La nueva ruta de la seda (7)

Luchar contra la sinofobia en África

Chinos y locales colaboran, no  sin conflictos, en la construcción del estadio nacional de Mozambique.
Chinos y locales colaboran, no sin conflictos, en la construcción del estadio nacional de Mozambique. ©Heriberto Araújo/Juan Pablo Cardenal
13 min

En África circulan muchas leyendas sobre los chinos que trabajan en este continente. Muchas veces considerados como ex presos o magos que influyen sobre las condiciones meteorológicas, estos trabajadores tienen dificultades para integrarse. Su falta de conocimiento de las lenguas locales, y su gran capacidad de organización y de trabajo no ayudan.

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Por Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo
Desde Maputo y Luanda

Trabajan de sol a sol, con sueldos que apenas se acercan al salario mínimo de los países desarrollados. Hacen frente a diario a la xenofobia y, en ocasiones, a la violencia y el más puro racismo. Son los trabajadores chinos que viajan a África en busca de un futuro mejor.

Audio del séptimo capítulo de La ruta de la seda.

Si no hay una labor que hacer, no se les ve en el centro de las ciudades, paseando con sus esposas o leyendo en los cafés. Serán seguramente mayoría entre los 750.000 chinos que, según cifras oficiales, residen actualmente en el continente negro. Pero no se les percibe, y ello no contribuye a la integración en sociedades llenas de prejuicios.

Circula por África –y por buena parte de los países que hemos recorrido- un conjunto de leyendas urbanas sobre los chinos. Hay quien piensa que, antes de morir, ceden sus pasaportes para permitir la llegada de otro chino (aprovechando la dificultad que los no asiáticos tenemos para distinguir las diferencias en la fisonomía del chino); otros creen que son capaces de controlar las condiciones meteorológicas, incluso fuera de sus fronteras, gracias a poderes extraordinarios.

Uno de los dormitorios donde habitan los trabajadores chinos en Angola.
Uno de los dormitorios donde habitan los trabajadores chinos en Angola. ©Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal

Más preocupante es el rumor -al que ha contribuido, sin aportar una sola prueba- el comentarista indio Brahma Chellaney, asegurando que China ha abierto sus cárceles y utiliza en sus obras de infraestructuras en el exterior a ex presidiarios. ¿Cuáles son sus fuentes? En nuestro periplo por ocho países de África, escucharemos esta leyenda en varias ocasiones, sin poder obtener un mínimo de veracidad al respecto.

El pueblo chino, por su concepto de disciplina y de organización (social, laboral, familiar) piramidal, es admirablemente trabajador. Eso no significa que su productividad sea por el contrario muy elevada, pero sí que su fuerza de voluntad les hace capaces de levantar edificios a 40 grados. Quizá esa capacidad de trabajo, unida a su poca integración y desgana por aprender las lenguas locales, haya contribuido a la construcción de los mitos chinos en África.

Para saber más:
El artículo más reciente del indio Brahma Chellaney sobre el supuesto uso de ex convictos chinos en los proyectos de construcción allendes. Puro rumor, no información, según nuestra experiencia.

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