Con el Seis Naciones, el rugby europeo inicia su reconstrucción

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París (AFP)

Sin representantes en las semifinales del último Mundial por primera vez en la historia, el rugby europeo inicia este fin de semana, con el Torneo Seis Naciones, un periodo de reconstrucción que le permite volver a competir con las naciones del Hemisferio Sur.

Tras fracasar en 'su' Mundial, quedándose fuera de los cuartos de final por primera vez en la historia, los dirigentes del rugby inglés decidieron hacer limpieza, despidiendo al técnico Stuart Lancaster y poniendo el equipo en manos del australiano Eddie Jones, que se convirtió en el primer seleccionador extranjero de la historia del XV de la rosa.

Segundo clasificado en las últimas cuatro ediciones del Seis Naciones y con un solo título en la última década, Inglaterra buscará con Jones recuperar el trofeo y, sobre todo, encontrar una identidad a su juego.

"No buscamos copiar a Nueva Zelanda o Australia. Queremos ser Inglaterra", ha declarado el 'coach' australiano, que llevó a Japón a una victoria histórica ante Sudáfrica en el último Mundial.

Una de sus primeras decisiones fue nombrar capitán a Dylan Hartley, un jugador famoso por sus numerosos actos de indisciplina, en lugar de Chris Robshaw, muy criticado por su papel en el Mundial.

En situación parecida se encuentra Francia, la otra gran potencia económica de este deporte y que también busca recuperar sus orígenes tras un mal Mundial coronado con la histórica debacle ante los All Blacks en cuartos de final (derrota 62-13).

- Regreso a los orígenes -

Guy Noves, el entrenador que hizo del Toulouse (de 1993 a 2015) el equipo con mejor palmarés de Francia y con el juego más atractivo de ver, ha sido el designado para aplicar esa fórmula a un XV del Gallo que hace años que dio la espalda al 'rugby champagne' que le dio la gloria.

Al igual que Inglaterra, Francia ha comenzado su regeneración por un cambio en el banquillo y de capitán del equipo: Guilhem Guirado ha sustituido a Thierry Dusautoir, retirado internacionalmente.

Pero los cambios no se circunscriben solo a la capitanía y Noves puede presentar un equipo con muchas novedades y varios debutantes, con el fin de que se vayan fogueando para que lleguen a su madurez en 2019, cuando se celebre el próximo Mundial en Japón.

Menos dudas tienen los dos últimos ganadores del Torneo: Gales (2012 y 2013) e Irlanda (2014 y 2015).

Los Dragones apuestan por la continuidad, con el incombustible Warren Gatland como seleccionador desde 2007 y con contrato hasta 2019.

Pese a las numerosas bajas por lesión con las que afrontaron la cita mundialista, los galeses eliminaron a los ingleses en la primera fase y en cuartos estuvieron a punto de echar a Sudáfrica (derrota por 23-19), por lo que no es de extrañar que el XV del Puerro siga apostando por un grupo que le ha convertido en el mejor equipo europeo en los últimos años.

- La evolución del campeón -

Campeón en los dos últimos años, Irlanda se presentó en el Mundial como principal baluarte del rugby europeo y en la primera fase respondió sin fallo, pero la contundente derrota ante los Pumas en cuartos (43-20), tiene que hacer ver al seleccionador Joe Schmidt y a los responsables del rugby irlandés que su juego debe evolucionar para poder medirse de igual a igual a las potencias de este deporte.

Como es habitual en los últimos años, Escocia e Italia se presentan como las comparsas del torneo, aunque el gran papel del XV del Cardo en el último Mundial, donde se quedó a las puertas de pasar a semifinales (perdió contra Australia por 35-34) puede hacer soñar a sus aficionados con luchar por un trofeo que no conquistan desde 1999, es decir, desde la última edición del V Naciones.

En su contra juega la dificultad de encontrar talento cuando el número de licencias en Escocia es la mitad que en Gales o Italia y una cuarta parte que en Irlanda.

Desde que entró a formar parte de este selecto trofeo en 2000, el mejor papel de Italia ha sido dos cuartos puestos en 2007 y 2013, siendo última en 9 ediciones (de 16), y sus resultados en los últimos años, incluida la eliminación en la primera fase en el último mundial, no ayudan a ser optimista ante una selección cuya integración a la élite es mucho más lenta de lo que se aventuraba hace casi dos décadas.