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Nada de lo que diga Brasil convencerá a los países en la Cumbre del Clima, dicen expertos

Pueblos originarios protestan contra el gobierno federal en Brasilia en el El Día del Aborigen Americano, el 19 de abril de 2021.
Pueblos originarios protestan contra el gobierno federal en Brasilia en el El Día del Aborigen Americano, el 19 de abril de 2021. AP - Eraldo Peres

Líderes de 40 países se reúnen virtualmente este jueves y viernes para debatir medidas que ayuden al planeta a tomar una trayectoria sostenible. La Cumbre de Líderes del Clima, convocada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, es una nueva oportunidad para que Brasil se reposicione en la agenda ambiental y se comprometa a proteger la Amazonía, pero los expertos advierten que la confianza en el presidente Jair Bolsonaro está tan debilitada que Brasil no podrá convencer a otros países de sus buenas intenciones, independientemente de cualquier promesa.

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Por Lúcia Müzell.

En las últimas semanas, el gobierno estadounidense ha mantenido diálogos con el gobierno brasileño para preparar el evento y proponer a Brasilia a cambiar el rumbo de su política medioambiental. Desde que Bolsonaro asumió la presidencia, las tasas de deforestación han alcanzado varios récords y las instituciones de control ambiental han sido sucesivamente debilitadas. El país llegó a amenazar con abandonar el Acuerdo Climático de París, influenciado por Donald Trump, entonces aliado del presidente en la escena internacional.

Con la nueva presidencia de Biden, Bolsonaro ha moderado el tono, pero con compromisos insuficientes, evalúa el profesor de Relaciones Internacionales de la UNB Eduardo Viola, especialista en temas climáticos.

"Lo que cuenta es lo que ocurre sobre el terreno. Los países -Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido- esperan que Brasil haga un anuncio en el que se comprometa a reducir significativamente las emisiones ya este año", explica Viola. "La meta anunciada por el vicepresidente Mourão la semana pasada es débil, porque reduce un poco la deforestación en comparación con el año pasado, pero es superior a las emisiones de cuando comenzó el gobierno de Bolsonaro. Puede ser que anuncien algo más, pero esto, en principio, no tiene credibilidad".

La semana pasada, Bolsonaro envió una carta a Biden, en la que dice que acabará con la deforestación ilegal en 2030 y logrará la neutralidad de carbono en 2060, reafirmando los compromisos que el país ya tenía desde la Conferencia del Clima de París, en 2015. Aun así, el presidente pide, a cambio, ayuda externa para conseguir el objetivo, para lo que no ha presentado propuestas concretas. Por eso, en opinión de Ana Toni, directora ejecutiva del Instituto Clima y Sociedad, el supuesto reposicionamiento del gobierno brasileño no es más que retórica.

"Creo que, una vez más, el Gobierno no ha aprovechado esta oportunidad de reorientarse hacia el futuro, sino todo lo contrario. Aprovechó esta oportunidad para, de nuevo, chantajear. El gobierno brasileño no tiene visión de futuro", señala la economista y ecologista. "Las NDC [contribuciones determinadas a nivel nacional, por sus siglas en inglés] brasileñas que pusieron en diciembre demuestran que no tiene nada nuevo, que es una política de puerta trasera, y por lo tanto no aportará nada específicamente a Brasil".

El país llega a la reunión pocos días después de la noticia de que la deforestación de la Amazonia en 2020 fue la más alta de los últimos 10 años, con un aumento del 30% respecto al año anterior, según un estudio del Imazon (Instituto del Hombre y del Medio Ambiente de la Amazonia). Ana Toni destaca que el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, busca recursos financieros internacionales a partir de maniobras contables con las cifras de emisiones de gases de efecto invernadero.

"Salles es extremadamente inteligente, hábil. Como muchos han dicho, puede mentir sin mover la cara, y habla muy bien inglés. Se expresa muy bien, miente con convicción, y creo que se han dado cuenta de que no tiene aguja para negociar", acusa Toni. "Creo que no podría engañar a los estadounidenses y que, sí, anunciarán recursos, pero para los bosques tropicales en su conjunto, y no específicamente para Brasil. El perdedor es Brasil porque todos estos recursos podrían haberse destinado a la Amazonia”.

El investigador Eduardo Viola también destaca el peso del componente político detrás de la cuestión ambiental para el gobierno de Bolsonaro. A un año de las elecciones, el presidente no se arriesgaría a dar un giro en un tema en el que perdería una parte importante de su base electoral: el agronegocio asociado a la deforestación y a otras actividades ilegales en la Amazonia, como la minería.

"Obviamente, el discurso de Bolsonaro es muy bueno para su núcleo electoral. Este es un punto clave, que muestra lo difícil que sería para el gobierno de Bolsonaro tener un fuerte cambio de posición. Eso significaría romper con su base electoral", dice Viola. "Sería posible presentar resultados rápidos, como Brasil ya ha demostrado que sabe hacer, entre 2005 y 2012, y sin ayuda externa. Pero tendría que volver a movilizar varios organismos gubernamentales, las Fuerzas Armadas. La probabilidad de que esto ocurra es muy baja en un gobierno de Bolsonaro”.

Se espera que varios países, como Canadá y Japón, desvelen objetivos más ambiciosos durante la cumbre, el primer gran escenario de Joe Biden en la escena internacional. La reunión marca el reposicionamiento de Estados Unidos en materia medioambiental, tras los años de Trump, y sirve de preparación para la Conferencia del Clima de la ONU en Glasgow (Escocia), en noviembre.

Washington debería anunciar la neutralidad del carbono en la matriz eléctrica para 2035 y las emisiones cero para 2050. Con esta propuesta sobre la mesa, Biden debe buscar un mayor compromiso de otros grandes emisores, como China.

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