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CHILE Plebiscito

Una jornada antes de abrirse las urnas en Renca, la comuna de Santiago más golpeada por la pandemia

Las mujeres de Renca, Santiago, que integran "Vecinas ayudan vecinos" empacan el pan para repartirlo puerta a puerta a 70 famlias y personas de la tercera edad pobres y especialmente vulnerables a la pandemia
Las mujeres de Renca, Santiago, que integran "Vecinas ayudan vecinos" empacan el pan para repartirlo puerta a puerta a 70 famlias y personas de la tercera edad pobres y especialmente vulnerables a la pandemia © Angélica Pérez
Texto por: Angélica Pérez
11 min

“Vecinas ayudan a Vecinos” es una de las tantas estrategias de sobrevivencia de los habitantes de la comuna de Renca, una de as más vulnerables de Santiago, para sobrevivir en el último año a los rigores derivados de la crisis social y política y a la pandemia. En realidad, llevan mas de treinta años sobreviviendo.

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Un reportaje de nuestra enviada especial a Chile, Angélica Pérez

►► Para escuchar el reportaje haga "click" en la foto►►

Ollas comunes, cabildos ciudadanos, escuelas constituyentes, formación de líderes vecinales e, incluso, un plebiscito constituyente. La población de Renca, de la mano con el alcalde, se ha organizado para sobrevivir a los rigores de la cuarentena y de cara al proceso político que vive Chile. RFI estuvo con ellos a pocas horas del plebiscito Constituyente del 25 de octubre.

Alicia Gómez, tiene setenta años y puede dar "cátedra" en experiencia de organización barrial. “Vecinas ayudan a vecinos” es la última de sus  estrategias para enfrentar la golpiza que han propinado a los habitantes de Renca la pandemia y la cuarentena. Ella y un grupo de mujeres del vecindario se rebuscan alimentos y otros víveres para repartir puerta a puerta a los más ancianos del barrio.

“Empezamos con nuestros dineros y nuestras cosas haciéndonos cargo de un familia que la gente empezó a discriminar cuando supo que tenía COVID. La insultaban cuando salíaa la calle, entonces cada una de nosotras se encargaba de comprarle el pan todos los días,  otra le buscaba las verduras, otra los pañales al bebé. Le conseguíamos cosas en la municipalidad. Así nos organizamos y ahora contamos con 70 familias a la que ayudamos, especialmente gente muy mayor, muchos de ellas ellos con hijos discapacitados. Ahora mismo estamos repartiendo mercados y pan”.  

Hoy en día, Alicia y sus vecinas reciben provisiones de varias Ong’s y de la municipalidad de esta cmuna de Santiago. El alcalde Claudio Castro, un independiente que abandonó la democracia cristiana por la izquierda, dice él, apoya la iniciativa así como tantas otras experiencias organizativas de base que han surgido durante esta última crisis. 

“Desde Renca conocemos muy bien las desigualdades que tiene nuestro país. La crisis desatada el 18 de octubre de 2019 dejó cinco muertos en nuestra comuna y una crisis social muy profunda. Luego vino esta pandemia que comenzó en los sectores con mayores recursos de la ciudad, pero que cobró su primera víctima mortal en Renca. Entonces, nosotros volcamos la acción de la municipalidad a la atención sanitaria y al apoyo social, llegamos a tener más de cien ollas comunes. Nuestro gestión comunitaria ha sido realzar el papel de las organizaciones de base” explica el alcalde.

 Renca carga las heridas de la dictadura

La cuarentena obligada por la pandemia rescató de la memoria de Renca prácticas del oscuro período de la dictadura cuyas cicatrices han quedado imborrables en su gente. Las vecinas recuerdan la forma como, tras el golpe militar de 1973, la población fue violentada por ser tildada de “comunista”.  

“Fuimos perseguidos, allanados, hubo mucha gente muerta, torturados que hasta hoy sufren las secuelas de la tortura. Gente que perdió su carrera, trabajadores a los que les desaparecieron sus papeles y nunca más pudieron trabajar” cuenta Alicia. Y afirma sin titubeos: “Para mi sí llegó la alegría en el momento en que  se terminó la dictadura. Yo me puse muy contenta porque se sufrió mucho en esta población, hubo mucha injusticia”.

Treinta años después, los 160 mil habitantes de Renca conservan las heridas que les dejó el régimen militar de facto y, además, padecen los rigores de tres décadas de desigualdades en democracia.

El último año se ha ensañado con ellos. Antes de la pandemia había ocurrido el estallido social del 18 de octubre. Y como sobrevievientes de todas las guerras, comunidad y  autoridades locales se organizaron para tomar las riendas y conducir la crisis política a buen puerto.

Renca se adelantó al plebiscito

El alcalde de Renca explica que su municipalidad, junto a otras del país, fueron las primeras en darle una salida institucional al descontento social manifiesto en las calles: “Además de las desigualdades, el estallido del 18 de octubre reveló una crisis de confianza de la gente hacia la institucionalidad. Y hubo un momento en el que ni Gobierno ni parlamento mostraron una salida institucional a la crisis. Fuimos las municipalidades las que impulsamos un acuerdo trasversal por un proceso Constituyente”.

De esta forma, en diciembre pasado los habitantes de Renca votaron masivamente en su plebiscito local.  “Mas del 97% de nuestros vecinos dijeron que querían una nueva Constitución que fuese escrita por una Asamblea Constituyente electa para hacerlo” cuenta con entusiasmo el alcalde Castro.

A partir de ese momento se desató en la comuna un torbellino de experiencias democráticas en torno a “esa demanda ciudadana por un cambio profundo en la distribucion del poder” que ni la pandemia ha podido parar: cabildos abiertos, escuelas constituyentes, formación de líderes entre las juventudes y los vecinos adultos.  

Alicia depositó su voto hace treinta años por el "No" a la Dictadura. Esta vez depositará su voto por el “Apruebo" la redacción de una nueva Constitución. Y en la segunda papeleta optará por  “Convención Constitucional” elegida en votación popular para redactar la nueva de carta de navegación del país.

A la pregunta de qué cambios debería tener la nueva carta Magna respecto a la Constitución de la dictadura, Alicia responde:  "que todo lo que se entregue no sea por buena onda, ni porque nos dan una  limosna.  Que sea por derecho. La educación tiene que ser un derecho, la salud tiene que ser un derecho. Debemos tener derecho a vivir en paz en un país que es nuestro, que tiene muchos bienes y que no se están distribuyendo como corresponde”.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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