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Noticias de América

El robo de combustible, un tráfico lucrativo y peligroso en México

Audio 04:30
En Tlahuelilpan, estado de Hidalgo, una pancarta alerta sobre la presencia de un ducto.
En Tlahuelilpan, estado de Hidalgo, una pancarta alerta sobre la presencia de un ducto. REUTERS/Mohammed Salem

La reciente explosión de un oleoducto de Pemex en Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, que provocó la muerte de al menos 118 personas, puso en evidencia la magnitud que tomó el robo de combustible y el peligro que corren los que ordeñan la gasolina directamente en los ductos.Nuestro corresponsal en México, Patrick John Buffe, estuvo en el estado de Hidalgo.

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El estado de Hidalgo era considerado como el paraíso del mercado negro del robo de combustible, hasta que el presidente López Obrador empezara a luchar contra este tráfico ilícito, haciendo cerrar los ductos que cruzan el estado.

Tulancingo es uno de los municipios del estado de Hidalgo donde el robo de combustible –el huachicoleo– se disparó como nunca en los últimos años. Los delincuentes perforan los ductos en los cuales instalan tomas clandestinas para bombear la gasolina de Pemex que venden a precio barato.

Una actividad dominada por el crimen organizado, pero a la cual participan pobladores humildes que se integran a toda una cadena, como lo explica Ramiro, un habitante de Tulancingo quien siempre se negó a comprar gasolina robada: “Está él que pica los ductos, él que los ordeña, él que traslada, y a lo último llegan los revendedores”.

Al decir de Pedro Hernández, quien suele recorrer las comunidades de Hidalgo, los jóvenes son una presa fácil para los delincuentes. Añade que “los huachicoleros tienen una base social de gente pobre, muy pobre, que ve en eso una forma de llegar a recursos, para cubrir necesidades básicas de vida”.

En la ciudad vecina de Cuautepec, por donde pasa el ducto de Pemex, la gasolina robada llegó a venderse incluso en la calle, como lo narra Sandra, una costurera desempleada: “Este pueblo es destacado por la confección de sweaters, ahora ya es por el huachicoleo” que se hizo evidente con los tanques de gasolina.

Lo cierto es que este tráfico ilícito es muy peligroso por los riesgos de explosión o de incendio que corren los que ordeñan los ductos. A Eduardo le costó la vida. Este joven de 29 años, casado y con tres hijos, viajaba regularmente del estado de Morelos al de Hidalgo para robar combustible. Pero hace tres meses, no regresó más a su pueblo donde solía vender gasolina al menudeo. Su prima Nancy recuerda lo que le pasó: “Él fue a Hidalgo, a traer gasolina del ducto, y estaba llenando los bidones cuando explotó”.

A pesar del combate del gobierno para poner fin al huachicoleo, cada día se detectan nuevas tomas clandestinas, a veces defendidas violentamente por la gente del lugar. En Otambo, en el estado de México, pobladores agredieron a los soldados cuando se acercaron al ducto, cuenta el responsable de la policía federal, Ángel González: “Hubo una manifestación en cierto tono agresivo por parte de gente de la comunidad, amenazas, gritos, por lo cual se necesit”.

Más de 200 militares y federales respaldados por helicópteros llegaron de refuerzo al lugar de los hechos. Tales incidentes demuestran la dificultad de luchar contra el robo de combustible. Y es aún más preocupante que en este contexto, una tragedia como la de Tlahuelilpan puede repetirse en cualquier momento.

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