Bolivia

Fracasa el diálogo entre el Gobierno y los sindicatos, acusados de liderar ‘un movimiento subversivo’

Un carro antimotines lanza agua sobre manifestantes en La Paz, el 15 de mayo de 2013.
Un carro antimotines lanza agua sobre manifestantes en La Paz, el 15 de mayo de 2013. ©Reuters.

El ministro de Interior de Bolivia denunció una conspiración con fines desestabilizadores a raíz de huelgas y manifestaciones encabezadas por la Central Obrera Boliviana (COB), que exige desde hace once días un aumento de la jubilación. Este jueves fracasó el diálogo entre el Gobierno y los sindicatos: se agudiza el conflicto.

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Bolivia entró este jueves en el undécimo día de huelga, luego de que fracasara el diálogo entre el Gobierno de Evo Morales y los sindicatos, que exigen entre otras cosas una jubilación del 100% de los últimos sueldos recibidos, y no sólo del 70% como dice la ley.

"No llegamos a un acuerdo, hubiésemos querido llegar a un acuerdo escrito. No ha sido posible, lo único que pedimos es que el país pueda volver a la normalidad", reconoció este jueves el ministro de Trabajo, Daniel Santalla.

"La COB ha dado su alternativa y el Gobierno ha dicho una vez más que no es sostenible y que las jubilaciones de las futuras generaciones están en riesgo", confirmó por su parte Simer Huacota, secretario de Conflictos de la sindical.

De este modo, se agudiza el conflicto, con un agravamiento de la huelga, que se tradujo por nuevos cortes de rutas y un paro médico. A las protestas de los mineros, se sumaron además las esposas de los policías de bajo rango, que se declararon en huelga de hambre a partir de este jueves.

El miércoles, en medio de huelgas marcadas por cortes de rutas y manifestaciones, trabajadores armados con dinamita se concentraron frente a la casa presidencial, donde intentaron romper con explosivos el control policial de la simbólica Plaza de Armas del centro de La Paz

El Ejecutivo denunció un interés conspirativo en la huelga de la Central Obrera Boliviana (COB), el mayor sindicato del país.

"Estamos en presencia ya no de un movimiento reivindicativo, sino de un movimiento subversivo", advirtió el ministro del Interior, Carlos Romero, al tiempo que aseguró que la protesta de la COB "adquirió connotación política confrontacionista y desestabilizadora".

Romero respaldó la versión de una presunta conspiración mencionado la intención el lunes de un grupo de maestros de ocupar la pista de un aeródromo en Trinidad (noreste) o las consignas de los fabriles de que "así como el pueblo lo puso (a Evo Morales de presidente), puede bajarlo".

Las acusaciones fueron rechazadas por la COB. "La Central Obrera en ningún momento está haciendo o piensa gestar un golpe de Estado", respondió Juan Carlos Trujillo, líder del sindicato. "No hay tintes políticos en nuestra movilización y no estamos conspirando. Lo único que queremos es una renta digna" de jubilación, subrayó.

Las acusaciones de Romero generaron la ira de trabajadores mineros, fabriles, maestros y estudiantes, que asediaron con fulminantes de dinamita los alrededores de la sede del Gobierno y el Congreso, antes de ser desalojados por la policía, que arremetió con gases lacrimógenos y carros antimontines. Por su parte, el presidente boliviano no se encontraba en el Palacio Quemado

Entretanto, la protesta iniciada el 6 de mayo, con la destrucción de un puente que une La Paz con Cochabamba y una explosión de dinamita en la mina de Huani, se extendía por Cochabamba (centro), Santa Cruz (este), Pando (norte), Potosí (suroeste) y Chuquisaca (sudeste).

En este ambiente de convulsión, la oficina local del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU y la Iglesia católica llamaron por separado a las partes a seguir conversando.
 

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