio que albergo a Hollande durante cinco años. El ex presidente se dirigió a la sede de su partido, el Socialista.

“Quería volver aquí, en la calle Solferino, para volver a encontrarme con recuerdos y con algunos rostros”, dijo Hollande en una ola de tuits en los que incluyó: “Tenemos esta satisfacción, dejo un país en un mejor estado del que lo encontré”.

Sin embargo los números no acompañan sus palabras. Hollande deja tras de sí un partido socialista en ruinas (6% de votos en las presidenciales), una extrema derecha en sus niveles más altos (10,6 millones de votos) y un desempleo de cerca del 10%.

Incomprendido, criticado incluso dentro de su propia mayoría, Hollande se impuso como jefe de guerra, encadenando las operaciones militares en el extranjero con una determinación en total contradicción con su imagen en política interna.

Ante cada nuevo ataque -los atentados yihadistas han dejado 239 muertos en Francia desde 2015- adoptó con éxito su papel de padre de la nación, consolando a un país malherido.

Pero no fue suficiente para mejorar su imagen negativa, agravada aún más por un libro de confidencias a dos periodistas publicado en octubre del 2016, y por su incapacidad para conseguir una mayoría para aplicar su programa económico.

En 2012, Hollande, el primer presidente socialista desde François Mitterrand (1981-1995) prometió ser todo lo contrario del mandatario saliente Nicolas Sarkozy. Su presidencia "modesta" debía romper con el estilo "aparatoso" de su rival.

Sin embargo, su popularidad comenzó a caer desde sus primeros meses en el poder. Las críticas abundaron: "no sabe tomar una decisión", "no tiene autoridad", "es demasiado táctico".

En 2013, la legalización del matrimonio gay -una reforma prometida durante su campaña- provocó una profunda fractura en la sociedad francesa.

El aumento sin precedentes de la presión fiscal a los hogares y a las empresas, acompañado de una bajada del gasto público provocó la hostilidad de buena parte de la clase media.

Para luchar contra unas tasas de desempleo de en torno al 10%, el presidente optó a medio mandato por un dar un giro socioliberal que le valió una lluvia de críticas del ala izquierda del partido socialista y la defección de varios ministros.

Esa hostilidad a una política considerada demasiado favorable a las empresas culminó a principios de 2016 con una guerra en el parlamento con los "rebeldes" de su propio partido, opuestos a una reforma de la legislación laboral.

La reforma sacó al mismo tiempo a decenas de miles de trabajadores, jóvenes y estudiantes a las calles en manifestaciones multitudinarias.

"Muchos de sus electores tuvieron la desagradable sensación de haber sido estafados. Simplemente les vendió demasiados sueños", estimaron los dos periodistas que publicaron el libro de confidencias, Gérard Davet y Fabrice Lhomme.

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