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Una mirada a la infancia de Mohamed Ali

4 min
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Louisville (Estados Unidos) (AFP)

Para comprender por qué Mohamed Ali se convirtió en leyenda es necesario bucear en la historia de su ciudad natal, Louisville, y escuchar hablar a los testigos de la época que sufrieron la segregación racial.

Estamos en los años 1950. Dwight Eisenhower ocupa la Casa Blanca. Nacido en 1942, el joven Cassius Clay reside en el 3302 de la Grand Avenue.

Es un barrio de clase media donde viven abogados y médicos. Pero es sobre todo un barrio de negros.

La casa de los Clay es modesta. La familia está orgullosa del pequeño lago de peces rojos que inunda su jardín.

El futuro triple campeón del mundo comparte su habitación con su hermano pequeño, Rudolph. Sus padres duermen en el único otro cuarto de la casa.

El padre, pintor de vallas publicitarias, tiene buena reputación por su sentido artístico. La madre desborda cariño, según sus vecinos.

Cassius y Rudy Clay son criados según preceptos bautistas. Aún no se llaman ni Mohamed ni Rahman Ali.

Son los mejores amigos del mundo, adoran comer helados y llaman la atención en su escuela para negros por su altura, superior a la media.

Ambos han convivido siempre con la separación natural de las personas en función del color de su piel y, a su corta edad, no le dan demasiadas vueltas.

"Los negros no eran iguales que los blancos pero nos hacíamos a la situación. Nos quedábamos entre nosotros. Las cosas eran así", asegura Rahman Ali, de 72 años, en una entrevista con la AFP.

A mediados del siglo XX, la economía de Louisville, la principal ciudad del Estado de Kentucky -cuna del bourbon- se ha recuperado de los difíciles años de la prohibición.

- La alta sociedad -

Las bellas damas estadounidenses suben la calle Cuarta, la más animada de la ciudad, donde la alta sociedad se va de compras.

Los bares y restaurantes están estrictamente reservados a los blancos. Los negros intentan pasar desapercibidos y a menudo se cambian de acera para no ser llamados "negratas" (en francés "nègre" y en inglés "nigger", forma despectiva de referirse a los negros).

"No teníamos permitido probarnos la ropa en algunas tiendas ni sentarnos en una cantina para comer. Si comprábamos algo, lo pagábamos esperando que nos sirviera", recuerda Joanna Smith, que estudió en el mismo colegio que Cassius.

En Louisville, como en tantas ciudades estadounidenses, los negros deben viajar en la parte trasera de los trenes y los autobuses, y beber en las fuentes públicas con la leyenda "Colored" (de color).

En la época, la celebridad local es el coronel Harland Sanders, un hostelero cuya imagen sigue siendo el logo de la archifamosa cadena de comida rápida Kentucky Fried Chicken (KFC).

La señora Smith, una directora de escuela retirada, relata la humillación que vivió a los 6 o 7 años, un día en el que caminaba con su hermana mayor por la calle Cuarta.

"Fuimos a McCrory's, una tienda muy popular por sus precios únicos. Estaba tan cansada que mi hermana me elevó para sentarme en un taburete. Entonces, alguien dijo: 'no debe sentarse aquí'."

- Helado de chocolate y vainilla -

La tienda tuvo que cerrar sus puertas. Igual que el gran almacén Stewart's, el más 'chic' de la ciudad. En los años 50, su salón de té, bautizado como el Orchid Tea Room, era muy concurrido. Las mujeres blancas entraban ataviadas con sus guantes y sombreros.

Más al sur, en esa misma calle, se encuentra el imponente hotel Brown, cuyo libro de visitas fue firmado en su inauguración en 1923 por el ex Primer Ministro británico David Lloyd George. Varias generaciones de blancos bailaron sobre sus suelos de cristal.

Es en esa arteria donde se abrió en 1928 el teatro Loew, cuya exuberante fachada rococó llamaba la atención por sus múltiples colores. De nuevo, estaba reservado exclusivamente para los blancos.

Y la lista continúa. ¿El parque de atracciones Fontaine Ferry, con su pista de patinaje y sus montañas rusas? Prohibido para los negros. ¿La farmacia Walgreens? También.

¿Qué pensaba entonces el pequeño Cassius, que estaba entrando en la adolescencia? Se conoce por los menos uno de sus sueños: una bicicleta roja de la marca Schwinn... que acabaría teniendo antes de que se la robaran. Enfadado, le mandan a hablar con el policía Joe Martin, a quien promete que va a "pegar" al culpable.

El agente, que acude asiduamente al gimnasio Columbia, le aconseja que aprenda a servirse de sus puños.

Y ahí nació la transformación de Cassius. Se levanta a las 5 de la mañana para correr en el parque Chickasaw, el único jardín público autorizado para los negros. Se mide al esprint contra autobuses. La máquina había echado a rodar y ya nadie la detendría.

"Si pido un helado de dos bolas de chocolate y vainilla, os apuesto lo que queráis a que siempre pondrán el chocolate debajo y la vainilla por encima", declaró un día la leyenda del boxeo.

Pero, 62 años después del robo de su bicicleta, un negro vive en la Casa Blanca. Louisville no debe avergonzarse por sus esfuerzos para acabar con la segregación. Y Mohamed Ali será enterrado el viernes convertido en héroe para los negros y los blancos de la ciudad.

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