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Francia

Ataque en la prefectura de París: un fallo en el corazón de seguridad

La prefectura de París, el 3 de octubre de 2019.
La prefectura de París, el 3 de octubre de 2019. REUTERS/Christian Hartmann

Había celebrado la matanza de Charlie Hebdo, se negaba a darles la mano a las mujeres, y sin embargo Mickael Harpon, convertido al islam, pudo acceder a informaciones sensibles de inteligencia sobre yihadismo antes de matar a cuatro colegas. Ahora, las autoridades francesas deben responder cómo este hombre radicalizado pudo pasar desapercibido a través de los controles del Estado.

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"Evidentemente ha habido fallas. Evidentemente, hubo una disfunción", reconoció el ministro del Interior Christophe Castaner este domingo durante una entrevista televisiva, tres días después del asesinato de cuatro policías por este informático, de 45 años, que trabajaba en una unidad de inteligencia de la prefectura de París

Las “disfunciones” son importantes. El agresor, Mickael Harpon, de 45 años, había justificado en julio de 2015, ante colegas, el sangriento ataque yihadista que había tenido lugar unos meses antes contra el semanario satírico Charlie Hebdo. Según Castaner, un policía encargado de la radicalización se reunió con los colegas de Harpon y les preguntó "expresamente si querían hacer una denuncia administrativa". "Al parecer decidieron no hacerla", afirmó el ministro del Interior.

Sin embargo no se trata de un único fallo. Castaner, cuya renuncia es reclamada con insistencia por haberse precipitado en declarar que el ataque no tenía antecedentes de radicalización, debe responder este martes ante la Delegación de Inteligencia del Departamento.

“Intentaremos averiguar cuáles son las disfunciones”, explicó el presidente de la delegación, Christian Cambon. "Hay una cadena de preguntas interesantes: la habilitación, la identificación de los miembros que se han radicalizado, la seguridad y, sobre todo, la cuestión de los elementos que este agente de mantenimiento informático ha podido obtener. Porque “pudo usarlos, transmitirlos”, subrayó.

Mickael Harpon, que tenía una autorización para consultar información clasificada, podía acceder a las investigaciones sobre las redes yihadistas, así como a las direcciones de cada funcionario de policía.

Señales de radicalización

Christian Cambon también puso en duda que no existieran otras señales de radicalización. “¿Cómo puede ser que el ministro [del Interior] tome la palabra y diga que no hay nada en el expediente [del agresor] mientras se dice que no le daba la mano a las mujeres? Esto una señal”, recalcó.

“¿Cómo puede ser que en un lugar tan confidencial alguien, incluso conocido, pueda pasearse con un cuchillo de 20 centímetros de largo?”, se pregunta Cambon, refiriéndose al arma, que en realidad medía 33 centímetros y había sido comprada esa misma mañana.

junio, un informe parlamentario sobre la radicalización de los servicios públicos mostró que los casos son "marginales" pero que aún existen "zonas grises". Se habían registrado unos 30 casos sospechosos pero no probados (de 130.000 gendarmes y 150.000 agentes de policía). Es sobre estas “zonas grises”, sobre en qué momento debe lanzarse el alerta ante un peligro yihadista, que las autoridades francesas deberán dar una respuesta más precisa y convincente.

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