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Grandes Reportajes de RFI

Colombia: La solidaridad en la lucha contra el hambre en tiempos de pandemia

Audio 14:12
El Café Cliché, en Medellín, dona sándwiches y postres para luchar contra el hambre durante la epidemia de coronavirus.
El Café Cliché, en Medellín, dona sándwiches y postres para luchar contra el hambre durante la epidemia de coronavirus. © Facebook/Café Cliché
Por: Najet Benrabaa
21 min

En Colombia, las consecuencias del confinamiento son devastadoras. Alcaldías, instituciones, organizaciones humanitarias, asociaciones se movilizan para ayudar a los más pobres. En este país andino, donde casi la mitad del trabajo es informal, cada día de encierro cuesta mucho. Debido a la pandemia surgió una nueva señal: un trapo rojo es colgado en las puertas para señalar el hambre. En el barrio San Javier de Medellín, la solidaridad se organiza con emprendedores franceses y organizaciones locales.

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Un reportaje de Najet Benrabaa, corresponsal en Medellín.

Normalmente, el barrio de San Javier, en Medellín, acoge a cientos de turistas cada día que llegan para realizar el Grafitti tour, un circuito de murales que han convertido esta zona acostumbrada a la violencia en un sitio turístico.

Pero hace dos meses que está vacío. Todos los locales comerciales están cerrados y algunos habitantes se resignan a poner un trapo rojo en sus puertas para pedir ayuda y comida...

Es el caso de Lina Marcela Durán Machado, de 38 años, madre de tres hijos: “El trapo rojo es un símbolo de desesperación y mucha frustración. Y nos sirve para que las demás personas vean y entiendan las necesidades de nuestros hogares. Ya que sólo él que lo vive sabe qué es el hambre. Y que el hambre duele mucho. Porque desafortunadamente, cuando le duele el hambre, usted empieza a tener sentimientos muy diferentes a los que ha tenido durante toda su vida. Realmente las personas que viven esa situación de manera común no alcanzan a imaginar ni a entender el problema, de dónde viene”.

Antes de la pandemia, Lina Marcela trabajaba como contratista. Ganaba el salario mínimo, alrededor de 230 euros al mes. Desde el confinamiento obligatorio, no tiene ingresos: “Luego llega tu familia y te dice ‘Ma, se acabó el papel, el jabón, la comida, el Colgate’, y así, tú empiezas a pensar ‘¿Qué voy a hacer?’. Mi familia con tanta necesidad. Uno que puede salir a la calle, uno se rebusca. Pero uno no puede salir a la calle, entonces es una situación que se le pone muy difícil a uno. Y es donde la angustia, la desesperación, la rabia y la impotencia juegan y hacen que uno quizás pueda empezarse a morir por dentro. Uno empieza a encontrar salidas y avanza en las dificultades. Porque si el gobierno da algún beneficio, realmente no da para todos los gastos de la casa”.

El Café Cliché, un modelo de solidaridad

Hoy, Lina Marcela y su familia sobreviven gracias a la solidaridad. La Asociación de Mujeres Independientes, AMI, presente en el corazón del barrio San Javier, realiza distribución de donaciones de comida con un restaurante francés.

Este martes es día de entrega en el local de la organización. Adrien Albouys y Sylvain Lefebvre, dirigentes del Café Cliché, llegan con tres cajas que contienen sándwiches y postres para 60 personas. La entrega se realiza semanalmente.

“Realmente, nos damos cuenta que somos afortunados... Podemos volver a casa, tenemos un techo, no somos 15 [personas] en la misma casa. Allá, en la comuna, se ve la pobreza en vivo. Pero la gente siempre sonríe. Y son realmente felices de vernos porque les gusta lo que traemos. Es una comida distinta. En Francia, hay mucha ayuda social. Así que apoyamos a la gente diferentemente. Ofreciendo comida dos veces a la semana, ayudamos cada vez a entre 60 y 100 personas. No es mucho porque en esas comunas hay entre 4.000 y 10.000 habitantes. Es un grano de arena, pero lo hacemos con todo el cariño con mi socio Adrien”, explica Sylvain Lefebvre, codirector del Café Cliché.

Su socio Adrien Albouys precisa que estos gestos de solidaridad representan un apoyo de los clientes del Café Cliché al restaurante y a los habitantes de San Javier: “Pusimos en venta bonos a nuestros clientes en las redes sociales. Y nuestra clientela fue muy receptiva. Nos hacen una transferencia bancaria de la suma que quieren. Y al momento de apertura del restaurante, cuando tengamos de nuevo el derecho a recibir gente, podrán disfrutar de estos bonos. También, con mi socio, tuvimos la idea de ofrecer 20% de esos bonos a las organizaciones que apoyan a la gente vulnerable. Porque, a pesar de estar en dificultades, no podemos quejarnos. Hay gente que, literalmente, muere de hambre. Y queríamos hacer algo para ayudarlos”.

Ambos franceses son atendidos por María Socorro Mosquera Londoño, la directora de la asociación AMI. Esta afrocolombiana de 60 años recibe con una gran sonrisa los sándwiches del día. Cuenta que “hay mucho miedo, hay mucho temor. No solamente es por lo del virus, sino el chisme, el señalamiento, el hambre que se está viviendo ahora, tan dura, porque decir que no hay hambre sería mentir, que no haya comida, sí hay, pero no la cantidad que se requiere para tener un derecho a la alimentación. En la comuna hay un 50/50, hay gente con una posición, con su comodidad, y el otro 50% está en la pobreza absoluta. El 90% de las personas de acá son personas que trabajan el día al día, y ahora la gente está que no puede salir, y tiene mucho miedo de salir afuera”.

Lina Marcela recibe esta comida con alegría, así como Adriana Socorro Jiménez: a los 55 años, esta ama de casa vive con sus dos niños, uno de los cuales es discapacitado, pero también con su hijastra y su nieto de nueve meses. Cuenta que es una gran ayuda “para todas las mujeres cabeza de hogar como yo”. A veces, la llaman para algún trabajo, y gracias a las donaciones de AMI, la familia puede subsistir. “De corazón les agradezco la ayuda”, dice.

Protestas por el hambre

En el barrio San Javier, sólo en el sector de Independencia, 7.000 familias necesitan ayuda. Además de estas iniciativas privadas, que se multiplican, la Alcaldía de Medellín también organiza distribución de donaciones desde el inicio del confinamiento.

Esteban Restrepo, secretario de Gobierno, explica que “a través de la plataforma ‘Medellín me cuida’, hemos entregado más de 650.000 ayudas a las personas más vulnerables de la ciudad. Hemos entregado cerca de 310 transacciones y hemos entregado alrededor de 350.000 mercados entre el plan de alimentación escolar o al comienzo 100.000 mercados que recolectamos en la donación por Medellín”.

Pero no todo el mundo tiene acceso a esta ayuda. El hambre ha provocado disturbios y saqueos en varias ciudades colombianas. En Medellín, se produjeron varias manifestaciones.

En el barrio del dirigente social Jonier Quiceno, los habitantes quemaron neumáticos e hicieron cacerolazos: “Las personas que habitan en el barrio El Concejo, en el corregimiento de Altavista, una gran mayoría trabaja de la informalidad, trabaja en construcción, y debido a la pandemia del Covid se han visto impedidas de conseguir así dinero para subsistir. El barrio es un barrio estrato 1 y estrato 2, la gente salió a protestar ese día porque muchas familias estaban aguantando hambre, porque no sentían la presencia de la institucionalidad, porque era la forma de reclamarle al Estado, al gobierno, a la alcaldía, a la gobernación, que ellos necesitaban y que no aguantaban más días en la casa sin tener que comer”, cuenta Jonier.

En Colombia, se estima que casi el 46% del trabajo es informal. Según el DANE, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, una persona pobre recibe menos de 65 euros al mes.

 

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