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Enfoque Internacional

La batalla de Mosul, casa por casa

Audio 04:26
Una habitante de Mosul víctima del fuego cruzado espera ser atentida por los médicos. Junio 2017
Una habitante de Mosul víctima del fuego cruzado espera ser atentida por los médicos. Junio 2017 Hugo Passarello Luna

La ofensiva militar contra el grupo yihadista Estado Islámico se eterniza a medida que las tropas iraquíes se internan en las callejuelas del casco histórico de la segunda ciudad del país. Hugo Passarello Luna nos contó desde el frente, las dificultades de una operación en la que se encuentran atrapados miles de civiles.

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Hugo Passarello Luna, desde Mosul especial para RFI

Las calles hay que recorrerlas en blindados para pasar entre las toneladas de escombros que antes fueron casas. En Mosul, la guerra entre las fuerzas armadas y el grupo yihadista Estado Islámico es encarnizada.

En el frente norte, a 200 metros de un enorme complejo hospitalario desde donde los yihadistas acechan con morteros, coches bombas y francotiradores, el soldado Ahmed Ramadan nos explica que “cuando nos disparan lo hacen desde hoteles o posiciones altas. Ellos no pueden luchar en zonas abiertas donde no hay edificios. Siempre lo hacen donde hay edificios y casas. Y la mayoría de los edificios han sido minados con explosivos.”

Para poder avanzar sin sufrir enormes bajas, el ejército iraquí usa la artillería y los casi diarios bombardeos aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos que pulverizan sus objetivos. Para detener el avance del ejército, los yihadistas usan francotiradores que toman posición en el techo de una casa, disparan y luego cambian rápido de lugar.

© Hugo Passarello Luna

Para cuando los aviones lanzan un ataque, las víctimas son los civiles que todavía viven bajo ese techo. Mustafa acaba de escapar de Mosul y en una improvisada clínica de campaña, a solo un kilómetro del frente, los médicos militares intentan curar a su hijo herido por las bombas: “Un avión de la coalición atacó nuestra casa ayer porque un yihadista estaba sobre nuestro techo. Luego se fue y dos bombas cayeron sobre nosotros. Yo enterré a mi hermano y a mi sobrina esta mañana, solo, con mi pie herido, en el jardín de nuestro vecino. Nadie vino a ayudarnos. Nadie puede salir de su casa. Todos temen al Estado islámico.3

Mientras que Estados Unidos admitió haber causado la muerte a más de 400 civiles por sus bombardeos aéreos, la ONG Airwars, que monitorea estos ataques, dice que el número podría ser ocho veces superior.

Estados Unidos también confirmó que tiró proyectiles incendiarios con fósforo blanco en zonas habitadas por civiles. Este material se dispersa en el aire y provoca quemaduras graves que llegan a los músculos y los huesos. Según los militares estadounidenses lo hicieron para crear una espesa cortina de humo y permitir a los mosulíes escapar de los combates.

Esto es porque los yihadistas disparan sin reparo sobre quienes intentan huir. Las Naciones Unidas denunciaron que, en un solo día, el pasado 1 de junio, los yihadistas masacraron a 163 hombres y mujeres que intentaban escapar, sin perdonar tampoco a los niños.

© Hugo Passarello Luna

Quienes se quedaron viven una lucha diaria por alimentarse. Algunos de los civiles que lograron llegar las zonas del ejército dicen que el cólera volvió ya que muchos toman agua no potable del río Tigris. Aziz por ejemplo, quien llegó a la clínica del frente con sus hijos en brazos: “Gracias a Dios mis hijos van bien pero desgraciadamente todavía hay 36 familiares en la zona de combates. Dicen que no tienen nada, que comen hierbas. ¿Cómo podemos soportar eso? ¿Cómo?”

Muchos mosulíes fueron tomados por el Estado Islámico como escudos humanos en el casco histórico de la segunda ciudad de Irak donde están rodeados los yihadistas. Para el teniente coronel Manir Abdelaziz, de la 16ta división del ejército iraquí unas horas antes de lanzar una nueva ofensiva desde el norte, “Tenemos información de que el Estado Islámico tiene ahí varias cárceles con militares y a civiles prisioneros. Los tienen como escudos humanos. Lo hacen para cubrirse y ocultar los actos terroristas que cometieron.”

El casco histórico tiene apenas unos kilómetros cuadrados, pero ahí se estima que todavía viven entre 150.000 a 200.000 civiles. La densidad de la población no permitirá lanzar bombardeos aéreos sin provocar masacres. Además, las calles angostas de la vieja ciudad no permiten la entrada a los blindados del ejército. La lucha será entonces cuerpo a cuerpo.

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