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Brasil

Una multitud de manifestantes pide la partida de Dilma Rousseff

Manifestantes en la avenida Paulista de San Pablo, este domingo.
Manifestantes en la avenida Paulista de San Pablo, este domingo. REUTERS/Paulo Whitaker
Texto por: RFI
4 min

Brasil vivió una jornada de protesta contra la presidenta, que sufre las consecuencias del escándalo de corrupción de Petrobras, la crisis económica y las medidas de austeridad adoptadas por su gobierno, pese a haberlas descartado durante su campaña electoral. "¡Fuera Dilma!" y "¡No a la corrupción!", las consignas más escuchadas en las manifestaciones que se dieron a lo largo y ancho del país.

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Fueron 2 millones según los organizadores, cerca de 900 mil según la policía. Lo cierto es que una multitud de brasileños marchó este domingo para exigir la renuncia de la presidenta Dilma Rousseff, cuyo nivel de popularidad descendió a un 8%, el más bajo desde el fin de la dictadura (1964-1985).  

En San Pablo, 350 mil personas (1 millón según los organizadores) salieron a la Avenida Paulista para exigir la dimisión de Rousseff.

Agitando banderas brasileñas, los manifestantes exigieron la renuncia de la jefa de estado con pancartas en las que se podía leer "¡Fuera Dilma!" y "No a la corrupción!", referencia clara al escándalo de sobornos de la petrolera estatal Petrobras, que ya costó dos mil millones de dólares a la compañía.

Por primera vez, los descontentos cuentan con el claro apoyo del Partido de la Socialdemocracia, de oposición, dirigido por Aecio Neves, que perdió las elecciones en 2014.

"Ya basta de corrupción, mi partido es Brasil", lanzó Neves en la manifestación de Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais.

"No a la corrupción", se leía en las pancartas enarboladas por unas seis mil  personas - cifra también proporcionada por la policía - que marchaban pacíficamente en dirección del Congreso, en la capital Brasilia, vistiendo camisetas verdes y amarillas, emblemáticas del equipo nacional de fútbol. Entre tanto, los manifestantes gritaban "Fuera Dilma", al tiempo que desplegaban una gigantesca bandera de Brasil.

En Río de Janeiro, donde se disputaba el evento test olímpico de ciclismo de pista, miles de manifestantes desfilaron en la avenida Atlántica, frente a la playa de Copacabana.

Implicaciones políticas de la protesta

Para el politólogo Fabio Wanderlei Reis, de la Universidad Federal de Minas Gerais, no existe hoy gran diferencia con el movimiento del pasado mes de abril, “en un contexto de intensificación de la crisis económica”: el hecho de exigir la destitución de Dilma Rousseff representa a su juicio “la continuidad de una situación en la que los sectores ligados a Aecio Neves quieren preparar la vía para nuevas elecciones”.

No obstante, añade que los objetivos del Partido de la Socialdemocracia carecen de “apoyo legal en la Constitución”.

Según él, un procedimiento de destitución forzada podría “desembocar en un clima social difícil de prever”.

La presidenta ignora esta atmósfera desfavorable y promete “seguir trabajando para rendir justicia”, como aseguró esta semana al término de una manifestación de 35.000 mujeres, originarias de zonas rurales, que le brindaron apoyo en una marcha en Brasilia. Asegura reiteradamente que no caerá.

Apoyo para el juez Moro

Uno de los que sí se llevó el apoyo de los manifestantes fue el juez Sergio Moro, que juzga la trama de corrupción de la petrolera Petrobras. "Viva Sergio Moro", fue un grito repetido en la mayoría de las protestas que se desarrollaron en todo el país.

En las protestas convocadas en varias ciudades hubo no pocas pancartas con inscripciones como: "Gracias Sergio Moro", "Je suis Sergio Moro", "Todos somos Moro" o "Fuerza Sergio Moro". En la capital, Brasilia, un hombre arropado en una bandera de Brasil vestía una camiseta amarilla con el rostro del juez impreso en el pecho y la palabra "Moro".

"Juez Sergio Moro, el ciudadano brasileño está orgulloso de usted. Fuera Dilma, fuera PT", se leía en otra inmensa pancarta en la avenida Paulista de Sao Paulo.

La investigación por corrupción en la empresa petrolera de Brasil, otrora un modelo, ha sido uno de los factores más determinantes en la caída de la popularidad de la presidenta Rousseff.

 

 

 

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