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México

Controversia sobre las muertes por COVID-19 en México

Miembros de la familia rodean el ataúd de una mujer de 52 años que murió de la COVID-19, en el cementerio de San Rafael en la Ciudad de México, el 3 de junio de 2020.
Miembros de la familia rodean el ataúd de una mujer de 52 años que murió de la COVID-19, en el cementerio de San Rafael en la Ciudad de México, el 3 de junio de 2020. REUTERS - Carlos Jasso
Texto por: Marta Durán de Huerta (México)
5 min

En la tarde del 4 de junio, el subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud Hugo López- Gatell anunció en conferencia de prensa que hasta el momento hay 12.545 muertos por COVID-19 en México. El registro de defunciones desde hace meses es motivo de controversia.

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En México, los cálculos sobre las muertes por COVID-19 se hacen a partir de modelos matemáticos. Hay discrepancias entre algunos expertos y las autoridades sanitarias. Lo único en que todos coinciden es que actualmente en el país hay más portadores activos que nunca antes.

Los aspectos a tomar en cuenta son: dinámica de casos positivos, defunciones diarias (¿están aumentando o disminuyendo por municipio?), y la dinámica de casos recuperados "netos" (¿se está recuperando más gente de la que se enferma?).

Cada estado de la República tiene una unidad de epidemiología a la que todos los municipios envían sus reportes; dicha información se hace llegar a la federación para procesarla y tener un panorama nacional.

El papeleo es largo y por eso el número de decesos llega con algunos días de retraso a la Ciudad de México. El problema, para el registro de casos de COVID-19, es que hay regiones enteras sin médicos o clínicas, por lo que se intuye que la cifra negra de muertes y contagios es grande.

Tres veces mayor

El 8 de mayo, el periódico The New York Times publicó un artículo firmado por Azam Ahmed en el que sostiene que la cifra de muertos por coronavirus en México podría ser tres veces mayor que las cifras oficiales. Las autoridades mexicanas reaccionaron de inmediato.

El vocero de la presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, afirmó ese mismo día vía Twitter que “el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador no oculta cifras ni información sobre contagios o fallecimientos por coronavirus. Las cifras de casos que presentamos todos los días son producto del trabajo de decenas de científicos y nuestra política es de datos abiertos y transparencia total”. 

Por su parte, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, subrayó que un comité científico es quien determina quién murió a causa de la COVID-19 y que hay pruebas científicas que lo demuestran.

El subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, reconoció un subregistro pero negó la intención de ocultar información y agregó que las cifras que se han dado a conocer de manera oficial son producto del trabajo de decenas de científicos.

La nota de Azam Ahmed estaba sustentada en declaraciones anónimas por lo que fue descalificada por varios periodistas, sin embargo, el debate creció.  

En la conferencia de prensa del 4 de junio, López -Gatell dijo que según las proyecciones, habrá en México entre 30 y 35.000 muertes por COVID-19.

El subregistro

El subregistro de muertes y contagios durante una pandemia es comprensible, sobre todo en un país pobre, mal comunicado, donde las instituciones de salud están rebasadas y la población más desprotegida no tiene acceso a los servicios básicos ni a la información sobre la pandemia y cómo cuidarse.

Hay quien muere en su casa y nadie se entera. Para tener datos más certeros, la Organización Mundial de la Salud le pidió a México, a mediados de marzo, que aplicara más pruebas clínicas para detectar el virus y seguir la cadena de contagios. “No podemos detener esta pandemia si no sabemos quién está infectado. Tenemos un sencillo mensaje para todos los países: pruebas, pruebas, pruebas”, declaró el presidente de la OMS Tedros Adhanom.

A mediados de mayo, los expertos de la OMS declararon a la revista Proceso que es muy necesario multiplicar las pruebas pues a decir de la epidemióloga Margaret Harris, “sirven como ojos en el virus; ven hacia dónde va, dónde está. (…) No puedes ganarle la batalla si vas a dar la pelea a ciegas”.

México es el miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con el menor número de pruebas clínicas: 0.4 personas de cada 1.000 personas, mientras que el promedio de los otros Estados miembros es de 23 pruebas por cada 1.000 personas.  

Hay un debate abierto sobre la conveniencia de aplicar pruebas clínicas de manera masiva o no. Las pruebas rápidas tienen una certeza en el diagnóstico de 30 a 50%. La llamada PCR es más confiable pero muy cara. Las pruebas más baratas y menos confiables cuestan 2.000 pesos (90 dólares) y las mejores, 20.000 pesos (909 dólares).

Para complicar aún más el panorama, amplios sectores de la población no guardan la sana distancia ni las medidas de seguridad. Hacen su vida como si el virus no existiera y algunos de plano piensan que el coronavirus es un mito. Después de las festividades del Viernes Santo y del Día de las Madres, el número de enfermos se disparó de manera exponencial.

El lunes 1 de junio, terminó la Jornada Nacional de Sana Distancia; el confinamiento empezó el 23 de marzo y desde hace tres días comenzó un regreso escalonado a las actividades productivas del país, aunque las “esenciales” no fueron suspendidas. El semáforo epidemiológico sigue en rojo en 31 de 32 estados de la República y la gente está bajando la guardia, lo que significa un rebrote de contagios.

COVID con dengue

El subsecretario Hugo López-Gatell anunció en la conferencia del 4 de junio que además de la COVID, hay que combatir una epidemia de dengue, una enfermedad transmitida por la picadura de mosquitos. Así que además de lavarse las manos, mantener la sana distancia, quedarse en casa, hay que secar todos los charcos y recipientes que se puedan convertirse en criaderos de mosquitos.

 

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