Ciencia

El robot Philae de Rosetta, un laboratorio en el espacio y una dicha en la Tierra

Reacción de Paolo Ferri (R), director de la mission Rosetta, mirando un video detrás de un modelo del robot Philae, después del aterrizaje exitoso.
Reacción de Paolo Ferri (R), director de la mission Rosetta, mirando un video detrás de un modelo del robot Philae, después del aterrizaje exitoso. Reuters

El robot de exploración Philae, que se separó de la sonda espacial europea Rosetta, se posó este 12 de noviembre sobre un cometa, un hito de la exploración espacial que permitirá 'a varias generaciones de científicos' estudiar los orígenes del sistema solar, dijo a RFI la doctora Luisa Lara, experta en exploración del sistema solar en el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

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Philae, el robot de Rosetta, se posó este miércoles sobre un cometa, una gran proeza técnica después de haber recorrido 6.500 millones de kilómetros en 10 años y ocho meses. El robot se desprendió de Rosetta como estaba previsto, según informó la Agencia Espacial Europea (ESA) en Darmstadt (Alemania). 

El aterrizaje ha sido un momento muy delicado, “una maniobra espacial complicada”, según los términos de Luisa Lara, experta en exploración del sistema solar en el Instituto de Astrofísica de Andalucía entrevistada por RFI.

“No es nada fácil aterrizar en el cometa porque éste tiene un núcleo bastante extraño. No es esférico ni elongado, como un balón de rugby. Tiene una forma parecida a los patitos de goma que tienen las madres para sus bebés. Eso origina un campo gravitatorio complejo. Entonces lo que hace Rossetta es que, en una determinada órbita, aproximadamente a unos 22 km de altura, no lanza realmente a Philae sino que simplemente lo suelta de sus tornillos”.

Al contrario de lo que uno podría imaginarse, el aterrizaje no se realizó a gran velocidad ni de manera violenta. Lo más parecido son las imágenes en cámara lenta, nos dice la astrofísica española: “Philae cae despacito, tarda unas siete horas en llegar a la cabeza de ese ‘patito’, que es el sitio donde se eligió aterrizar. Va a llegar con una velocidad muy lenta: a un metro por segundo, es decir, a la velocidad con la que los seres humanos caminamos en la calle. Es una operación muy suave. No es como, por ejemplo, cuando las sondas entran en la atmósfera de los planetas. Es todo muy suave, como en cámara lenta. El proceso es complicado pero ocurre a una velocidad muy lenta y por eso los peligros son menores”.

Philae, un completo laboratorio

Todo el espacio en Philae debe ser aprovechado. Los científicos hablan de “instrumentos-experimentos”. Son en total once. “Philae tiene once instrumentos u once experimentos. Las patitas que se van anclar en la superficie son unos tornillos que llevan en ellos un instrumento o un experimento para conocer propiedades de la superficie y de la sub-superficie, hasta unos 23 centímetros de profundidad. En la cámara Philae tiene otro instrumento u otro experimento que va analizar la composición del polvo que hay en la superficie. Tiene otro experimento que se va a dedicar a medir la estructura interna emitiendo señales de radio que las recibirá el orbital Rossetta en el otro extremo. Es un auténtico laboratorio y el espacio se ha utilizado para que sea útil científicamente”.

El cometa, que mide unos 4 kilómetros, se encuentra actualmente viajando entre las órbitas de Júpiter y de Marte. El módulo Philae permitirá explorar la parte sólida que por el efecto de la radiación solar genera la “coma” o cabellera y deja una cola visible de gases y polvo. “Esta es la primera vez en la historia de la humanidad y de la exploración espacial que tendremos conocimientos muy precisos de lo que ocurre en los primeros 20 o 30 centímetros en la superficie de un cometa que es donde se desarrolla la actividad, es decir, cuando se acerca el cometa al sol y arrastran polvo”, precisa la doctora Luisa Lara.

El interés de recolectar datos a este respecto radica en que “ese proceso no se conoce con certeza”, agrega la científica. “Los cometas son cuerpos muy primitivos del sistema solar, pasan mucho tiempo lejos del sol y contienen huellas o restos de los procesos que dieron lugar al origen del sistema solar, y muchos otros. Incluso se postula la posibilidad de que haya moléculas que trajeron la vida a la tierra en ellos. Entonces la información que da Philae sobre los primeros centímetros de la superficie del cometa son muy valiosos, son únicos en la historia de la exploración espacial, y nos permitirán a nosotros los científicos conocer un poco más cómo se formaron, cómo evolucionaron y probablemente qué moléculas muy complejas aportaron a la tierra en una época de bombardeo hace millones de años”.

En cuanto a la longevidad de Philae, Lara explica que “en el mejor de los casos, podrá vivir hasta marzo del próximo año, y se queda ahí. Ahora bien, el orbital Rossetta estará dando vueltas al núcleo cometario hasta finales del 2015. Es decir que veremos cómo el cometa se acerca al sol, empieza a desarrollar una cola muy bonita de gas y de polvo, veremos cómo se calienta, luego se aleja del sol, se enfría; todo ese polvo colapsa en la superficie y deja de ser activo. Es una empresa que va a durar más de un año y medio, casi dos años. (los científicos) estaremos como locos analizando datos para resolver preguntas que nos hemos planteado durante muchos años. Nos encontramos con la grata sorpresa, porque así es la ciencia, de que cuando intentamos responder una pregunta nos surgen otras cinco. Es una misión espacial maravillosa, con una duración muy larga. Y creo que va a proporcionar datos para varias generaciones de científicos”.

 

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