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MéXICO

El 2011 retrata con sangre a un México en “descomposición”

Se han identificado más de 30.000 muertos a manos de 'narcos' en cuatro años
Se han identificado más de 30.000 muertos a manos de 'narcos' en cuatro años ©Reuters
Texto por: Jesús Moreno Abad
3 min

La violencia narcotraficante deja un fin de semana cruento en el país con 44 crímenes y 57 muertos. En Acapulco fue especialmente macabro: 25 personas muertas y 15 cuerpos decapitados expuestos en las aceras de un centro comercial. Entre ellos había dos menores. Es el retrato del nuevo año de un país que muchos ven al límite.

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Poco más de una semana ha tardado 2011 en regalarle a México un baño de sangre. En un fin de semana especialmente sangriento, la violencia narcotraficante ha perpetrado más de 44 crímenes, dejando 57 asesinados de por medio y haciendo sitio a la macabra teatralización de sus fechorías, decapitando a 15 personas en el balneario de Acapulco.

De Norte a Sur y de Este a Oeste, pocas partes del país se libran de ver en alguna de sus calles riachuelos de sangre que nacen de torsos tiroteados o cuellos degüellados. En Ciudad Juárez, al norte del país hubo 14 muertos, en tanto que tres personas más fueron ejecutadas en otras zonas del estado de Chihuahua. En Sinaloa fueron asesinadas otras seis personas, en Tijuana un policía fue acribillado a balazos y en el estado de Jalisco dos hombres fueron hallados muertos y maniatados, también en Durango perdió la vida, tiroteado, el dueño de una carnicería.

La cotidianidad en un país se puede medir por la extensión que ocupan las noticias en sus periódicos. A mayor novedad o gravedad más espacio, mientras que los sucesos habituales se pegan con sus semejantes por aparecer en una esquina de un periódico, en una columna o en un breve. Un fin de semana como éste en México abriría durante días los noticiarios de cualquier país del mundo. En los periódicos de México estos sucesos se van relegando fuera del ámbito de la noticia y adentrándose en la explicación editorial como un problema que trasciende a cada episodio particular.

“En descomposición”, “un país en descomposición”, “la descomposición del país”. “Descomposición”, la palabra se repite en los editoriales de la prensa mexicana. En los últimos cuatro años se contemplan en el país 30.000 muertos a manos de los gatillos de los narcotraficantes. Narcos contra narcos, narcos disparando a civiles, narcos matando a políticos, narcos contra militares y policías…

Unas veces son Los Zetas, otras veces La Familia o el cartel del Pacífico Sur o del Golfo. El apellido cambia pero el nombre es el mismo, es la constante en México, el retrato de un país que algunos ven en descomposición entre el fuego de una violencia que no ha cesado ni desplegando más de 45.000 militares a lo largo y ancho del Estado.

Dentro del repunte de la sangre del pasado fin de semana, el episodio sucedido en Acapulco es especialmente macabro. La ola de ejecuciones dejó un saldo inicial de 25 personas muertas por armas más propias de ejércitos que de delincuentes comunes. Quince de ellas fueron decapitadas, incluyendo dos menores, de 17 años. Los cuerpos se colocaron sobre las acera de un centro comercial llamado Plaza Sendero para que pudiera contemplarlos todo el mundo. No acabó hay el carnaval de los horrores: sus cabezas fueron dispersadas junto a sus cuerpos. La decapitación como símbolo de su poder. Mientras, los periódicos de México vacían sus páginas sabedores de que necesitarán esos espacios para cubrir otros tantos cientos o miles de muertos en lo que resta de año.

 

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