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Mundo Ciencia

La obsolescencia programada: comprar, usar, tirar…. y volver a comprar

Audio 12:45
En 1924 fabricantes de bombillas reunidos en el llamado cártel Phoebus,  acordaron secretamente reducir la duración de vida de sus bombillas. De 2,500 horas a mil horas.
En 1924 fabricantes de bombillas reunidos en el llamado cártel Phoebus, acordaron secretamente reducir la duración de vida de sus bombillas. De 2,500 horas a mil horas. Flickr/ Evelio Gómez

¿Cada cuánto tiene que reemplazar una bombilla? ¿Cuándo fue la última vez que tuvo que cambiar de computadora porque su software ya no era compatible? Es probable que usted sea una víctima de la obsolescencia programada, un modelo de producción cada vez más denunciado no sólo por los consumidores pero también por los ecologistas por su impacto negativo en el medio ambiente.

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“Los aparatos ya no son como los de antes”, “me cuesta más repararlo que comprar uno nuevo”, son quejas que oímos a diario y que vienen a constatar una realidad del mercado, la obsolescencia programada. La obsolescencia programada es cuando los fabricantes de un producto programan de antemano que un producto dure un tiempo limitado para empujar al consumidor a volver a comprar otro.

La obsolescencia programada se encuentra en muchos campos

Samuel Sauvage, economista y cofundador de la asociación ciudadana Halte a l’Obsolescence Programmée (HOP) indica que este proceso se encuentra en diversos campos: "la obsolescencia programada se encuentra en muchos tipos de productos… en los productos industriales, electrodomésticos, o electrónicos, también en el software. Pero también hay otras formas de obsolescencia como en los medicamentos, con fechas de caducidad exageradamente cortas, también en el textil, como por ejemplo las medias (nylon), muchas mujeres pueden constatarlo".

La obsolescencia programada existe desde hace mucho

La obsolescencia programada no es algo nuevo, ya en 1924, un caso de obsolescencia programada muy conocido fue el del llamado cártel Phoebus, en el que fabricantes de bombillas de la época, como Osram, Philips o General Electric se pusieron de acuerdo para que las bombillas, duraran sólo mil horas, en lugar de las 2 mil quinientas horas de antes. Los ingenieros tuvieron que diseñar un filamento más frágil para que se rompiera más pronto.

Los consumidores se sienten estafados

Andrea, argentina que vive en París, ha constatado que los aparatos electrodomésticos, sobre todo los pequeños como la impresora, el extractor de jugos o la plancha se rompen a menudo: “yo me siento totalmente engañada, porque creo que (los fabricantes) lo hacen a propósito. Algunas piezas las hacen frágiles y luego repararlas cuesta mucho dinero y entonces, ¿qué terminamos haciendo los consumidores? Pues compramos otro producto que es lo que ellos quieren”.

La asociación Halte à l’Obsolescence Programmée (HOP)

Asociaciones como Halte à la Obsolescence Programmée (HOP) buscan alertar a los ciudadanos de este problema y hacer presión en las instancias tanto nacionales como europeas para que esto cambie. Desde el 2014, existe en Francia una ley que penaliza la obsolescencia programada, pero es muy difícil demostrar este proceso y por el momento ha sido poco aplicada. Se necesita pues una mayor presión por parte de los consumidores para denunciar este modelo económico que, además de engañar al consumidor, tiene graves consecuencias para el medio ambiente.

Entrevistados: Samuel Sauvage, cofundador de la asociación Halte à la Obsolescence Programmée (HOP) y Andrea Vivas, argentina residente en París.
 

Existen varios reportajes sobre este tema, cabe recalcar el documental "Comprar, tirar, comprar, la historia secreta de la obsolescencia programada" de Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española:

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