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Enfoque Internacional

Catar, aislado diplomáticamente

Audio 04:06
Doha, Catar, este 5 de junio de 2017.
Doha, Catar, este 5 de junio de 2017. REUTERS/Stringer

Arabia Saudita y sus dos aliados, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, decretaron una ofensiva diplomática sin precedentes contra Catar. Desde este lunes esos tres países cerraron sus fronteras terrestres y marítimas, sus ciudadanos tienen prohibido viajar a Catar y se suspenden los vuelos desde y hacia ese pequeño reino del golfo pérsico.

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El argumento que invocan Riad y sus aliados es que Catar respalda organizaciones terroristas como Al Qaeda y Daesh. Y es que con sus inmensas riquezas gasíferas, la pequeña monarquía dirigida por el emir Al Thani lleva desde hace 20 años una estratégica política para existir en la escena internacional.

Además de invertir decenas de millones de dólares en los deportes (será sede del Mundial de Fútbol en 2022), Catar alberga la base militar estadounidense más grande del mundo, ha comprado material militar de ultima generación a Francia, y apoya a movimientos rebeldes en varios países de Medio Oriente.

Según dos expertos de la región pérsica consultados por RFI, la ofensiva diplomática de Arabia Saudita contra Catar se debe sobre todo a su política de diálogo con organizaciones chiitas hutíes en Yemen, consideradas como rivales por Arabia Saudita, país vecino pero sunita.

Para Gilles Gauthier, ex embajador de Francia en Yemen y especialista en geopolítica de la región pérsica, Arabia Saudita castiga a Catar para mantener su liderazgo regional.

Irán es también otra manzana de la discordia. Hace dos semanas Donald Trump llamó a aislar a Irán, un país con el que Catar mantiene buenas relaciones.

Irán deploró esta decisión contra Catar. Catar por su parte rechazó la ruptura diplomática de sus socios del Golfo Pérsico y denunció una violación de su soberanía.

Según Alain Gresh, periodista francés de origen egipcio y especialista de Medio Oriente, “la presión contra Catar es muy fuerte pero el país tiene ventajas: los Estados del Golfo no están unidos. Ni Kuwait ni Omán están asociados a las medidas diplomáticas. Segundo, Catar tiene una alianza sólida con Turquía que está instalando una base militar ahí y conserva una fuerte influencia en Washington. Al mismo tiempo, pese a sus inmensas riquezas financieras y gasíferas, es un país muy pequeño con una población local de 250.000 habitantes. Es un país frágil, lo hemos visto en 2014. Tras las presiones de los países del Golfo, Catar suavizó su política externa. Por ejemplo, su canal Al Jazeera, que durante las revoluciones árabes criticaba mucho a Arabia Saudita y las monarquías de la región, es hoy mucho más prudente y tiene un lenguaje que ya no ofende a su poderoso vecino saudí”.

Otro país se sumó a ese complejo ajedrez regional: se trata de Egipto que también corta relaciones diplomáticas con Catar. El régimen del mariscal Al Sisi guardó un fuerte rencor contra Catar que apoyó al ex presidente islamista Mohamed Mursi y el movimiento al que pertenece, los Hermanos Musulmanes, considerados como terroristas por El Cairo.

Entrevistados: Gilles Gauthier, ex embajador de Francia en Yemen y especialista en geopolítica de la región pérsica, y Alain Gresh, periodista francés especialista de Medio Oriente.
 

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