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COLOMBIA / PARO CAMPESINO

Tensión en el campo colombiano por el fin de los narcocultivos

Un campesino muestra la pasta base de la cocaina que resulta del proceso de transformación de las hojas de coca, en el departamento de Guaviare, este 25 de septiembre de 2017.
Un campesino muestra la pasta base de la cocaina que resulta del proceso de transformación de las hojas de coca, en el departamento de Guaviare, este 25 de septiembre de 2017. Raul Arboleda / AFP
Texto por: Lucile Gimberg
3 min

Bajo la presión de Estados Unidos que pide resultados en la erradicación de los narcocultivos, el gobierno colombiano enfrenta estos días la protesta de los cocaleros que reclaman ayudas económicas para cambiar de actividad, conforme al acuerdo de paz firmado con las FARC. En telón de fondo, los grupos armados pelean para recuperar el espacio dejado por la guerrilla.

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Miles de campesinos colombianos empezaron este martes un paro indefinido en cinco departamentos de Colombia. Los cocaleros exigen el fin de la erradicación forzosa de los narcocultivos y el cumplimiento de los acuerdos de paz con las FARC que preven una erradicación voluntaria a cambio de alternativas legales de desarrollo.

"Lo que pasa es que estas alternativas de desarrollo están tardando mientras que la policía tiene orden de erradicar por asuntos de seguridad", explicó a RFI Angélica Rettberg, especialista en economía y conflictos armados, y profesora de la Universidad de los Andes en Bogotá. Además los cultivadores de coca consideran insuficientes las ayudas económicas que ofrece el gobierno para cambiar de actividad.

A principio de octubre murieron seis campesinos en una protesta contra la erradicación en el municipio de Tumaco, una zona fronteriza con Ecuador y cercana al puerto de Buenaventura desde el cual se exporta gran parte de la droga que parte hacia Estados Unidos por el Pacífico. Las autoridades culparon de estas muertes a guerrilleros disidentes de las FARC mientras que los pobladores acusaron a la fuerza pública.

Las organizaciones sociales y campesinas que lideran la protesta denuncian también los asesinatos de numerosos líderes regionales en los once meses que lleva firmada la paz.

En aquellas zonas como Tumaco, las FARC ejercían cierto control. Ahora que se han retirado como resultado del acuerdo de paz, "el vacío ha sido copado por grupos armados que compiten por el control del negocio ilícito", señala Rettberg. A eso se suma el hecho de que historicamente la presencia del Estado ha sido débil en esas regiones: "hay pocas oportunidades lícitas para generar ingreso por lo que hay una constante disponibilidad de jóvenes desempleados que engrosan las filas de los grupos armados", añade la politóloga.

Principal productor y exportador de cocaína en el mundo, Colombia responde por otra parte a la presión de Estados Unidos. "El hecho de que los cultivos hayan aumentado en los últimos años generó una respuesta muy fuerte por parte del gobierno de Estados Unidos que quiere ver reacciones categóricas por parte del Estado colombiano", apunta Rettberg. Según ella, la decisión del presidente Juan Manuel Santos, el pasado 20 de octubre, de militarizar a Tumaco "responde a estas expectativas estadounidenses."

El gobierno colombiano quiere acabar este año con 100.000 de las 146.000 hectáreas sembradas hasta 2016 a través un cuestionado plan que combina la sustitución voluntaria con la erradicación forzada.

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