INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Llevar una mascarilla ya no protege del reconocimiento facial

Un ingeniero del grupo japonés NEC prueba un sistema que permite el reconocimiento facial a pesar de llevar una mascarilla, en Tokio, el 6 de enero de 2021.
Un ingeniero del grupo japonés NEC prueba un sistema que permite el reconocimiento facial a pesar de llevar una mascarilla, en Tokio, el 6 de enero de 2021. REUTERS - KIM KYUNG-HOON

Es un efecto inesperado de la pandemia de Covid-19. Con el uso generalizado de las mascarillas, los sistemas de reconocimiento facial se volvieron locos. Es difícil identificar a una persona cuando las tres cuartas partes de su rostro están ocultas. Pero la industria se puso rápidamente al día con nuevos algoritmos. La crisis sanitaria está incluso creando nuevos mercados.

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Con información de Nicolas Sanders, RFI.

En julio de 2020, las mascarillas no sólo protegían de la Covid-19, sino también de la Inteligencia Artificial. En ese momento, un estudio del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) de Estados Unidos demostró que los algoritmos de los programas de reconocimiento facial no eran lo suficientemente sofisticados como para identificar a las personas que llevaban mascarillas, ya fueran de papel o de tela.

Según los resultados recopilados por la agencia estadounidense a partir de un centenar de programas informáticos de uso más frecuente en el mundo, su tasa de error aumentó del 5% al 50% debido a los tapabocas. Sin mascarilla, la tasa de error se sitúa en torno al 0,3%. Los autores del estudio también observaron que cuanto más alta se lleva la mascarilla sobre la cara, menos fiable es el algoritmo. Lo mismo ocurre con las mascarillas negras, que generan más errores que las quirúrgicas azules o blancas.

La mayoría de los expertos están de acuerdo en que esto no es sorprendente. Un algoritmo de reconocimiento facial funciona midiendo la distancia entre tres rasgos esenciales: ojos, nariz y boca. Al ocultar estos dos últimos puntos de referencia, la mascarilla, que ocupa aproximadamente el 70% del rostro, dificulta mucho la medición.

Perturbar un algoritmo con un trozo de papel

¿Bastarían unas gafas de esquí y un trozo de papel para perturbar la altísima tecnicidad de los algoritmos de la Inteligencia Artificial? En su evaluación, el NIST retuvo un factor principal, el número de caras coincidentes que escapan al algoritmo.

Pero según el último estudio publicado por el NIST el pasado mes de noviembre, el coronavirus ha motivado a los desarrolladores de programas de reconocimiento facial. "Algunos desarrolladores presentaron algoritmos después del inicio de la pandemia que mostraron una notable mejora en la precisión y ahora están entre los más precisos en nuestras pruebas", dicen los investigadores. La tasa de error se habría reducido a un nivel mucho más bajo, algo menos del 5%.

En un contexto altamente competitivo –con mercados muy lucrativos– en el que todas las empresas compiten por el mejor software, los actores del reconocimiento facial han centrado su atención en cómo superar el uso generalizado de los tapabocas. "La crisis sanitaria es un laboratorio a escala real para el reconocimiento facial, que permite mejorar las inteligencias artificiales", afirma Olivier Tesquet, periodista de la revista Télérama, especialista en nuevos métodos de vigilancia y autor del libro État d'urgence technologique (Estado de emergencia tecnológica) que saldrá el 4 de febrero.

Así lo confirma Laurent Lepetit, responsable de valorización tecnológica en id3, una empresa francesa que ha desarrollado varios productos de verificación de identidad: "Todos nuestros equipos fueron desviados de sus tareas habituales para trabajar en un nuevo programa".  La empresa consiguió en pocos meses desarrollar una solución que permita el reconocimiento facial a pesar de las mascarillas. El sistema empieza por identificar si la persona lleva o no un tapaboca, y si es el caso, se utiliza un programa específico para verificar la identidad, "un sistema periocular que sólo tiene en cuenta la parte visible de la cara, es decir, los ojos", explica Laurent Lepetit.

"Estamos pasando de un mercado de la seguridad a un mercado sanitario"

Detectar si las personas llevan o no un tapaboca no es en sí el objetivo del servicio que vende id3, pero otros actores del mercado no dudaron en posicionarse en este nicho. Es el caso de CyberLink, una empresa taiwanesa que opera en todo el mundo con una solución llamada FaceMe. "En octubre de 2020, lanzamos FaceMe Health, un módulo de reconocimiento facial independiente que verifica el uso de mascarilla facial, mide la temperatura corporal del sujeto y lo identifica", detalla Lara Gerhard, directora de marketing de la empresa.

"Lo que resulta muy llamativo de la crisis sanitaria", comenta Olivier Tesquet, "es que empresas que ayer ya estaban bien establecidas en mercados de la seguridad están creando nuevos productos que se venden con otros fines; estamos pasando de un mercado de la seguridad a un mercado sanitario". A la amenaza terrorista, a menudo invocada para legitimar los sistemas de reconocimiento facial, se ha unido la amenaza del virus.  "Estamos pasando de la seguridad, la primera de las libertades, que es una palanca muy poderosa para generalizar y banalizar los equipos tecnológicos de vigilancia, a la salud, la primera de las libertades, que es una palanca aún más poderosa para banalizar estas herramientas", prosigue Tesquet.

Francia experimenta

Actualmente, tanto en Francia como en Europa, el reconocimiento facial en tiempo real en la vía pública no está autorizado, con algunas excepciones. Que se trate de autentificación o de identificación, el reconocimiento facial es un sistema que todavía se está desarrollando de forma experimental. En Francia, "las autoridades locales tienen la posibilidad de experimentar, de probar suerte, con la posibilidad de que un tribunal o la CNIL [Comisión Nacional de Informática y Libertades] les diga de pararlo todo", señala Olivier Tesquet.

Así, se realizó un experimento durante el Carnaval de Niza de 2019 con un programa israelí diseñado para identificar supuestos individuos radicalizados. En este ensayo, los participantes eran todos voluntarios.

Durante el primer confinamiento, en marzo y abril de 2020, el Ayuntamiento de Cannes recurrió a los servicios de la empresa Datakalab para comprobar si los habitantes llevaban o no mascarillas en la vía pública. Un "experimento" realizado también en la capital por la misma empresa, en la estación de trenes RER de Châtelet-Les Halles. El objetivo era contar las personas que llevaban tapabocas, no identificarlas formalmente, pero la CNIL detuvo por completo el experimento parisino.

Los sistemas de reconocimiento facial permiten el tratamiento de datos a distancia y potencialmente sin que las personas concernidas sean informadas. Dado que esta tecnología "sin contacto" plantea cuestiones sin precedentes sobre opciones de sociedad, la CNIL pidió un gran debate democrático sobre el tema en 2018. Ausente en el reciente proyecto de ley sobre seguridad global adoptado por la Asamblea Nacional francesa el pasado mes de noviembre, el reconocimiento facial en el país galo tendrá que encontrar su marco legislativo, si es posible antes del 2024 y los Juegos Olímpicos organizados en París. Hay mucho en juego, con un mercado valorado en varios miles de millones de euros.

 

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