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Un cine costarricense en auge busca romper sus propias fronteras

4 min
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San José (AFP)

El cine experimenta en Costa Rica un auge inédito, medido no solo por el número de producciones sino también por su calidad e impacto económico, pero el crecimiento está generando desafíos que el sector afronta con limitados recursos.

"Durante el siglo XX solo se realizaron nueve largometrajes, el último en 1987 ('Eulalia', de Óscar Castillo). Pasaron 14 años para que se exhibiera otro largometraje en pantalla ('Asesinato en el Meneo', 2001)", del mismo director, cuenta a AFP María Lourdes Cortés, integrante de Cinergia, una ONG que promueve la producción audivisual en Centroamérica y El Caribe.

Sin embargo, en los últimos 15 años se han producido 50 largometrajes, además de numerosos documentales, animaciones y videojuegos, afirma la especialista en cine, gestora y académica.

Solo en 2015, se estrenaron 11 películas y para este año están programadas otras 14, según el director del estatal Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, Fernando Rodríguez.

Pero a la cantidad corresponde un desarrollo cualitativo: "El nuestro es un cine que ha hecho grandes progresos desde el punto de vista técnico: el manejo de cámara, el sonido, la fotografía", aseguró Rodríguez.

El año pasado, la comedia 'Mikol Yordan de viaje perdido' logró la mejor taquilla en la historia nacional: 800.000 espectadores en salas de cine, lo cual resulta notable en un país de apenas 5 millones de habitantes.

- Fortalezas y debilidades -

Cortés estima que a este empuje han contribuido la reducción de costos por las nuevas tecnologías, la formación de un contingente de cineastas que han estudiado en el exterior, especialmente en Cuba, así como la apertura de escuelas de cine y televisión en universidades públicas y privadas del país.

Pero también, y de manera muy significativa, la creación de fuentes de financiación que se han abierto a los creadores talentosos, el primero de los cuales fue precisamente Cinergia, que desde 2004 ayuda a costear proyectos en Centroamérica y Cuba con fondos de la cooperación internacional.

Posteriormente, Costa Rica se sumó al proyecto Ibermedia, uno de los programas de la Comunidad Iberoamericana, integrada por España, Portugal y 17 países latinoamericanos, que también contribuye económicamente al impulso de proyectos audiovisuales.

Finalmente, el propio Gobierno de Costa Rica integró el año pasado el programa 'Fauno', dotado con un fondo de medio millón de dólares para estimular las producciones.

Aún así, la pequeñez del mercado local es una limitación difícil de remontar, admiten los analistas. "Es una cuestión aritmética innegable, hacer una película en Costa Rica cuesta exactamente lo mismo que hacerla en México, Colombia o Argentina. La diferencia está en que al exponerla al público, ellos tienen decenas de millones, nosotros cinco", explica a AFP Hernán Jiménez, director de películas como 'A ojos cerrados' y 'El regreso'.

La clave para remontar esta limitación está en un desarrollo del cine "hacia afuera", lo cual confronta al cine costarricense con algunas de sus debilidades más importantes.

- Universalidad vs. localismo -

Recientemente, el Centro de Producción Cinematográfica firmó con la Cancillería un convenio para establecer en las embajadas un catálogo de producción audiovisual costarricense, que pueda ser fácilmente aportado a muestras o festivales en el extranjero.

La iniciativa aún se encuentra en ciernes, pero según el director de la entidad, Fernando Rodríguez, es parte de los esfuerzos por abrir ventanas al mundo a una industria que cada vez más impacta la economía nacional.

Según el funcionario, la producción audiovisual en su conjunto, incluyendo cine, documentales, publicidad y videojuegos, entre otros, representa el 2,1% del Producto Interior Bruto (PIB), aporte similar al que hacen en conjunto tres de los principales productos agrícolas de exportación como la piña, el café y el banano.

Sin embargo, ir a la conquista de nuevos espacios, regionales o mundiales, obliga al cine costarricense a superar las debilidades que aún arrastra, la principal de la cuales es la poca fuerza y universalidad de sus historias, así como el número aún reducido de actores experimentados.

"Las debilidades casi siempre están en las historias", asegura Cortés; "hacen falta actores menos acostumbrados al teatro y más diestros para el cine", admite Rodríguez.

"Todos debemos mejorar, entender que seguimos lejos de ser una industria consolidada, y aprender a escribir mejor, pues creo que ahí está el origen del problema", concluyó Hernán Jiménez, uno de los directores emblemáticos de la nueva generación de cineastas costarricenses.

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