ESTADOS UNIDOS

En Nueva York, la batalla contra el racismo es sobre ruedas

'Justice Ride' en Nueva York.
'Justice Ride' en Nueva York. © Jacob Dietrich/@jakedietrich

Como consecuencia directa de la pandemia, muchos neoyorquinos comenzaron a movilizarse por las calles en bicicleta. Cuando la ebullición racial llegó a su punto álgido por los asesinatos de George Floyd, Breonna Taylor, Ahmaud Arbery y Rayshard Brooks, la gente llegaba a las protestas pedaleando. ¿Qué sucede cuando la bicicleta se convierte en sí misma en una herramienta política?

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Por Silvina Sterin Pensel, @SilSterinPensel

Con la vista fija hacia adelante y ambas manos en el manubrio, él avanza, implacable.  A sus costados no hay nadie. Su única compañía es una gigantesca bandera negra que flamea al ritmo del viento y que lleva inscripta tres palabras en enormes letras blancas: BLACK LIVES MATTER.

Pero este hombre que se desliza a bordo de su scooter eléctrico por las calles de Nueva York no está solo; unos metros más atrás, 15.000 ciclistas con sus cascos y la mascarilla de rigor impuesta por el coronavirus, pedalean incansables siguiendo su estela.  El líder de esta impresionante cuadrilla sobre ruedas es Peter Kerre, 40 años,  cofundador de los “Street Riders NYC”, una agrupación que utiliza la bicicleta como herramienta política y que surgió como un desprendimiento natural de las protestas raciales motivadas por el asesinato de George Floyd.

Un movimiento sobre ruedas

Mezclado entre la multitud de rayos, ruedas y cadenas y montado en su propia bicicleta, megáfono colgado al cuello, va Orlando Hamilton, el otro fundador de estas protestas móviles que realizan semanalmente y que si bien son incipientes –la primera fue a principios de junio y han realizado diez– se han ganado ya y en buena ley el mote de movimiento. 

A cada nueva convocatoria acuden cientos de personas más que a la anterior y junto a sus rodados recorren aproximadamente 30 kilómetros; surcando las principales arterias de la ciudad y atravesando puentes emblemáticos como el Brooklyn Bridge y otros que conectan Manhattan, Brooklyn, Queens, El Bronx y Staten Island, los cinco condados neoyorquinos.

Semejante masa desplazándose a la vera del río Hudson con el sol poniente como telón de fondo o un lugar icónico como Times Square colmado de bicicletas genera imágenes dignas de una postal, pero Kerre y Hamilton son tajantes y se separan del romanticismo visual de sus recorridas: “Esto no es un paseo. Esto no es ejercicio para sacudirte esos kilos de más que te dejó la cuarentena. Esto es protesta. Queremos un cambio; queremos terminar con el racismo sistémico y vamos a pedalear hasta lograrlo”.

Ambos organizadores eran una presencia cotidiana en las marchas que estallaron por todo Nueva York inmediatamente después de que Derek Chauvin apretó su rodilla contra el cuello de Floyd hasta asfixiarlo, asistido por otros tres ex policías en Minnesota.  Como la mayoría de quienes participan ahora de sus protestas, ellos iban solos; cada cual por su lado. Kerre con su scooter y Hamilton con su bicicleta. 

“Eramos completos extraños”, dice Kerre. “Nos empezamos a cruzar tantas veces que ya nos reconocíamos y nos saludábamos. Un buen día dijimos. “Nos vemos todo el tiempo, ¿Por qué no vamos juntos?”.  Además de ser ambos afroamericanos, –Kerre hijo de keniatas– y vivir los dos en Brooklyn, fueron encontrando semejanzas más profundas. 

“Los policías van a cazar negros”

Comparten un pasado similar cargado de historias fuertes que los marcaron indeleblemente y que cimentaron su visión de la policía como un enemigo.

Cuando Hamilton era veinteañero y vivía en California, un amigo suyo fue asesinado en 2012 por la policía de San Diego. Elwood White era joven y el policía que lo mató jamás enfrentó cargos en la justicia. “Siguió empleado por el SDPD” agrega Hamilton. “El terminó con una vida pero en la suya nada cambió”.

Para Kerre, se trata de una cruzada personal.  El asesinato de George Floyd lo conmovió especialmente porque él se crió y pasó la mayor parte de su vida en Minneapolis: “Yo fui  víctima de acoso y de brutalidad policial en Minneapolis; conozco perfectamente las prácticas racistas de la policía local. Hay áreas enteras, cuadras y cuadras que son verdaderos terrenos de cacería. Los policías van literalmente a cazar negros ”.

Cuando pasó lo que pasó con George Floyd, el primer impulso de Kerre fue ir a sumarse a quienes clamaban localmente por justicia: “Conozco a todos los líderes del movimiento Black Lives Matter allí; a muchos activistas pero mi familia aún vive en Minneapolis y Nueva York en mayo era el epicentro de la pandemia de Covid-19. No quise exponer a mis familiares. Pensé, quizás soy asintomático y si voy puedo contagiarlos”.

Se quedó en Nueva York con una promesa: marchar cada día, dar el presente en cada protesta: “Cuando formamos ‘Street Riders NYC’, Orlando y yo ya habíamos participado juntos de infinidad de protestas y marchas”.

'Justice Ride'
'Justice Ride' © Callum Cooper Nissen/@straysimian

De allí sacaron varias lecciones; la más importante, que tanto su scooter como su bicicleta eran mucho más que una forma de evitar el subway, el metro neoyorquino al que muchos consideraban un foco infeccioso en el pico de la pandemia. “Nos dimos cuenta que además podíamos ofrecer protección a los manifestantes de a pie. Con mi scooter que alcanza alta velocidad y que tiene unas luces hiper potentes, yo me adelantaba a los manifestantes y orientaba las luces al tráfico para alertar a los conductores de la presencia de la marcha.  Me servía para re direccionar el tráfico y alejar los vehículos de los manifestantes. Las bicicletas, sobre todo cuando son tantas, forman una especie de muralla, de escudo frente a la policía y los automóviles”.

“Justice Rides”

A medida que pasaban los días, veían que más gente en bicicleta se sumaba a las marchas y los entrenaban en este rol; una especie de ángeles guardianes de los manifestantes de a pie. Eventualmente, las ruedas se volvieron las protagonistas absolutas de las protestas. Surgió entonces la idea de las “Justice Rides” estos “Recorridos por la Justicia” en los que ponen cuerpo y corazón los “Street Riders NYC”.

Las protestas se anuncian en la cuenta de Instagram de los Street Riders con las iniciales JR –Justice Ride- y números romanos.  Kerre y Hamilton planifican la ruta a seguir con anticipación pero para no alertar a la policía, solamente la divulgan una vez que los ciclistas llegan al punto de encuentro establecido para cada protesta.  “Elegimos puntos de partida que puedan albergar a esta cantidad enorme de ciclistas” explican, “generalmente plazas o parques y también monumentos con un significado especial”. La más reciente de las protestas, la JR X arrancó en medio del Central Park en una estatua que conmemora a Daniel Webster, una oscura figura que en el siglo XIX tuvo un rol prominente en perseguir y capturar a esclavos fugitivos.

Se trata de eventos donde se incentiva la no violencia y en los que participa gente de todas las edades.  “Cada una de nuestras protestas móviles es una experiencia mágica, inigualable”, narra Peter Kerre. “Nunca se me va a borrar la imagen de esta chiquita, de unos siete años que pedaleó toda la ruta de la marcha de Queens. Desde Rego Park hasta Gracie Mansion, la residencia de Bill De Blasio, el Jefe de Gobierno de Nueva York.  Pedaleó sin parar en su pequeña bicicleta. Fue maravilloso. Tenemos a gente que va con sus mascotas en la mochila. Otros llevan carteles con diferentes consignas colgados de la espalda”.

'Justice Ride'
'Justice Ride' © Hilary Benas/@hilbeans

Pero este ambiente familiar y pacífico no atenúa el enojo y la indignación que sienten los participantes de “Street Riders”: “Estamos hartos de que nos aniquilen. ¿Cuántos más videos podemos ver? ¿Cuántas matanzas más? Nuestras vidas valen”.

Reforma policial

Detrás de las leyendas y los cantos que suenan fuerte en las protestas, se encuentran los objetivos y demandas que son los pilares de los “Street Riders NYC”: La reforma policial es quizás el más importante: “Queremos que se retiren ciertas responsabilidades de la órbita policial porque han probado reiteradas veces que son incapaces de conducirse con sensatez y sin violencia”.

Los Street Riders y otros colectivos de New York City están pidiendo al Concejo Municipal que el NYPD ya no intervenga en situaciones relacionadas con la salud mental, el abuso de sustancias o alcohol. “En su estado actual la policía ha dejado bien en claro que no puede lidiar con estas situaciones. Cada vez que reciben una llamada al 911 por una de estas causas alguien termina muerto. Una muerte violenta e innecesaria. ¿Por qué? ¿Cómo se explica? No tienen intenciones de resolver una situación; nos quieren matar y rematar.  Si una persona negra pone su mano en el bolsillo termina agujereado de balas”.

“La policía”, agrega Kerre, “es una organización racista que prioriza matar a negros y latinos”. Por estos motivos, no consideran al NYPD como un interlocutor válido y rechazan la propuesta del gobernador Andrew Cuomo de sentarse a la mesa con representantes de la policía, el sindicato, activistas y políticos con la meta de recomponer las relaciones con la comunidad y presentar un plan en abril del año entrante. “No vamos a entablar ninguna conversación con ellos hasta que no se retiren fondos del Departamento de Policía y se efectúen reformas profundas como sacarles todo equipamiento militar o echar de la fuerza a aquellos agentes con un historial de violencia.  Eso debe suceder primero y después conversamos”.

En los “rides” el ambiente es familiar, amigable e incentiva a participar a mucha gente novata en las protestas.  “Creo que vienen porque se sienten bienvenidos y seguros. Tenemos cada vez más voluntarios apostados en las intersecciones que dan indicaciones y despejan dudas”. Entre los Street Riders, también pedalean abogados y médicos capacitados para brindar asistencia en caso de arrestos, pago de fianzas o si algún ciclista sufre una descompensación en el camino.

Apoyo de Citibike

En estos tiempos de pandemia, las bicicletas se han vuelto un objeto difícil de conseguir. Las fábricas en China han paralizado la producción y muchos ciclistas que no son dueños de sus propias bicicletas participan de las protestas con las bicicletas Citibike que se alquilan por un tiempo determinado en distintos puntos de la ciudad. Las imágenes de las bicicletas azules con el logo del Banco empezaron a poblar las redes sociales y la empresa posteó en Twitter una foto y la frase “Citibike apoya a Black Lives Matter”.

La semana siguiente a ese posteo Kerre y Hamilton sugirieron en otro posteo que la empresa mostrara ese apoyo permitiendo a los usuarios usar la misma bicicleta durante toda la duración de la marcha –que a veces se prolonga por más de tres horas- sin cobrarles un recargo adicional.

“Hubo un silencio absoluto”, cuenta Peter Kerre, “No nos contestaban nada.”  La presión aumentó cuando diferentes personas en Twitter, Instagram y Facebook, le plantearon a Citibike el mismo interrogante. Finalmente, el apoyo llegó y los ciclistas pudieron usar las bicicletas Citibike sin cargo usando el código “solidaridad”.  Además aceptaron que una misma bicicleta sea usada por varias horas.

Para la gente blanca –la mayoría de los ciclistas son caucásicos– la experiencia sobre ruedas suele ser transformadora. Se trata, en muchos casos, de personas que nunca vieron tan de cerca las disparidades sociales de la ciudad hasta que se suman a las protestas y pedalean por barrios que están en las antípodas.  Van de uno residencial con el pavimento súper liso y sendas para bicicletas bien señalizadas a un barrio más marginado, humilde donde el terreno es irregular, abundan los baches y las calles son angostas y repletas de basura.

“La mayoría nunca estuvo en esas zonas quizás por temor, por no animarse a romper con un estereotipo y rara vez dejan su zona de confort. Nosotros los llevamos y ellos ven con sus propios ojos la inequidad. Nadie se los cuenta”.

Código color

Para intensificar la unidad en las protestas, cada “Justice Ride” tiene asignado un color y se les pide a los ciclistas que vistan al tono.  En una de las más concurridas los ciclistas iban de amarillo. Es la Justice Ride que partió de Cadman Plaza, el lugar en Brooklyn donde se celebró uno de los funerales en honor a George Floyd. Vistos desde arriba se asemejaban a un sol naciente.  

“El amarillo fue un llamado a levantarse. Vimos lo que estaba pasando en Portland con la irrupción de fuerzas federales enviadas por la Administración de Trump para acallar a los manifestantes y en contra de la voluntad de las autoridades del Estado de Oregon y decidimos convocar a los manifestantes a que vistan de amarillo. El amarillo es el despertar, el levantamiento”.

Cuando la ruta demarcada llevó a los ciclistas a Queens, vestían de azul.  “Para nosotros ese color simboliza el mundo y en esta causa, el enojo y la indignación están teniendo un alcance global; no es solo aquí en Estados Unidos. El azul es universal como el cielo o el océano; incluso la bandera de las Naciones Unidas es azul. Lo propusimos para Queens porque Queens es la zona mas diversa de todo el país. En Queens encuentras gente de todas las razas, de todas partes”.

Las protestas son la más clara evidencia de que es posible derrotar al racismo y pensar en una sociedad desde una narrativa diferente.  Amplificando la voz con su megáfono, Kerre y Hamilton se dirigen a los ciclistas al final de cada protesta: “Si podemos estar todos unidos aquí, pedalear juntos durante horas, cantar los mismos cantos, defender los mismos reclamos, vestir el mismo color, ¿Por qué no podemos mantenerlo en nuestra vida diaria, cuando dejamos la protesta y vamos a nuestras casas? Les pedimos que se planteen lo siguiente: si están aquí luchando por las personas negras, ¿pueden prometer que van a luchar por las personas negras de igual modo cuando ya no estén montados en sus bicicletas? ¿Cuando no cuelguen de sus espaldas los carteles de Black Lives Matter?”. “Ese es el gran desafío”, dijo Kerre al cerrar la entrevista, “y nosotros creemos que somos capaces de lograrlo.”

“Street Riders NYC”

Instagram: streetridersnyc
Co-Fundadores: @DJxpect / @ChefOrlando

 

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