América Latina y el Caribe

OIT: 'La pandemia ha exacerbado las vulnerabilidades laborales y sociales'

Una mujer sostiene un cartel con un mensaje : "COVID no mata, lo que mata es el hambre y el desempleo", durante una protesta de un grupo de comerciantes y zapateros contra los cierres parciales implementados por la alcaldía    de Bogotá como medida para frenar la propagación del nuevo coronavirus. Bogotá, Colombia, 18 de agosto de 2020.
Una mujer sostiene un cartel con un mensaje : "COVID no mata, lo que mata es el hambre y el desempleo", durante una protesta de un grupo de comerciantes y zapateros contra los cierres parciales implementados por la alcaldía de Bogotá como medida para frenar la propagación del nuevo coronavirus. Bogotá, Colombia, 18 de agosto de 2020. AP - Fernando Vergara

Un año después del surgimiento de la Covid-19, América latina y el Caribe aparece como una de las regiones más golpeadas del mundo por la pandemia. El número de muertos representa más del 25% de los fallecimientos a nivel mundial, y la pérdida de empleos se asemeja una hecatombe. Datos de la OIT evalúan esa sangría en 26 millones de puestos de trabajo suprimidos. Tomará años recuperar lo perdido dado que “la recuperación económica podría demorar más de lo previsto”.

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Roxana Maurizio, autora de “Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas”, publicado por la OIT recientemente aceptó responder a las preguntas de RFI.

RFILa OIT estima en 26 millones el número de trabajos perdidos en América Latina por causa de la pandemia. Eso se acompaña de un fuerte retroceso del crecimiento económico en la región por igual causa. ¿Qué consecuencias tiene esto en la estructura de esas sociedades?

RM. Las consecuencias de la pandemia sobre los mercados de trabajo, los ingresos y las condiciones de vida de la población en América Latina han sido muy profundas. La región ha sido la más golpeada en términos económicos y de horas de trabajo perdidas. La contracción en las horas trabajadas duplica la reducción observada a nivel mundial. Si bien los países de la región han desplegado un amplio conjunto de medidas para sostener el empleo y los ingresos, la caída del empleo y de las horas trabajadas ha implicado fuertes reducciones en los ingresos laborales. Estos impactos han sido fuertemente desiguales ya que han afectado más a los trabajadores informales, de bajos ingresos, a las mujeres, y a los ocupados de menor nivel educativo. A su vez, dado que los ingresos provenientes del mercado de trabajo explican alrededor del 80% de los ingresos totales familiares, su fuerte contracción ha implicado aumentos significativos en la tasa de pobreza e indigencia en la región. Por lo tanto, la pandemia ha exacerbado significativamente las vulnerabilidades laborales y sociales que presentaba previamente América Latina, caracterizada por una elevada informalidad laboral y por altos niveles de desigualdad. Ello no sólo tiene consecuencias de corto plazo, como las que mencioné, sino que pueden tener efectos de mediano y largo plazo. En particular, teniendo en cuenta que los hogares con niñas, niños y adolescentes son, en general, los que más han sufrido la pérdida de oportunidades labores y de ingresos.

RFITradicionalmente la región de ALyC tiene problema para recuperarse rápidamente de situaciones de crisis. ¿Hay alguna estimación de cuánto tiempo podría tomarle el recuperar los empleos perdidos?

RM. A un año de iniciada la pandemia por covid-19 el mundo y la región vuelven a estar inmersos en nuevas olas de contagio en un contexto que presenta fuertes dificultades para avanzar rápidamente en procesos de vacunación masivos de la población. A su vez, ello imprime mayor incertidumbre al proceso de recuperación. Las nuevas medidas de confinamiento, el cierre de fronteras y las restricciones a ciertas actividades económicas no sólo pueden desacelerar y complejizar el sendero de recuperación económica y del empleo, sino que pueden amplificar aún más las brechas laborales y sociales que ha venido experimentando América Latina y el Caribe. En un escenario tan complejo, es muy probable que la recuperación demore más de lo previsto, y que incluya un aumento importante de la tasa de desocupación cuando retornen a la fuerza de trabajo las millones de personas que por ahora han dejado de participar en la fuerza laboral.

RFIUna manera de protegerse sería el poder crear nuevos puestos de trabajo en sectores más dinámicos, menos tradicionales. ¿Qué posibilidades tiene para hacerlo?

RM. La magnitud y extensión de la crisis económica y laboral en la región genera la necesidad de apuntalar, a partir de un conjunto integrado de medidas, el empleo en diferentes sectores productivos, incluyendo aquellos basados en nuevas tecnologías y en conocimiento, en cadenas globales de valor, que permitan potenciar las posibilidades de empleo para un espectro amplio de trabajadores con diferentes calificaciones. En este sentido, las nuevas demandas de competencias, conocimientos y habilidades que surjan tanto en la recuperación como en una mirada de mediano y largo plazo implican que las mismas deban ser anticipadas y acompañadas por sistemas eficientes y eficaces de aprendizaje permanente que ayuden a las personas a enfrentar mejor los tránsitos en el mercado de trabajo a lo largo de su vida laboral. El impulso que esta crisis dio al uso de la tecnología puede estar generando una aceleración en la tendencia decreciente que venían experimentando las ocupaciones con alto contenido de tareas rutinarias y un crecimiento en aquellas ocupaciones y tareas cognitivas y no automatizables.

Estos procesos van de la mano de nuevas demandas de conocimientos que pueden dificultar aún más el acceso a un empleo para ciertos grupos de personas. Para evitar este tipo de situaciones y potenciar dinámicas virtuosas de penetración de tecnologías y generación de empleo de calidad, se requiere identificar nuevas y mejores estrategias para las políticas laborales en la región. Los países de la región cuentan con diferentes esquemas de políticas activas del mercado de trabajo con disímiles diseños, requerimientos y población objetivo, que son implementados desde diversas órbitas estatales, en algunos casos con participación del sector privado y las empresas. Sin embargo, su alcance resulta insuficiente para las demandas actuales y los efectos en cuanto a las posibilidades de obtener empleo formal luego del paso por estos programas suelen ser bajas. El desafío en esta coyuntura es aún mayor dada la fuerte incertidumbre respecto de las características e intensidad de los senderos de crecimiento post pandemia, en un contexto marcado por una segunda onda de contagios y por las dificultades de prever qué tan rápida y efectiva será la vacunación masiva de la población.

RFILas mujeres son las grandes perdedoras de la crisis. La OIT subraya que hace más de 15 años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de las mujeres. ¿Qué evaluación hace la OIT de esa situación?

RM. La crisis ha tenido impactos más significativos en el empleo femenino. Ello se asocia, por un lado, a la mayor presencia femenina en sectores económicos fuertemente afectados como, por ejemplo, los de hotelería y restaurantes, y en otras actividades de servicios y del sector de hogares. Por otro, a la mayor incidencia de la informalidad entre las mujeres. La informalidad afecta a 1 de cada 2 mujeres en la región. En sectores económicos altamente feminizados como, por ejemplo, el de trabajo doméstico, la tasa de informalidad alcanza al 80/90 por ciento. A diferencia de crisis previas, en esta crisis la pérdida de empleo estuvo explicada mayormente por lo sucedido con los puestos informales, los que se contrajeron aún con mayor intensidad que las ocupaciones formales.  Dadas las escasas alternativas laborales en este contexto tan crítico, inicialmente las pérdidas de puestos de trabajo se tradujeron no sólo en transiciones hacia la desocupación sino mayormente en un nivel sin precedentes de salidas de la fuerza de trabajo. Nuevamente, estos flujos se verificaron con mayor intensidad entre las mujeres. Ello estuvo asociado a las crecientes dificultades de conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares en un contexto en donde los servicios educativos y de cuidado se vieron profundamente alterados de la mano de las medidas sanitarias para el distanciamiento y reducción de la movilidad de las personas. La crisis evidenció aún más el rol fundamental de las actividades de cuidado para la reproducción humana cuya distribución por género continúa siendo muy desigual, con una mayor carga entre las mujeres. El panorama resulta aún más complejo al observar que la recuperación del empleo femenino entre el segundo y tercer trimestre de 2020 ha mostrado un rezago respecto al masculino. Una dinámica similar se verifica en la evolución de la participación laboral de las mujeres durante la segunda mitad del año. Si bien se observa cierta recuperación en los últimos meses, 2020 registró una reducción de 9 por ciento en la participación femenina, que se compara con una baja de 6 por ciento en el caso de los hombres. Este retroceso en la participación laboral de las mujeres se produjo después de décadas durante las cuales se había registrado un aumento en su incorporación a la fuerza de trabajo. En promedio para la región, hace más de 15 años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de las mujeres. Las nuevas olas de contagio y, con ello, la implementación de medidas de confinamiento, pueden generar, nuevamente, mayores impactos negativos en la actividad y el empleo en sectores con mayor presencia femenina dificultando, aún más, la recuperación de este tipo de ocupación y amplificando las brechas laborales por género.

RFI. ¿Podría dar algunos ejemplos de las recomendaciones de la OIT para avanzar hacía la recuperación de los empleos perdidos?

RM. El reciente informe de la OIT “Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas” detalla tres ejes prioritarios para una recuperación productiva, sostenible ambientalmente y centrada en las personas: (1) Aumentar la inversión en el trabajo decente y sostenible; (2) Aumentar la inversión en las capacidades de las personas y (3) Aumentar la inversión en las instituciones del trabajo. En el informe se detallan las líneas de acción prioritarias en cada uno de estos tres ejes de modo de transitar un sendero de recuperación y crecimiento económico con generación de empleo de calidad de manera equitativa. Entre ellas, pueden mencionarse las estrategias que impulsen incrementos sostenidos de la productividad y que promuevan la transición digital; creación de empleo formal y la formalización del empleo informal a través de un conjunto integrado de instrumentos; medidas de apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas; la Agenda de Transición Justa que se vuelve cada vez más relevante en este contexto; la mejora en la inversión en educación y formación para el trabajo; el avance en la construcción de sistemas de cuidado de amplia cobertura; estrategias que permitan una garantía de seguridad económica a partir de pisos de protección social universales y el fortalecimiento en las instituciones del trabajo a partir de procesos de diálogo social bipartitos o tripartitos.

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