El voluntariado, el hobby de un grupo de adolescentes húngaros

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Tomor (Hungría) (AFP)

Con su cabello teñido de rubio, sus pulseras y sus vaqueros agujereados, Domonkos Sera -Domi para los amigos- parece más un rockero punk que un fundador de una obra benéfica.

Pero, lejos de la imagen del adolescente centrado en sí mismo y pegado a su teléfono, este estudiante de secundaria de Budapest pasa su tiempo libre dando vida a la asociación de voluntarios que creó para ayudar con ropa, alimentos y juguetes a las comunidades desfavorecidas, los 'sin techo' y los orfanatos de Hungría.

"Ayudar a la gente es mi pasatiempo, lo que me sienta bien", afirma este adolescente de 17 años mientras carga mercancías en el aparcamiento de un supermercado ubicado a 200 kilómetros de su casa.

Domi dedica la mayoría de los fines de semana a este tipo de actividades. Y, el objetivo que se plantea "antes de los 30 años" es el de erradicar la pobreza en este país de 10 millones de habitantes. "Nuestra acción es una gota de agua en el océano, pero hay que comenzar por algo", reconoce filosóficamente Domi.

El año pasado, participó en la acogida de los miles de migrantes que pasaron por Hungría camino del norte de Europa, hasta que el Gobierno ultraconservador de Viktor Orban cerrara sus fronteras. "Los refugiados dejaron de llegar, pero yo no quería dejarlo todo porque había mucho entusiasmo", explica.

La red que formó para ayudar a los refugiados le permitió obtener preciosos consejos jurídicos y contables para administrar su pequeña ONG, bautizada Most ('Ahora', en húngaro).

Trabajar como voluntario en la adolescencia no es algo singular. En Estados Unidos, más de una cuarta parte de la población de entre 16 y 19 años declaró haberlo practicado en al menos una ocasión en 2014, una tasa algo superior a la media nacional, según un informe gubernamental estadounidense.

- La pobreza de cerca -

Varios estudios han demostrado que las redes sociales favorecen la movilización y las iniciativas solidarias entre los jóvenes.

Los casos en que las iniciativas provienen de adolescentes son, no obstante, más raras y excepcionales en Hungría, donde las acciones caritativas son más bien incipientes.

Domi afirma incluso haber sido insultado en la calle por lucir su brazalete de voluntario en un país donde los pobres, en particular la comunidad gitana, son vistos con mucha suspicacia.

Mihaly Csako, sociólogo especializado en la juventud, ve en esto un desafío a "la herencia de cuatro décadas de comunismo en Hungría, una época en que la gente se volvía paranoica ante la idea de vincularse con cualquier asunto fuera de su ámbito familiar". En los estudios que él mismo realizó desde 2005 sobre los valores de los jóvenes húngaros, "la solidaridad social y el altruismo estaban en la parte más baja de la lista", explica.

A una hora de camino desde el supermercado, a lo largo de rutas muy poco mantenidas, la camioneta conducida por el padre de un amigo llega a Tomor, un pueblo cerca de las fronteras con Eslovaquia y Ucrania.

La harina, el arroz, el aceite, el azúcar y la ropa de segunda mano enviados por los contactos de Domi en Alemania están destinados a 30 familias, sobre todo gitanos de los alrededores de Szakácsi, la localidad estadísticamente más pobre de Hungría.

Su socio en Tomor, Laci Siroki, se entusiasma: "Trabajo con voluntarios desde hace 20 años y es la primera vez que veo a tantos jóvenes".

"Vamos adonde las necesidades son mayores", explica Mark Takats, aspirante a poeta de 17 años, que desea integrar esta iniciativa a otros adolescentes, demostrando que "practicar el voluntariado está muy bien".

Ahora preparan un fin de semana de actividades con niños hijos de refugiados en Austria. "Nos divertimo, y esto es también la magia de esta historia", observa Dani Lakatos, a quien le gusta tanto "ayudar, como jugar al fútbol o a los videojuegos y salir de marcha".

Y eso a pesar de que la situación es grave e impacta a estos jóvenes voluntarios provenientes muchos de ellos de un instituto de estudios de clase media acomodada de la capital húngara. "Yo solamente había visto tanta pobreza en la televisión", reconoce Mark.