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Enfoque Internacional

Israel: el miedo se instala en Jerusalén

Audio 05:32
Manifestación propalestina en Sakhnin, norte de Israel, 13 de octubre de 2015.
Manifestación propalestina en Sakhnin, norte de Israel, 13 de octubre de 2015. REUTERS/Baz Ratner

Enfrentamientos en un barrio palestino de Jerusalén: el cántico del muecín llamando a la oración se mezcla con los disparos contra los manifestantes, muchos de ellos palestinos menores de edad. Son piedras contra balas, pero los jóvenes, envalentonados y rabiosos, no dudan en acercarse a la policía israelí.

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Desde principios de octubre una ola de violencia recorre Israel y Palestina. Varios ataques con cuchillos contra colonos, ultraortodoxos y policías israelíes han hecho que ciudades como Jerusalén estén en estado de alerta máxima. El miedo se ha instalado en las calles.

Yudith tiene 37 años, es israelí y vive en la ciudad vieja de Jerusalén, en una colonia situada en pleno barrio musulmán. Su vecino fue apuñalado y murió en uno de estos ataques. Pese a sentirse amenazada sale a la calle todos los días, protegida por un gran número de soldados que patrullan esta zona turística de Jerusalén: “Queremos estar aquí y estaremos aquí para siempre. Esta es nuestra tierra, esta es nuestra ciudad. Eso es lo que creemos y somos fuertes. Aunque nuestro vecino fue asesinado nos quedaremos para siempre. No estamos asustados porque sabemos que esto nos pertenece. No tenemos problemas en que otra gente viva aquí, en que los cristianos o musulmanes se queden. Está bien, pero ellos deben saber que si viven aquí viven bajo el gobierno israelí, en un país judío”.

Israelíes y palestinos limitan sus movimientos y miran atentos a su alrededor cuando salen a la calle. La presencia policial en Jerusalén se ha multiplicado y numerosos civiles llevan sus armas, siguiendo los consejos de las autoridades. Desde hace días abundan las falsas alertas de atentados y cualquiera puede resultar sospechoso. Grupos radicales judíos han atacado a palestinos en las calles. En Jerusalén se ha escuchado el grito de muerte a los árabes en los últimos días.

Ahmad es periodista palestino, vive en Jerusalén este y confiesa que ha cambiado su rutina desde que esta ola de violencia comenzó: “A veces voy con mis amigos al oeste de Jerusalén, para tomar café o comer algo, pero ahora no voy porque la situación está muy mal. Tengo miedo de que alguien me golpee, los colonos, por ejemplo, y quiero estar vivo por mis hijos. Y, ahora también, mucha gente que trabaja en el lado israelí no va a trabajar porque la situación está muy mala y todo el mundo está asustado”.

Los ataques de los últimos días no son organizados, están cometidos por palestinos sin antecedentes policiales ni militancia política, personas hartas y desesperadas ante las políticas israelíes, que sienten que no tienen nada que perder. En muchos de ellos las circunstancias son confusas.

Shuruq Salah es palestina, tiene 18 años, estudia historia en la universidad de Belén y lleva una semana en una habitación de hospital custodiada por la policía. Recibió tres disparos en la ciudad vieja de Jerusalén tras haber intentado apuñalar a un colono. Su madre, Samira, asegura que su hija fue atacada por un grupo de israelíes que intentó quitarle el velo. Ella se resistió y fue tiroteada. Hay testigos que corroboran esta versión: “No, no, no. Conozco a mi hija, no puedo creer lo que cuentan. Mi hija es una chica dulce, sensible, tiene miedo hasta de un poco de sangre que salga de una pequeña herida. ¿Cómo va a intentar apuñalar a alguien? Hasta ahora no la vi, yo solo quiero ver a mi hija”.

Como ocurre siempre que la violencia regresa a Jerusalén, la ciudad vieja se vacía de turistas. En esta parte de la ciudad se concentran los puntos de mayor interés para los visitantes cristianos, como la iglesia del Santo Sepulcro, además de los lugares santos para el judaísmo y el islam.

Un grupo de turistas ecuatorianas pasea sin prisa por la vía Dolorosa, donde se recuerdan paso a paso los últimos momentos de la vida de Jesucristo hasta la cruz. A pocos metros, un palestino mató a dos judíos hace unos días, antes de ser abatido por la policía.

Josette, turista francesa, mira con desconfianza las barreras policiales. Es consciente de que la situación puede degenerar en cuestión de minutos: “Nos hemos sentido en confianza para venir a la ciudad vieja y no nos extraña ver tantos soldados, sabíamos que es un momento difícil y que ha habido varios muertos. Sentimos una gran tensión, pareciera que una pequeña chispa puede hacer que la situación explote y todo se cierre”.

Hasta el momento las medidas tomadas por el gobierno israelí para disuadir nuevos ataques - fundamentalmente una mayor presencia policial, más dureza en la represión de manifestaciones y represalias contra las familias de los atacantes -  no han surtido efecto. Los responsables palestinos han hecho llamamientos a la calma pero recuerdan que el último día de la ocupación israelí será el primer día de paz en la región.

 

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