COLOMBIA

'Mono Jojoy', el niño amamantado por las FARC

El Mono Jojoy tenía puesto precio a su cabeza
El Mono Jojoy tenía puesto precio a su cabeza ©Reuters

De niño hizo de correo de las FARC; ingresó como combatiente raso a los 22 años y fue apadrinado por el legendario ‘Tirofijo’ hasta llegar a ser jefe militar de la guerrilla. Es la historia de Jorge Briceño Suárez, la encarnación de los métodos sangrientos de las FARC.

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Poco es preciso en la biografía de Jorge Briceño Suárez, alias El Mono Jojoy. Lo único que tiene claro la sociedad colombiana de él es que el cadáver que ayer se escondía bajo su sobrio bigote, su impenetrable boina negra calada y su eterno ceño fruncido caricaturizaban al “símbolo del terror” de la guerrilla de las FARC, como lo definió el presidente Juan Manuel Santos. Era la muerte del líder militar de la guerrilla. 

Ninguno de esos dos eran sus verdaderos nombres. No sé sabe con seguridad si Victor Julio Suárez Rojas nació en Boyacá, como dicen unos, o en Cundinamarca, como aseguran otros. Su historia es la historia de un niño amamantado por la guerrilla en la selva que acabó convirtiéndose en su terrorífico jefe militar, al que el Ministerio de Defensa de Colombia le atribuye más de 100 “acciones terroristas” que van desde secuestros a ejecuciones, pasando por incursiones a mano armada en localidades o sabotajes a infraestructuras del país.

Vivió desde pequeño la liturgia de las FARC, un grupo que comenzó como un comando de campesinos que llegó a tener 20.000 efectivos bajo sus siglas y que, en el momento de la muerte de Jojoy -a los 57 años, en la Operación Sodoma- no pasaba de 8.000 miembros. Su madre cocinaba para la guerrilla, se dice que su padre fue guerrillero, su hermano también lo es –se le conoce como Granobles- y él, desde pequeño, ya hacía de correo para la guerrilla, según reconoció en el pasado.

Su ingreso efectivo en las FARC se produjo a los 22 años. Sus correligionarios aseguran que fue el protegido de Manuel Marulanda, el legendario Tirofijo, muerto en marzo de 2008, de muerte natural. De su mentor aprendió a que no le temblará el pulso para tomar decisiones duras, sangrientas si era necesario… y para él pocas decisiones no tenían ese olor a sangre.

Su escalada por la cadena de mando de la guerrilla avala su dureza. "Hay que recordar que el fusil es el garante de los acuerdos", era una de sus frases de cabecera. En los años 90 sus operaciones militares contra el Ejército fueron testigos de ello. En 1987 se hizo un nombre entre los suyos al llevar a cabo una emboscada en San Vicente del Caguán donde fueron asesinados 26 soldados, acto que repitió en la vereda de San Juan sobre la vía hacia Cartagena del Chairá. Otros 12 militares cayeron.

Este tipo de operaciones se convirtieron en sus especialidades, dejando decenas de soldados muertos como muescas en su cinturón de guerra. No son las únicas rúbricas registradas en su libro de visitas como guerrillero. Los secuestros fueron otras señas de identidad, a él se le atribuye la mediática captura de Ingrid Betancourt, del industrial Carlos Upegui Zapata o el senador liberal Rodrigo Turbay Cote.

Mono Jojoy fue el brazo ejecutor de la estrategia de las FARC de fines de la década de los 90 del Vacío de Poder, en base a la cual la guerrilla atacaba y amenazaba a los cargos públicos de sus zonas de influencia para que abandonaran sus puestos y desmembrar así a las autoridades: cientos de alcaldes, concejales y gobernadores huyeron en desbandada de sus puestos electos. “Secuestren o ajusticien a quien no renuncie a su cargo en cualquier rincón del país”, esa fue su orden.

Atentado contra Uribe y fin de sus días

A partir de esa fecha, la mirilla de los fusiles que tenía a su mando se obsesionaron con un personaje clave en su biografía: Álvaro Uribe. Dos veces ordenó atentar contra el presidente de Colombia que mejores resultados ha conseguido en su lucha contra la guerrilla, oscurecida por las acusaciones de ejecuciones sumarísimas y otras ilegalidades, como el caso de los falsos positivos.  En abril de 2002 ordenó su muerte cuando no era más que un candidato presidencial. Fracasó, pero tuvo la osadía de volver a atacarlo con misiles unos meses después en su toma de posesión como presidente de Colombia.

Su currículum puso precio a su cabeza. Todo un trofeo para un hombre como él. El Departamento de Estado de EEUU ofreció una recompensa de cinco millones de dólares a quien pudiera ofrecer información que condujera a su captura. Colombia ofreció otros mil millones de pesos.

Pero esos fueron otros tiempos, gloriosos para él. Sus últimos años los pasó acosado por las Fuerzas Armadas Colombianas y perseguido como una sombra por la enfermedad y la paranoia. Una diabetes y una desconfianza hacia su seguridad igualmente enfermiza de las que no podían defenderlo los dos anillos de soldados veteranos de su máxima confianza que lo acompañaban día y noche.

Esa es la historia del niño que acabó siendo un mito en las FARC, pero ¿por qué mono jojoy? Según la información de Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) el nombre se lo pusieron sus superiores por “su facilidad para escabullirse de sus perseguidores”, al igual que lo hace una especie de gusano selvático que se conoce como mojojoy. Un talento que no fue suficiente para escapar de la Operación Sodoma el jueves 23 de septiembre de 2010.

 

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