Cuba

¿Qué votarán los cubanos el 24 de febrero?

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel y el Primer Sercretatio del Partido Comunista cubano, Raúl Castro. Cuba, 28 de enero de 2019.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel y el Primer Sercretatio del Partido Comunista cubano, Raúl Castro. Cuba, 28 de enero de 2019. ®REUTERS/Fernando Medina

Este 24 de febrero, por primera vez en cuarenta años, los cubanos vivirán un referendo constitucional. Pero, ¿cuáles son los cambios reales en la nueva Constitución? Por Julio Batista Rodríguez

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Este domingo 24 de febrero Cuba votará el nuevo proyecto de Constitución, un trámite que, según el actual Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, solo tiene un resultado previsto. “En 15 días tendremos aprobada la Constitución…”, había anunciado el mandatario cubano en su cuenta de Twitter desde el 11 de febrero.

No se trató de un exceso de optimismo. En los últimos dos meses el país ha vivido una sobredosis de propaganda política, o politiquería, a la vieja usanza republicana: posters, prendas de vestir, letreros en puertas, pegatinas en el transporte público y una escalada en redes sociales; todo ello a favor del “Sí” y con el visto bueno del Gobierno. Mientras, quienes defienden la opción del “No” solo han encontrado espacio en el entorno digital. En Cuba, aunque el discurso oficial trate de maquillarse de democracia, no se tolera el disenso político.

Tras meses de análisis del nuevo texto que se presenta a referendo, quedan muchas más interrogantes que respuestas concretas y, cuando restan apenas unas horas para que el país participe por primera vez en más de cuarenta años de un proceso de renovación constitucional, la gran pregunta sigue siendo: ¿cuáles son los cambios reales por los que votan los cubanos este 24 de febrero?

Es cierto que el actual proyecto amplía el diapasón de derechos enunciados en la Carta Magna. Pero ello no significa que los garantice, pues en la mayoría de los casos supedita el ejercicio de los mismos a las leyes que deberán redactarse en el curso de los siguientes dos años, tras ser aprobada la nueva Constitución. Tal es el caso, por citar algunos ejemplos, del tan discutido matrimonio entre personas del mismo sexo, o los relacionados con los derechos de prensa, de libre circulación, de reunión, manifestación y asociación.

Por otro lado, en muchos casos el texto solo trata de acoplar el mecanismo jurídico del país a la realidad que vive hoy la sociedad cubana, especialmente en los temas económicos relacionados con el sector no estatal; en ese sentido marcha el reconocimiento constitucional de la propiedad “personal” y cooperativa.

Sin embargo, uno de los principales vacíos del texto es el no reconocimiento de libertades políticas, limitando el derecho de una orientación política diferente a la pautada por el Partido Comunista de Cuba (PCC). Ello aniquila, al menos constitucionalmente, la posibilidad del disenso organizado en la Isla.

Ahora, si bien la mayoría de las discusiones populares se centraron en los deberes y derechos de los ciudadanos, los principales cambios, y también los principales estatismos en la nueva propuesta, no están del lado de la ciudadanía, sino en las estructuras estatales y gubernamentales. A tales cambios se dedican más de la mitad de los artículos del nuevo documento.

En ese sentido, de lo más llamativo es la aparición de las figuras del Presidente de la República y del Primer Ministro; especialmente por la elevada cuota de poder que detentará el Presidente y las escasos mecanismos de control popular que existirán para la fiscalización de su desempeño.

A ello se une que, el máximo cargo dentro de la estructura estatal cubana, no será elegido por el voto directo y secreto de cada ciudadano  como fuera planteado por miles de cubanos durante las consultas previas a la presentación del proyecto , sino que su postulación y elección se realizará en el seno de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Aunque las nuevas estructuras estatales presentadas en el proyecto sugieren una descentralización de las cuotas de poder al separar los poderes ejecutivos, legislativo y judicial (al menos nominalmente), tal imagen no pasa de ser un espejismo, pues el centro del poder político real en la Isla no cambia en lo absoluto

El papel del Partido Comunista, como órgano rector de la sociedad y el Estado, se mantiene inamovible dentro del nuevo texto constitucional. Tan intocable es el PCC en Cuba que, incluso, mantiene el mismo sitio que ocupaba en la Constitución de 1976: el quinto artículo.

De aprobarse el proyecto, ello supondría la permanencia en el poder de una organización elitista, plenipotenciaria y no democrática que maneja los destinos de Cuba a su antojo, y cuya actuación está por encima de las leyes del país. Incluso, por encima de la Constitución misma.

En general, este domingo los cubanos deberán decidir en las urnas si aprueban, o no, un proyecto que muestra poco avance en el terreno de las libertades civiles y que no garantiza el cumplimiento de numerosos derechos; pero que sí consigue consolidar el control del Partido Comunista y blindar las estructuras gubernamentales, fortaleciendo al Estado y no a los ciudadanos.

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