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Inmigración

La misión de la UE, Sophia, rescata a más de 2.500 personas en sólo una semana

Facebook/Eunavfor Med Operation Sophia

Los buques de guerra de la Unión Europa se encuentran en alerta ante las previsiones del buen estado del mar, el detonante para que las mafias libias lancen a las aguas internacionales decenas de embarcaciones con miles de inmigrantes a bordo. La mayoría procede de países de África Occidental y Oriental, Nigeria, Ghana, Togo, Somalia o Eritrea. En menos de una semana, se han rescatado alrededor de 20 embarcaciones con más de 2.500 inmigrantes a bordo.

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Ya alcanzada la zona de operaciones, frente a las playas libias, el buque español, Navarra, tiene asignado su posición dentro de la misión EUNAVFOR MED SOPHIA. Los marinos preparan el almacén de víveres, los chalecos salvavidas, las mantas… Todo lo que requiere una operación de rescate de cientos de inmigrantes que buscan cualquier lugar en Europa. Lo hacen huyendo de una guerra, de la violencia, del hambre. “Intento en primer lugar tranquilizarles. Advertirles de que todos serán salvados. Muy importante el reparto de chalecos y que sean colocados porque no saben nadar”, nos dice el Alférez de Navío Dani González, el jefe del equipo de rescate.

Vea el reportaje de Beatriz Mesa en video:

El fenómeno de los movimientos migratorios es bien conocido por sus naufragios, las miles de vida que se hunden por la mala flotabilidad de sus embarcaciones precarias, en donde los africanos son hacinados pese a pagar por su “peaje” una cantidad de dinero desorbitada. Por cada emigrante, la mafia puede alcanzar entre 1.000 y 4.000 euros. Todo depende de la nacionalidad, de la edad o del tipo de embarcación que se “alquila”. Un imparable negocio que ha llenado el Mediterráneo de lanchas neumáticas y de “chacales”, jóvenes libios que no tienen una implicación directa en la red mafiosa de la inmigración clandestina, pero ven en el mar otra forma de supervivencia.

Estos “chacales” ojean desde sus botes de pesca si encuentran neumáticas vacías con motores por recuperar para luego volver a venderlos en el mercado negro de la inmigración, en las ciudades costeras sensibles por ser tránsito de personas, así como Sabratha o Zawira. En una operación de abordaje de la misión, se halló una barcaza con tres supuestos “chacales” libios que fondeaban en mitad de las aguas internacionales, previsiblemente atentos en la recuperación de cualquier resquicio de una embarcación de inmigrantes para luego ser reutilizado.

“En Sabratha mucha gente trabaja en la inmigración porque no hay empleo. Las familias desde el comienzo de la guerra de Libia, en 2011, sufren la parálisis de la economía. No hay dinero en los bancos. Sí, en mi ciudad hay estabilidad pero sin futuro”, confiesa a RFI Ahmed, uno de los tres jóvenes “chacales”, en quien no reside la responsabilidad de una mafia vinculada a los poderes políticos de su ciudad.

Las tribus dominantes en la ciudad de Sabratha, aliadas de los revolucionarios de Misrata (en la zona de la Tripolitana) enfrentados a sus rivales, el centro de poder de Zintan (en la zona de la Cirenaica), están conectadas a las tribus al sur del país, en Fezzan. En esta región, además de las fuentes de recursos naturales, nace el canal de la inmigración clandestina en manos de los tuaregs, un modelo de negocio, al que se le ha sumado armas y drogas.
 

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