Estados Unidos - Rusia

La benevolencia de Trump ante Putin escandaliza a demócratas y republicanos

El presidente de EE.UU. Donald Trump y su par ruso Vladimir Putin se dan la mano el 16 de julio de 2018 en Helsinki.
El presidente de EE.UU. Donald Trump y su par ruso Vladimir Putin se dan la mano el 16 de julio de 2018 en Helsinki. REUTERS/Leonhard Foeger

El presidente estadounidense se negó este lunes a condenar a Moscú por la injerencia en la campaña presidencial estadounidense durante una cumbre en Helsinki con Vladimir Putin, suscitando indignación en Washington por la actitud conciliadora que tuvo con el presidente ruso.

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Con Xavier Colas, desde Helsinki

El presidente norteamericano Donald Trump ha demostrado que cree más al presidente ruso que a sus propios servicios secretos. Su Vladimir Putin ha negado interferencias de su país en los comicios estadounidenses una vez más, y el presidente de Estados Unidos le ha creído.

Trump no ve ningún motivo para culpar a Rusia de injerencia en las elecciones, pero Putin hasta se ha demostrado dispuesto a colaborar con la investigación liderada por el fiscal especial estadounidense Robert Mueller en Washington.

Este es uno de los muchos puntos en los que ambos han coincidido. Putin ha por cierto admitido que sí, que quería que Trump ganase esas elecciones porque era el único candidato que quería reparar las relaciones entre ambos países.

Trump cree que la investigación judicial sobre la trama rusa es un desastre para su país y ha lamentado que se haya mantenido separados a Washington y Moscú tanto tiempo.

Cuando se le presionó sobre el veredicto de sus propios jefes de inteligencia, Trump enfatizó que Putin "fue extremadamente fuerte y contundente en su negativa hoy y lo que hizo fue una oferta increíble", dijo el ocupante de la Casa Blanca. Agregó que la investigación de Mueller había sido un "desastre" para Estados Unidos.

Moscú ya no es el culpable en el relato estadounidense. El presidente norteamericano achaca las recientes hostilidades con Rusia a la estupidez de la política norteamericana. El magnate neoyorkino, que se ha mostrado optimista respecto al futuro ha constatado que la relación Estados Unidos-Rusia nunca había sido tan mala pero ha dicho que ha cambiado en las últimas horas, justo cuando ambos se han dado la mano y han empezado a hablar.

Consternación bipartidista en Washington

Por Xavier Vila, desde Washington

Donald Trump ha conseguido algo insólito, como es unir a su partido con la oposición demócrata en la denuncia por lo que califican de conato de traición al cuestionar ante Vladimir Putin las conclusiones de su propia inteligencia nacional relativas a la presunta injerencia rusa en las últimas elecciones estadounidenses.

Trump, en cambio, aceptó la negativa de Putin al respecto, lo que ha llevado a republicanos como el senador por Texas John Cornyn a afirmar en público: “Le diré a quién creo. Creo en nuestra comunidad de inteligencia y en el FBI”, enfatizó.

“El presidente se pone por delante de nuestro país”, redondeó por su parte el líder de la oposición en la cámara alta, Chuck Schumer, al coincidir en denunciar la gravedad de la situación.

Impera aquí una sensación de naufragio colectivo y de pérdida del compás moral que presenta a los Estados Unidos como un garante de las libertades, hasta el extremo que políticos como John McCain –un republicano celebrado en las dos bancadas del congreso por su gloriosa trayectoria en defensa del país- ha escrito desde el lecho donde se recupera de un cáncer cerebral que Trump escogió a conciencia proteger a un tirano y protagonizó –dice- una de las actuaciones más desgraciadas que se puedan recordar de un presidente estadounidense.

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