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ISRAEL

Muere Ariel Sharon, halcón pragmático de la política israelí

REUTERS/Gil Cohen Magen/Files

El ex Primer ministro israelí, en coma desde 2006, falleció este sábado a sus 85 años en un centro médico, cerca de Tel Aviv. Su estado se había degradado irremisiblemente estos últimos días. Deja atrás una doble imagen, la de un jefe militar victorioso y sin escrúpulos y la de un político pragmático que asumió desalojar por la fuerza a los colonos israelíes de la Franja de Gaza.

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Aunque todos saluden hoy su memoria, no hay un solo partido político en Israel que asuma la herencia de Ariel Sharon. La derecha, encarnada en el Likud, le sigue reprochando haber decidido unilateralmente la retirada del ejército y de los colonos israelíes de la franja de Gaza en 2005. El centro, cuya partida de nacimiento escribió el propio Sharon al crear el partido Kadima y romper con el Likud, tras un sonado triunfo electoral en marzo de 2006 ha pasado a ser una pequeña formación política que los dirigentes israelíes ignoran. Y la izquierda no le perdona a Ariel Sharon haber lanzado la invasión del Líbano, en 1982, una aventura militar y política con resultados desastrosos para Israel.

Fue bajo la ocupación israelí del Líbano, con Sharon como ministro de Defensa del

gobierno de Menájem Begin, cuando se escribió una de las páginas negras de la biografía del que hasta entonces estaba considerado como un héroe militar. Sharon cerró los ojos y permitió a las milicias falangistas, cristianas y libanesas, que ejecutaran a cientos de civiles palestinos refugiados en los campos de Sabra y Chatila, en las afueras de Beirut. La Comisión Kahan, constituida por encargo de Menájem Begin a la Corte Suprema de Israel para investigar esa matanza, llegó a la conclusión de que Ariel Sharon “faltó a sus obligaciones”, por lo que recomendó su destitución.

Pero el héroe de la guerra del Kipur, momento cumbre de su carrera militar, no dejó nunca la política. En 2000, , su visita a la explanada de las mezquitas, en Jerusalén, desencadenaría la segunda Intifada, lo que no le impediría poco después presentarse ante los ciudadanos como el hombre capaz de comprender sus aspiraciones a la paz, precisamente porque como militar había conocido la guerra muy de cerca.
 

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