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La vuelta de los salafistas a la arena política en Marruecos

3 min
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Rabat (AFP)

Es una vuelta discreta pero llamativa. Un puñado de salafistas se presentan en las listas de varios partidos a las elecciones legislativas del viernes en Marruecos, una reintegración política fomentada desde hace varios años por el rey.

Son sólo unas decenas de unos 7.000 candidatos y hay ausencias notorias.

Mohamed Fizazi, una figura del salafismo marroquí, no se ha presentado.

La candidatura de Hamad Kabaj, del PJD (partido islamista al frente del gobierno de coalición desde 2011), fue invalidada por "extremismo".

Pero sí figura el emblemático Abdelwahab Rafiki, alias 'Abu Hafs'. Este expredicador fue condenado a 30 años de cárcel después de los atentados islamistas de Casablanca en 2003 (45 muertos). Fue indultado en 2012 y se presenta por el Istiqlal, el partido nacionalista histórico.

Algunos integran las listas más insospechadas.

Según la prensa local, incluso los socioliberales del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que alardean de ser un escudo contra el islamismo, han intentado ganarse al viejo jeque Al Maghraui, famoso por haber dictado una 'fatua' que autoriza las bodas con niñas de 9 años.

Al igual que Abu Hafs, varios de los candidatos salafistas pasaron por la cárcel después de los atentados de Casablanca. Sólo los rehabilitados por los tribunales pueden presentarse a los comicios, lo que ha contribuido a limitar las candidaturas.

Para los partidos, se trata de ganar electores en una sociedad todavía muy conservadora.

- Nuevo enfoque -

El salafismo, doctrina que preconiza la vuelta al islam de los orígenes, está muy arraigado en Marruecos, donde participó en la lucha por la independencia.

En los años 1990, surgieron los primeros partidarios de la yihad armada, con ideólogos como Fizazi y el jeque Omar Haduchi.

Estuvieron en la cárcel y, tras su salida, han declarado públicamente su arrepentimiento y lealtad al "comendador de los creyentes", el rey Mohamed VI.

Después de la represión por los atentados de Casablanca (unas 8.000 detenidos), la revuelta callejera de 2011 (versión marroquí de la Primavera árabe) marcó el comienzo de las primeras liberaciones de presos salafistas.

Muchos de ellos fueron indultados por el rey y se reinsertaron.

"Estos indultos muestran una mejora en las relaciones entre el régimen y algunos dignatarios salafistas y una refundación parcial del enfoque del gobierno en la lucha contra el extremismo", según un análisis de la Fundación Carnegie.

El enfoque "consiste en promover formas marroquíes del sufismo y sus hermandades, como un contrapeso" al extremismo.

Pero estas cofradías, como la Buchichiya, "no están politizadas y finalmente se ha visto que, pese al apoyo del Estado, no son capaces de proporcionar una corriente socio-religiosa lo suficientemente fuerte como para constituir una alternativa al salafismo, sobre todo a su vertiente yihadista".

En realidad, los salafistas "siempre han sido un arma del Estado para combatir a los islamistas o a los izquierdistas", según el profesor universitario Abdelhakim Abulluz.

Hay dos fechas clave de la reinserción: la visita real en 2014 a una mezquita en la que predicaba Fizazi y un seminario en 2015 del Consejo supremo de los ulemas (sabios religiosos), dedicado al "concepto" del salafismo, de cuyas conclusiones se informó al rey.

"Existe una voluntad del palacio (real) de mostrar que los salafistas, que vilipendiaban al rey, han vuelto al redil. Por eso hay que recompensarlos", analiza el historiador Pierre Vermeren.

"Ha sido un proceso largo: insultaron a la monarquía, favorecieron los atentados, fueron juzgados y condenados, y luego liberados, se arrepintieron y reconocieron la encomienda de los creyentes. Y ahora preparan su reintegración en la vida pública", enumera Vermeren.

El objetivo estratégico es "dispersar las voces del electorado islamista en las legislativas e intentar desinflar la burbuja PJD", según Vermeren.

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