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Análisis

Los desafíos de la política exterior que enfrentarán Biden y Harris

El candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden.
El candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden. REUTERS - KEVIN LAMARQUE
Texto por: Mariano Aguirre
8 min

Cuando los demócratas Joe Biden y Kamala Harris accedan a la Casa Blanca en 2021, enfrentarán graves problemas en las relaciones de Estados Unidos con el mundo tras cuatro año de Donald Trump en el poder.

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Esta columna fue publicada originalmente el 29 de septiembre.

En el caso que Joe Biden y Kamala Harris ganen las elecciones en noviembre próximo, tendrán que reconstruir interna e internacionalmente lo que Trump ha destruido en la política exterior de su país. Esto significará ocuparse de cuestiones altamente complejas.

Pero primero tendrán que rehacer la capacidad de gobernar. La Administración Trump ha debilitado las instituciones, incluyendo el parcial desmantelamiento del Departamento de Estado. Un informe del grupo Demócrata en el Senado indica que decenas de puestos diplomáticos altos y medios no han sido designados en los últimos tres años y medio. En abril de 2019 Estados Unidos no había nombrado embajadores en 53 países, entre ellos Brasil, Egipto, Qatar, Honduras, Panamá y Cuba.

Este desinterés se fundamenta, primero, en el repliegue de Estados Unidos como potencia dominante global debido al ascenso de otros países (China, en particular), a sus debilidades internas y a su crisis de legitimidad internacional. Segundo, la gestión caótica de Trump. Tercero, el interés de sus ideólogos por reorientar el Estado hacia un régimen autoritario presidencialista (con fuerte influencia de los evangélicos ultraconservadores). 

Las prioridades

En marzo pasado en Foreign Affairs Biden indicó que “cambio climático, proliferación nuclear, agresiones de grandes poderes, terrorismo internacional, ciber guerra, nuevas tecnologías que causan distorsiones, migraciones masivas… ninguno de estos problemas puede ser resuelto por Estados Unidos, o ninguna otra nación actuando sola”.  Una presidencia Demócrata supondría una difícil apuesta por el multilateralismo frente a cuatro años de nacionalismo autoritario. 

Biden y Harris tendrán que ocuparse de un amplio arco de situaciones. Entre ellas destacan:

1. Resituar a Estados Unidos en el sistema multilateral

La Administración Trump ha atacado el sistema multilateral, que Estados Unidos colaboró en edificar después de la Segunda Guerra Mundial, de forma sistemática. Retiró a su país del Acuerdo de París sobre cambio climático, y en medio de la pandemia del Covid-19 abandonó la Organización Mundial de la Salud (OMS), cortando la contribución económica a la misma.

Previamente, rechazó el Pacto Global sobre Migraciones de Naciones Unidas, anuló fondos para programas de salud sexual y reproductiva en países del Sur y canceló la participación en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

También suprimió los fondos de la ONU para la asistencia de refugiados palestinos y trasladó la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, violando numerosas resoluciones de Naciones Unidas. Igualmente, impuso sanciones a Fatou Bensouda, presidenta de la Corte Penal Internacional (CPI) como represalia por abrir una causa contras las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

Trump, además, ha presionado agresivamente a los aliados de la OTAN para que hagan contribuciones económicas más fuertes, dejando saber que podría retirar a Estados Unidos de la organización.

El programa de Biden se apoya fuertemente en promover un “pacto verde” entre el sector industrial y el laboral, y seguramente cancele la salida del Acuerdo de París.  Igualmente, anulará el retiro de la OMS y quizá Estados Unidos regrese a la UNESCO. 

(Del editor: Biden prometió en el tramo final de su campaña que el primer día de su gestión, Estados Unidos regresará al Acuerdo de París)

Un gobierno Demócrata reestablecerá las relaciones con la CPI aunque difícilmente ratificará el Tratado de Roma que la regula. Respecto de la OTAN, Biden seguirá la línea del presidente Barack Obama de “liderar en cooperación con otros”, tratando de mantener el liderazgo de Washington. 

2. Realineamientos en Oriente Medio

Las políticas de Trump han colaborado a profundizar la crisis de Oriente Medio, especialmente al reforzar las alianzas con Israel, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Egipto en contra de Irán. Así mismo, ha legitimado la ocupación por parte de Israel de los territorios sirios de Altos del Golán y los palestinos en Cisjordania.

Al haber anulado la participación de Estados Unidos en el acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní (2015), Trump facilita que Teherán desarrolle armas nucleares sin control de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Posiblemente Biden reasuma el acuerdo, pero trate de negociar que Irán restrinja su influencia política en la región a cambio de levantar las fuertes sanciones que le impuso la presente Administración. Esto será difícil de lograr debido a la inmensa desconfianza hacia Washington en el poder iraní.

Washington ha retirado la mayoría de sus efectivos que luchaban con el Estado Islámico (EI) en Siria y se ha desentendido en gran medida de Iraq. Entre tanto, Rusia ha determinado la guerra en Siria y está interviniendo en la guerra civil en Libia, donde Turquía y Francia apoyan a actores armados enfrentados, como explica el ex embajador Michel Duclos.   

Biden proseguirá la retirada de fuerzas estadounidenses de la región (incluyendo la salida de Afganistán), dará por perdida a Siria y dejará que Libia sea un problema entre Moscú, Ankara, París y Berlín. Es posible que ponga algunos reparos a las políticas de Arabia Saudí, especialmente en lo que respecta la cruenta guerra que libra en Yemen, pero no alterará el acuerdo de venta de armas a cambio de precios estables del crudo que estableció hace siete décadas Washington con la monarquía saudí. 

Continuará, además, apoyando a Israel, insistiendo en la fórmula de la solución de los dos Estados para la cuestión palestina.  Pero los cambios que han impulsado Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para la región son muy potentes: Israel ha empezado a establecer relaciones diplomáticas, económicas y de seguridad con las monarquías del golfo Pérsico y estas han abandonado a los palestinos. Las nuevas líneas de fractura se alejan del conflicto árabe israelí, dice la experta Robin Wright en The New Yorker, y se acercan a las tensiones entre árabes e Irán”. Y la proliferación de armas nucleares es un hecho en ciernes. 

3. Gestionar la competencia con China y los desafíos de Rusia

La tensión entre Estados Unidos y China ha crecido junto con el mayor espacio económico, comercial, tecnológico, diplomático y militar que ocupa este último país. Trump ha incrementado irresponsablemente esa tensión con el fin de satisfacer a su base social. Hong-Kong y Taiwán son dos cuestiones que podrían llevar a una peligrosa escalada.

Por su lado, Rusia ha ganado espacio geopolítico en Oriente Medio, parte de Ucrania y la península de Crimea. Moscú quiere preservar el mayor control posible sobre lo que era la ex URSS, afirma Pavel Baev del Peace Research Institute Oslo (PRIO). Si la crisis de Bielorrusia conduce a una intervención rusa, entonces Estados Unidos se encontraría en un serio aprieto.

Biden plantea tres líneas de acción para competir con China. Por un lado, fortalecer la capacidad tecnológica y productiva de Estados Unidos. Por otro, crear una alianza con países democráticos de alrededor del mundo para negociar frente al autoritarismo chino. Y, a la vez, buscar campos de cooperación con Pekín, por ejemplo, en la lucha contra el cambio climático.

Recobrar la confianza de China tomará tiempo y las disputas económicas, comerciales y tecnológicas serán muy fuertes. Un gobierno demócrata podría evitar el clima de hostilidad, pero difícilmente podrá construir esa alianza de países democráticos porque cada uno de ellos buscará la mejor forma de negociar con las diferentes potencias.

Los acuerdos de control de armas nucleares de medio alcance en Europa y de armas estratégicas intercontinentales se encuentran en una serie crisis debido al desinterés por ellos de la Administración Trump, y a las modernizaciones de los arsenales de Estados Unidos y Rusia. Uno de los mayores desafíos para Biden será volver a negociar sobre estas armas en un clima de alta desconfianza entre Washington y Moscú, alentado por los halcones nacionalistas de ambas partes.

4. Reconstruir la relación con América Latina y el Caribe

El presidente Trump ha centrado la relación con América Latina en frenar la migración de América Central y México, obtener mejores condiciones comerciales en las importaciones de bienes fabricados en México, y presionar al gobierno de Colombia para que incentive el combate contra la producción ilícita de drogas, especialmente utilizando la polémica fumigación de campos de cultivo.  Paralelamente, ha dado pasos atrás en los avances que había hecho la administración de Barack Obama en normalizar las relaciones con Cuba y ha presionado con sanciones al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

Según diversos asesores del candidato demócrata, su gobierno establecería con América Latina y el Caribe un diálogo basado en generar una relación “entre iguales”.  El primer paso sería anular las medidas que violan los derechos humanos de los inmigrantes en la frontera con México. A continuación, promover un programa de desarrollo para El Salvador, Honduras y Guatemala, empezar a dialogar con Cuba, retirar la amenaza de una intervención militar en Venezuela y colaborar con las iniciativas internacionales para encontrar una salida negociada para este último país.

Probablemente, las afinidades que ahora existen entre el presidente brasileño Jair Bolsonaro y Trump se alterarían, y habría una mayor preocupación desde Washington por promover el respeto a los derechos humanos en la región.  

Mariano Aguirre es associate fellow de Chatham House (Londres), fellow de la Red Latinoamericana de Seguridad Inclusiva y Sostenible de la Fundación Friedrich Ebert, y miembro del Consejo Asesor del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto (Bilbao) y de la Fundación Equitas (Santiago de Chile). Su último libro: Salto al vacío. Crisis y declive de Estados Unidos (Icaria, Barcelona, 2017).

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