La fiebre nacionalista, propagada por los monjes, corroe Birmania

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Rangún (AFP)

El papa Francisco llegó este lunes a una Birmania en plena fiebre nacionalista budista, la causa profunda que en pocas semanas impulsó al éxodo de más de 600.000 musulmanes rohinyás.

"Nuestras ideas se han extendido hoy a la gran mayoría de la población", se congratula el monje extremista Ottama, dirigente del movimiento MaBaTha, punta de lanza del sentimiento antimusulmán.

Para él, la visita del papa -la primera de un pontífice católico a Birmania- no cambiará nada, aunque hable de paz y fraternidad, incluso con la comunidad musulmana.

"No comprendo por qué viene, en pleno conflicto. Mucha gente dice que viene por los bangladesíes", se lamenta Nyo Nyo Aung, monje radical, usando un término peyorativo para referirse a los musulmanes rohinyás.

Para estos monjes extremistas y para una gran mayoría de la población, Birmania es "una frontera" que hay que defender y los musulmanes, los enemigos.

"Hace 50 años, había solamente un 12% de musulmanes en Birmania y ahora representan el 38% de la población", afirma Ottama, citando cifras que no se corresponden con las del censo, que estiman en menos del 5% la población musulmana.

"Si esto sigue así, van a apoderarse de nuestro país en los próximos 50 o 100 años. Y nuestro pueblo y nuestra cultura desaparecerán", añade. Su movimiento MaBaTha congrega a monjes que luchan contra la islamización de Birmania.

"No se puede confiar en los musulmanes. No hacen política para participar en el bienestar general, sino para hacerse solapadamente con el control del país", asegura por su lado la figura carismática del movimiento, el monje Wirathu.

El gobierno civil de la exícono de la democracia, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, ha intentado, desde su llegada al poder, en abril de 2016, atajar la creciente influencia de este movimiento, prohibido por el clero budista en mayo pasado.

A pocos días de la visita del papa, uno de los monjes ultranacionalistas más mediáticos fue detenido por organizar una manifestación antirohinyá frente a la embajada de Estados Unidos en 2016. Pero el efecto de todo ello es limitado.

"El virulento nacionalismo budista que emerge en Birmania es un importante problema de sociedad y una amenaza para la coexistencia de múltiples etnias y religiones del país", opina en un informe el centro de análisis International Crisis Group (ICG).

- Budismo, identidad nacional -

Los brotes de violencia en el oeste del país, desde finales de agosto, impulsaron a más de 600.000 musulmanes rohinyás a huir a Bangladés, país de mayoría musulmana.

"La inmigración masiva en la época de la colonización ha generado un nacionalismo amargo y defensivo, que sigue estando en el ADN político de Birmania", considera el historiador Thant Myint-U.

Para la mayoría bamar, a la que pertenecen las dos terceras partes de la población birmana, el budismo es parte integrante de la identidad nacional. En la época de la junta militar, las minorías cristiana y musulmana era oprimidas y estigmatizadas.

En 2012, los disturbios religiosos provocaron más de 200 muertos en el país, principalmente musulmanes.

Cuando el país se abrió, después de 2011, emergieron en el mundo los grupos terroristas islamistas, cuyos atentados son ampliamente comentados en las redes sociales birmanas, explica Thant Myint-U.

Hoy, los prejuicios y la hostilidad que generan los musulmanes rohinyás son compartidos por una gran mayoría de la población.

Muchos birmanos se han ofuscado así por la manera en que la prensa y la comunidad internacional tratan la crisis en su país. Y rechazan las acusaciones de Naciones Unidas de "depuración étnica".