China

Las consecuencias del fin de la política del hijo único a cinco años de su fin

Archivo. Un hombre y una mujer hacen girar una cuerda para saltar a una niña en un parque de Beijing, el 31 de octubre de 2015.
Archivo. Un hombre y una mujer hacen girar una cuerda para saltar a una niña en un parque de Beijing, el 31 de octubre de 2015. AP - Mark Schiefelbein

En 2015, China puso fin a 36 años de la política del hijo único. Las consecuencias, manifiestas: un país que avanza a pasos agigantados en el proceso de modernización con una sociedad envejecida y una creciente escasez de fuerza laboral.

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Por Nerea Hernández desde Pekín para RFI

Este jueves se cumplen cinco años desde que el Partido Comunista de China decidiera poner en marcha una nueva política que permitiese a los ciudadanos chinos tener un segundo hijo. Los efectos fueron inmediatos en el 2016, con 18 millones de nacimientos, un incremento del 8% respecto al año anterior. Sin embargo, el crecimiento de la natalidad no se mantuvo. La tasa de natalidad, que en 2016 alcanzó el 12,95 por cada mil nacidos, cayó al 10,48 en 2019. Los cambios sociales y la apertura del país modificaron las prioridades de los jóvenes y las nuevas familias.

La mejora generalizada de las condiciones de vida de los ciudadanos -no en vano China está cumpliendo la meta de acabar con la pobreza extrema en este año- conlleva un mayor número de estudiantes universitarios y un incremento del empleo juvenil. Por lo tanto, los planes de formar familia se retrasan.

También se hace más complejo resolver el cuidado de los menores para quienes necesitan migrar a otras ciudades para encontrar mejores empleos. Con una generación de abuelos cada vez más mayores, más del 12% de la población tiene más de 65 años, los jóvenes encuentran menos alicientes para incrementar la familia.

Además, la vida, sobre todo en las ciudades, donde vive el 60% de la población china, se ha encarecido. Costes sanitarios y educativos se convierten en verdaderos obstáculos.

“Muchos padres están demasiado ocupados trabajando para cuidar de sus hijos, especialmente de la generación más joven. En segundo lugar, carecemos de un sistema universal de atención de salud pública, un sistema educación pública igualitaria y protección laboral. Por tanto, el costo de tener un hijo es muy alto”, explica Liu, un joven universitario de Pekín, a RFI.

Parece difícil cambiar estos nuevos rumbos, y no existen, al menos por el momento, ayudas sociales y económicas generalizadas que estimulen a incrementar la familia. Aunque, desde las instituciones sanitarias lanzan continuas campañas de fertilidad, destinadas a locales y extranjeros. El objetivo es apuntar a otros sectores maduros y acomodados de la sociedad, parejas de más de 35 años, que, en otros tiempos, no habrían sido destinatarios de estas políticas.

 

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