Colombia

‘Cien años de soledad’ no fue el gran amor de García Márquez

Foto de García Márquez al lado de un guerrillero durante las conversaciones de paz en San Vicente del Cagúan, 7 de enero de 1999.
Foto de García Márquez al lado de un guerrillero durante las conversaciones de paz en San Vicente del Cagúan, 7 de enero de 1999. Reuters

Para el Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, fallecido este 17 de abril a los 87 años de edad, el libro que ‘va a quedar’ de su vasta obra literaria es El amor en los tiempos del cólera porque es ‘humano’, no ‘mítico’ como Cien años de soledad.

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García Márquez se hizo famoso en el mundo entero por Cien años de soledad, libro publicado por primera vez en Buenos Aires en 1967. Sin embargo esa novela, considerada por algunos como "el Quijote del siglo XX", no formaba parte de los libros que más apreciaba el Nobel colombiano fallecido este jueves en Ciudad de México.

Esto es lo que revela la entrevista realizada por la periodista de RFI Conchita Penilla a Gabriel García Márquez para el documental “La escritura embrujada” difundido en marzo de 1998 por la cadena de televisión francesa France 3 en el marco de la serie “Un siglo de escritores”.

"Cien años de soledad es un libro mítico y aunque yo no trato de disputarle ningún mérito, El amor en los tiempos del cólera es un libro humano, con los pies sobre la tierra de lo que somos nosotros de verdad”, dice García Márquez. En cuanto a la posteridad de esos dos libros apunta: “Ése (Cien años de soledad) no es mi libro; mi libro es El amor en los tiempos del cólera, éste es el libro que va a quedar”.

García Márquez cuenta también que el eco mundial que suscitó Cien años de soledad fue algo completamente inesperado para él. “No pensé jamás que iba a tener ese éxito y ese escándalo, el primer sorprendido fui yo”, dice. Pero cuando el escritor evoca su carrera literaria, la referencia a esa obra maestra es ineludible.

En la entrevista concedida a la periodista colombiana, el escritor explica que las claves para escribirla las encontró en Pedro Páramo, el libro de Juan Rulfo que le recomendó un compatriota escritor, Álvaro Mutis. “Ahí le dejo esa vaina pa' que aprenda", le dijo Mutis. García Márquez admite que allí encontró el tono para el libro cuyo título en ese momento era “La casa”.

“Desde hacía tiempo tenía la idea de que debía escribir una novela en la cual sucediera todo. Sabía que en ese suceder todo debía estar toda esa memoria de Aracataca, las fantasías, las supersticiones, las angustias (…) La idea de que podía suceder todo lo que yo quisiera viene de lo que me contaba la abuela. Ella con su ‘cara de palo’ (seria, impasible) decía cualquier cosa y las explicaciones que daba eran absolutamente fantásticas pero ésa era mi realidad, la realidad en la que yo vivía. Y el problema era meter al lector de Cien años de soledad dentro de esa estética”.

La deuda con un dromedario triste y un pargo congelado

Sobre la primera imagen de Cien años de soledad, aquella que aguzó su pluma y le permitió acceder a la fuente de inspiración, el escritor contó a Conchita Penilla que fue la síntesis de dos experiencias. De un lado, el descubrimiento de la diferencia entre un camello y un dromedario; del otro, el pargo congelado que llegaba a Aracataca después de tres horas de viaje en tren.

Sobre la primera experiencia, García Márquez cuenta lo siguiente: “Una vez mi abuelo me llevó a ver un circo en Aracataca. Pero no me llevó al circo, sino al potrero donde estaban los animales enjaulados. Había un animal muy raro, tirado en el suelo, con cara de abuela triste y yo le pregunté qué era y él me dijo: ‘Ése es un camello’. Pero había un señor al lado y le dijo: ‘Perdone coronel, no es un camello, es un dromedario’. Yo me doy cuenta de que mi abuelo no preguntó porque estaba yo ahí, es decir, él no podía perder su prestigio del que lo sabía todo y no dijo nada. Pero esa noche llegamos a la casa, sacó el diccionario y vio la diferencia. Entonces me mostró el dromedario y me mostró el camello. Siempre pensé que ése era el buen principio para Cien años de soledad”.

La otra experiencia en la que se basa la famosa primera frase de la novela – “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” – está relacionada con los pescados congelados.

“Cuando llegaban los pescados al comisariato de la compañía bananera, éstos estaban congelados porque venían de Santa Marta a Aracataca. En esa época no existía la congelación. Mi abuelo me llevó allá para ver los pargos congelados. Los toqué y sentí que estaban hirviendo. Pensé inclusive que me habían quemado porque esa intensidad del hielo en Aracataca era imposible que yo la conociera. Yo creí que era caliente. Rápidamente recuperé la razón y me di cuenta de que era frío. De esas dos experiencias sale la síntesis del principio de Cien años de soledad, de cuando el abuelo lleva el nieto a conocer el hielo”.
 

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