Saltar al contenido principal
Enfoque Internacional

Gayara, la vida después del grupo Estado Islámico

Audio 03:56
Liberación de Gayara, cerca de Mosul, el pasado 24 de agosto de 2016.
Liberación de Gayara, cerca de Mosul, el pasado 24 de agosto de 2016. REUTERS/Stringer

La ciudad de Gayara fue recuperada hace poco tiempo luego de dos años bajo el mando del grupo Estado Islámico. Es la ciudad más importante camino a Mosul y una fuente de ingreso para el EI gracias a sus pozos de petróleo. Los pozos de Gayara fueron encendidos por los yihadistas en su retirada. A unos pocos kilómetros, los yihadistas continúan lanzando morteros que no permiten la llegada de los ingenieros para apagar los inmensos fuegos.

Anuncios

Desde Gayara, Irak.

El ejército iraquí comenzó la tarea de encontrar y separar las personas que colaboraron con el grupo Estado Islámico. Cientos de hombres esperan en la plaza principal, a ver si su nombre está en la lista de los sospechosos que tiene el ejército. En la ciudad se descubrieron cárceles donde se torturaba y se sentenciaba a muerte a los locales por no seguir las estrictas reglas del EI.

Ahmed, un profesor de inglés de 42 años, explica que “están verificando si eras o no un miembro del Estado Islámico o si ayudaste a los yihadistas. (…) El ejército tiene agentes y trabajan con la policía local. Conocen a todos acá en Gayara. Vienen acá frente a la muchedumbre, miran las caras y le dicen a las fuerzas de seguridad si era un yihadista o no. Si es así lo llevan para interrogarlo frente al jefe de la policía. A veces, si la gente acá de Gayara dice ‘No, este hombre es bueno’ entonces lo dejan ir. Si no, lo llevan a la cárcel”.

El mismo proceso se repite en cada pueblo que el ejército retoma, a medida que se acerca a Mosul, la segunda ciudad de Irak y el último bastión de los yihadistas en el país. Gayara está a sólo 80 kilómetros al sur de Mosul.

Durante los dos años bajo el régimen yihadista, Ahmed no pudo trabajar porque el Estado Islámico cerró las escuelas de la ciudad, como lo cuentan unos niños. Las únicas escuelas que el Estado Islámico permitía eran las coránicas, donde se enseñaba los preceptos del Islam de acuerdo a la visión de los yihadistas y hasta se enseñaba a matar con peluches.

Con la retirada de los yihadistas, los niños dicen que esperan que las escuelas vuelvan a abrir. A pesar de que celebran la llegada del ejército, dicen que el humo les molesta y les da alergia, mientras señalan una espesa columna de humo negro que cubre la ciudad. Antes de partir, los combatientes del Estado Islámico detonaron los pozos petroleros de la ciudad.

Los yihadistas acechan en las afueras de la ciudad, desde donde continúan lanzando cohetes. Eso imposibilita la llegada de expertos para apagar las llamas que intoxican a los habitantes.

Quienes vivían cerca de los pozos fueron evacuados, pero el resto de la población pudo quedarse en sus casas con el permiso del ejército. El teniente general Najim Abdullah al-Jubouri, comandante de la operación de liberación de Nínive, la provincia de Gayara y Mosul, explica que “mi visión es que la dignidad es muy importante. Si la gente está obligada a escapar y abandonar su hogar, pierde la dignidad. Muchos niños y ancianos murieron en los campos de desplazados”.

El comandante busca ganarse la confianza de los pueblos que libera. Confianza que el ejército perdió durante años de corrupción y al abandonar casi sin luchar miles de kilómetros de Irak, entre ellos Mosul, entregando a cientos de miles de iraquíes a las atrocidades cometidas por el grupo Estado Islámico.
 

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.