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Economía y finanzas

La economía del conflicto colombiano

Audio 10:01
Soldados colombianos.
Soldados colombianos. Reuters
Por: Manuel Dueñas
15 min

Colombia intenta poner fin a un conflicto armado que ha dejado 220 mil muertos, 25 mil desaparecidos y más de cuatro millones de desplazados. Sin embargo, el conflicto es tan evidente como inasible: por ejemplo, no hay unanimidad acerca de cuándo empezó, si bien las cifras mencionadas son a partir del año 1958, según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica. La dificultad de delimitar el conflicto armado colombiano incluye desde luego la economía. Hay preguntas que funcionan como puntos de partida: ¿cuánto dinero mueve?, ¿qué sectores afecta?, ¿qué economías paralelas genera?, ¿qué oportunidades se pierden? Sin embargo, las dificultades metodológicas abundan, sobre todo porque buena parte de esta economía es ilegal.

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"Es muy difícil hacer cálculos sobre cuánto se maneja por el conflicto porque mucha parte se hace en la ilegalidad", estima Germán Valencia, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, en Colombia. "En porcentaje del PIB, hablan a veces hasta de un 7%", pero habría que contar también "hasta la corrupción: ésa es la dificultad, ¿qué hay que meter dentro del conflicto armado?", explica el especialista.

Si bien no es posible establecer con exactitud todo el dinero que se mueve en el conflicto, o los presupuestos de los grupos armados ilegales que participan allí, es mucho más factible pensar en los daños o los costos económicos causados por el conflicto. Una parte de ellos es material, visible, como en atentados a infraestructuras energéticas, de comunicaciones o transportes, y desde luego, al campo. Aquello explica que los sectores primarios sean los más afectados por el conflicto armado colombiano, sobre todo desde la aparición del narcotráfico como fuente de financiamiento, cuando la guerra empezó a tocar más en serio la economía colombiana.

Los costos económicos incluyen por supuesto variables más intangibles como el Producto Interno Bruto, el bienestar social, el gasto público o el empleo. Un estudio del Departamento de Planeación Nacional colombiano señala, por ejemplo, que el PIB municipal ha sido de casi un punto menos a causa de los eventos de violencia, entre 2003-2011. Que el crecimiento del país, entre 1988 y 2011, habría sido de 0.6 puntos menos a causa de la guerra. Sin embargo, el conflicto armado colombiano ha dejado también, y sobre todo, costos sociales: muerte, desplazamiento, desapariciones. 220 mil muertos, 25 mil desaparecidos, y más de 4 millones de desplazados, personas que dejaron de ser fuerza productiva en el campo para huir de la violencia y sobrevivir en las principales ciudades colombianas.

Sin embargo, aunque suene paradójico, "muchas regiones del país se han visto beneficiadas con la guerra, y muchas personas, tanto en lo legal como en lo ilegal", según Germán Valencia. En efecto, académicos han señalado, por ejemplo, que el sector de la vigilancia ha crecido hasta más que duplicar su número de efectivos. Los beneficios incluyen desde luego a la industria militar, y el gasto público justamente en las fuerzas militares, que en Colombia el año pasado fue del 3,5 % del PIB, según cifras del Banco Mundial, el más elevado en América Latina. Además de ello, las economías ilegales han generado nuevas dinámicas en municipios y departamentos, que se producen por la ausencia del Estado colombiano y nuevas necesidades de producción.

El narcotráfico es el gran financiador de los grupos armados ilegales del conflicto colombiano, el músculo económico del que se han apoyado y a partir del cual varios de ellos se han expandido, buscando controlar las rutas del tráfico. La financiación viene también de la alianza con narcotraficantes, del cultivo de coca e incluso de la incursión en etapas de la cadena productiva. Sin embargo, también otras actividades como la minería ilegal y la extorsión han mantenido las economías, e incluso el desarrollo de esas economías ilegales.

El narcotráfico cambió la naturaleza del conflicto armado colombiano y, por si faltaba, lo volvió más cruel, descarnado y salvaje. Las disputas de la guerra son las disputas por el poder económico, o por el poder territorial que da acceso al poder económico; es decir, la disputa por el poder económico parece ser un fin en sí mismo, y ya no un medio para llegar al poder político, al menos en el caso de la guerrilla de las FARC. En ese sentido, vale preguntarse si hablamos todavía de un conflicto político armado, o de uno meramente económico. Según Germán Valencia, "han tenido que recurrir al narcotráfico, a la minería ilegal, a otras actividades distintas a las que tradicionalmente hacían. Eso ha hecho que el conflicto interno armado colombiano haya cogido connotaciones de un conflicto político a un conflicto de nuevas guerras, (...) con nuevas formas de hacer sostenible una organización".

Muchos vacíos tendrán que llenarse en el eventual escenario de la paz. En rigor, el Estado colombiano no solamente deberá volver a tener presencia en muchos territorios del país a los que no llega, sino también generar nuevas dinámicas económicas que reemplacen las existentes, muchas ilegales. La estimación es que se generarían alrededor de 1 millón 400 mil empleos adicionales en ocho años, a partir del fin del conflicto. Ocho años también después del fin, el crecimiento colombiano sería del 5,6%, es decir más del 4,8% previsto para la misma época si aún existiera el conflicto.

Entrevistado: Germán Valencia, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, en Colombia.
 

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