Caso Ikea-Cuba

Habla un testigo clave del escándalo de trabajo esclavo cubano para Ikea

Le magazine Ikea Family Live est publié dans 25 pays, en version en ligne ou imprimée et montre des photos et interviews de familles «quel que soit leur genre ou leur orientation sexuelle» selon Ikea.
Le magazine Ikea Family Live est publié dans 25 pays, en version en ligne ou imprimée et montre des photos et interviews de familles «quel que soit leur genre ou leur orientation sexuelle» selon Ikea. REUTERS/Olivier Pon/Files
Texto por: Alejo Schapire
4 min

Boris Luis Santa Coloma, agregado de prensa de la embajada de Cuba en Berlín Oriental en 1987, contó a RFI cómo medió entre los representantes comerciales de la STASI y del régimen cubano para que la empresa sueca Ikea consiguiese mano de obra esclava de las prisiones cubanas para fabricar muebles en Alemania del Este y en Cuba.

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Es una historia de la Guerra Fría, digna de John Le Carré. En vísperas del derrumbe del muro de Berlín, dos hombres se presentan en la embajada de Cuba en Berlín Oriental, capital entonces de la República Democrática Alemana. Entregan su tarjeta de visita, que reza “Delta”, el departamento de cooperación comercial (El Kommerzielle Koordinierung: Ko Ko). “Inmediatamente me di cuenta de quiénes eran esos señores, de las empresas de la policía política”, recuerda por teléfono Boris Luis Santa Coloma, periodista cubano residente en Berlín.

Boris es el hijo de Reinaldo Boris Luis Santa Coloma, quien participó en el Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, antes de ser asesinado por los hombres del dictador Fulgencio Batista.

“Lo que no podían hacer las empresas oficiales de Berlín Oriental -apunta Coloma- lo hacían estas empresas; tenían libertad para comerciar con las empresas occidentales. Igual tenían los cubanos. Se llamaba CIMEX, el conglomerado de empresas del MININT (Ministerio del Interior) cubano”.

Y agrega: “Estos señores querían comprar barcos de azúcar en alta mar y revenderlos en Bolsa, unas operaciones de alto riesgo de compra venta. Necesitaban a alguien que produjera azúcar; pensaron inmediatamente en Cuba”, explica.

“Y también tenían otras ideas. Sorprendentemente ellos no tenían relaciones con las empresas del Ministerio del Interior cubano, a pesar de que tanto la STASI (policía política de Alemania Oriental) como el MININT tenían acuerdos de cooperación muy estrechos”, relata.

Coloma dice que intervino como traductor entre los alemanes de Delta y Raúl [no recuerda el apellido del funcionario], el representante de CIMEX. Al día siguiente, consiguieron otro intérprete, pero en agradecimiento le hicieron un regalo, una botella de Whisky por haber servido de intermediario” y una promoción para su madre, que pudo viajar en primera clase a La Habana junto a los hombres de Delta.

Los archivos de la STASI

“Según consta en las actas de la STASI –repito, no le doy a estas actas una veracidad del 100%- esta gente viajó a Cuba, la recibió un representante cubano de EMIAT, la empresa que producía muebles. Y ellos recorrieron las instalaciones de esta empresa productora de muebles en Cuba. También lo recibió el ministro cubano de Comercio Exterior, que le dijo que Cuba tenía mucho interés en el fomento de las relaciones sobre todo por las perspectivas que abría para comerciar con los países occidentales, es decir capitalistas”.

Fue el inicio de los contactos entre empresas de los regímenes de Alemania Oriental y Cuba, que terminaron negociando con la multinacional Ikea para que los presos de los dos países comunistas fabricasen muebles como mano de obra esclava. Hoy la empresa sueca, un gigante que vende productos para el Hogar en toda Europa y Estados Unidos, responde que está realizando una investigación interna y que no tiene confirmado al 100% que productos suyos fuesen hechos por prisioneros cubanos.

El escándalo, que tomó estado público en Alemania con la reciente difusión un artículo del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, fue en realidad destapado en 2006 por un informe publicado por el cubano Jorge Luis García Vázquez.

Las principales pruebas del escándalo se encuentran en la reconstitución de la documentación de la policía secreta de Alemania Oriental. “Aparecen en los archivos de la STASI declaraciones del entonces presidente esta multinacional [Ikea] que calificaba el trabajo de los presos para las producciones de Ikea como un ‘aporte social’ Cabe siempre la duda de que este tipo de informe no sea 100% fidedigno”, matiza Santa Coloma.

“Este informe de marras contradice la versión de Ikea de que ellos no saben nada de este tipo de negocio”, añade. Después de la visita de los alemanes a La Habana, “los del MININT viajaron a su vez a Berlín y tuvieron una reunión en la capital de Berlín Oriental. En esa reunión, según el informe de la STASI, participó un representante de Ikea Alemania y un representante de la dirección de Ikea en Suecia. Ahora hace falta comprobar la veracidad de estas aseveraciones que hace la STASI”, resume Santa Coloma.

En Alemania empiezan a hablar los antiguos presos políticos de Alemania Oriental, obligados a trabajar sin ningún tipo de contribución para Ikea. “Aquí ya hay demandas de antiguos presos contra Ikea, demandas de resarcimiento, porque prácticamente trabajaron en condiciones de mano de obra esclava para el consorcio sueco”, dice Coloma, quien alienta a los cubanos que hayan sido tratados del mismo modo a entablar una demanda. “Tienen muchas posibilidades de tener éxito”, afirma.
 

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