Saltar al contenido principal

Ramona Domínguez, la memoria recuperada de los republicanos españoles en la masacre de Oradour

4 min
Anuncios

París (AFP)

Setenta y seis años después de que Ramona Domínguez Gil muriera junto a su hijo, nuera y nietos en la masacre de Oradour-Sur-Glane, un pueblo del suroeste francés convertido en símbolo de la barbarie nazi, el empeño de un historiador español ha permitido recuperar su historia del olvido.

El nombre de Ramona será reconocido oficialmente este miércoles en Francia por la Asociación Nacional de Familias de los Mártires de Oradour-sur-Glane, y el balance oficial de víctimas se elevará de 642 a 643.

Todo ello gracias a los cuatro años de investigación de David Ferrer Revull, un profesor de instituto de Sabadell (noreste de España), convertido en historiador por "tristeza, rabia y vergüenza".

Su trabajo contribuye a la recuperación de la memoria de los republicanos españoles que huyeron de la Guerra Civil (1936-1939) y se encontraban en Francia cuando fue ocupada por los nazis en 1940.

Tras una primera visita a este pueblo en ruinas, que por voluntad del general francés Charles De Gaulle se conserva tal y como quedó tras la masacre, Ferrer Revull decidió recuperar los nombres —muchas veces incorrectos o ausentes, como en el caso de la víctima número 643— y las vidas de lo que terminaría siendo una lista de 19 víctimas españolas.

Entre ellas numerosos niños, como Miquel, Harmonia y Llibert, los nietos de Ramona Domínguez Gil, de 73 años, que tenían respectivamente once, siete y un año cuando murieron.

Pese a que estaba presente en los primeros listados de víctimas de los años 1940, en algún momento esta mujer nacida en un pueblo de Zaragoza en 1871 fue eliminada por error, quizás por confusión de nombres, apunta el historiador.

Al final de la Guerra Civil, huyó a Francia junto a su familia (su hijo, su nuera y los tres nietos) frente al avance de las tropas franquistas en Cataluña.

Fueron internados probablemente en el campo de Argelès-sur-Mer donde la familia se dispersó antes de un periplo por Francia que los terminaría reuniendo en Oradour, donde su hijo, Joan Téllez, formó parte de un Grupo de Trabajadores Extranjeros (GTE) del gobierno francés de Vichy, que colaboraba con el invasor.

Todos perecieron en la masacre de 1944.

- "Un reguero de sangre y destrucción" -

"Un día leí en la prensa que entre las víctimas había dos niñas que eran de Sabadell y no era una historia que sonara mucho", explica Ferrer Revull a la AFP.

"Y me dije ¿cómo es posible que hubiera dos niñas que murieron de esta manera en Oradour y no tuviéramos ni puñetera idea?”, se pregunta este historiador con voluntad de "servicio público".

Tras ese impulso inicial, y la idea “insoportable” de que ni siquiera existiera un registro con los nombres y apellidos correctos, empezó un lento y meticuloso trabajo de identificación.

"A veces me preguntan '¿Por qué has hecho todo esto?' Y yo les digo 'Para dormir mejor'", asegura.

Una historia que ha reunido en un libro llamado "Recuerda – Españoles en la masacre de Oradour-Sur-Glane" donde reconstruye la vida de esas familias pensando también en sus descendientes, muchos de los cuales son ahora "amigos íntimos".

Igual que tantos exiliados españoles, muchos de los murieron en Oradour vivieron largos periplos en la Francia en guerra, primero en campos de refugiados y luego explotados como mano de obra por los servicios de trabajo obligatorio del régimen filonazi de Vichy.

Con el inicio del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, varias unidades militares alemanas empezaron a desplazarse hacia el norte, entre ellas la 2ª División Blindada Das Reich, en una operación de terror en la retaguardia que dejará a su paso "un reguero de sangre y destrucción", apunta Ferrer Revull en su libro.

A su llegada a Oradour-Sur-Glane, el 10 de junio, los soldados reunieron a unos 200 hombres, les fusilaron y rocíaron sus cuerpos con combustible. Las mujeres y los niños fueron encerrados en la iglesia del pueblo, donde murieron asfixiados o por disparos. Luego quemaron el templo, con los cuerpos dentro, vivos o muertos.

El historiador aspira ahora a que su trabajo sirva para que las víctimas sean reconocidas también en España, un país donde la memoria histórica reciente sigue siendo motivo de enfrentamientos políticos.

"Ahora espero incordiar a algún ayuntamiento, a ver si se dan por aludidos" y reconocen oficialmente a las víctimas, dice con una sonrisa y algo de escepticismo.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.