Ecuador

Un francés en el infierno de una prisión ecuatoriana

Carátula del libro de Daniel Tibi publicado en Francia.
Carátula del libro de Daniel Tibi publicado en Francia. ®Ed. Jacob-Duvernet

Entrevista. La vida del francés Daniel Tibi dio un trágico vuelco a finales de 2005 cuando fue detenido por dos policías en Ecuador y luego fue encarcelado en Guayaquil durante dos años y medio. Daniel Tibi, quien acaba de publicar ‘900 días, 900 noches, en el infierno de una prisión ecuatoriana: cómo un hombre hizo doblegar a un Estado”, contestó las siguientes preguntas a Frédérique Misslin. 

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¿Cómo fue detenido?

Dos policías ecuatorianos vestidos de civil me detuvieron en septiembre de 2005 cuando me dirigía a una cita de negocios. Me esposaron y golpearon. Luego me condujeron al Centro de Detención de Guayaquil acusado de narcotráfico. Estaba en un lugar que sólo me hubiera imaginado en las películas. La promiscuidad era muy violenta y estaba completamente aislado.

¿Cómo era su vida?

Esa prisión parecía un asilo de locos. Había todo tipo de psicópatas, drogadictos y personas heridas que agonizaban en medio de una indiferencia total. En ese lugar no hay ninguna humanidad. El ambiente es surrealista.

¿Cómo fue la acogida de los otros reos, teniendo en cuenta que usted es francés?

Todos querían sacarme dinero: me pedían la camisa, los zapatos; me tocaba pagar incluso por la comida. Tenía que defenderme de todo, a toda hora. Algunos me agredieron y me tocó defenderme. Al cabo de varios días en esa atmósfera tan violenta, yo mismo comencé a volverme cada vez más agresivo.

Usted cuenta en su libro que con la ayuda de “Cien años de soledad”, el libro de García Márquez, y el código penal ecuatoriano, trató de comprender y actuar.

Así es. Me decía que tenía que haber algún modo para penetrar en su forma de funcionamiento, sin necesidad de convertirme en una bestia salvaje. Me dije que todos ellos eran seres humanos, a pesar de todo. A esto dedicaba mucha energía. También pasaba mucho tiempo pensando en mi familia. Mi novia estaba embarazada. Y poco a poco, comencé a sentir una inmensa rabia. Tuve reacciones que nunca imaginé que pudiera tener.

¿Por qué no llamaba a un abogado?

No tenía ninguna posibilidad de hacerlo. No había podido llamar a mi madre, ni al consulado y tampoco a un abogado. Por eso, cada vez que una personalidad visitaba la cárcel, yo escribía un afiche en el que decía: “Estoy detenido desde hace 723 días”, etc. Y los medios se interesaron en mi caso porque yo era el único que denunciaba abiertamente la corrupción. El juez me había pedido dinero para liberarme, pero yo no tenía. Poco a poco denuncié todo.

¿Y esto se lo hicieron pagar caro?

Si. Me torturaron para que firmara una confesión. Y luego, cuando me llevaron de regreso a mi celda, estaba a punto de morir. Cuando salí de la prisión de Guayaquil pesaba 46 kilos, tenía quemaduras por todas partes, en las piernas, los brazos, tenía el rostro medio desfigurado. Por fortuna me sacaron a tiempo de ahí.

¿Este libro que publica en Francia es una forma de reconstruirse?

Sí. Es importante denunciar lo que ocurre en esas prisiones (ecuatorianas). Pero también quiero que en Francia, donde yo vivo, no haya la más mínima sospecha sobre mi caso. Yo había pedido excusas formales del gobierno ecuatoriano y éstas me fueron presentadas el 17 de septiembre de 2010. Las autoridades ecuatorianos se excusaron de manera oficial. Y este fue el primer paso para mi liberación.

 

 

 

 

 

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