La adicción a la heroína causa estragos en Marruecos, feudo del cannabis

4 min
Anuncios

Tetuán (Marruecos) (AFP)

En medio de desechos, cerca de la ciudad costera de Tetuán, unos drogadictos se inyectan y fuman heroína, una plaga que azota el norte de Marruecos, gran productor de cannabis y conocido por las redes de contrabando.

Rachid asegura que su vida se reduce a "inyectarse heroína". "Me pincho cuatro o cinco veces por día", afirma este hombre de 34 años con respiración irregular y un hilo de baba en la comisura de los labios.

Muestra sus brazos, marcados desde hace diez años por los pinchazos, e inhala pegamento para "prolongar su estado de euforia".

Junto a él, media docena de toxicómanos, algunos con cortes en los brazos, se pinchan o fuman heroína en un terreno de okupas situado detrás de una comisaría en M'diq, cerca de Tetuán.

El potente opiáceo que calientan en una hoja de aluminio se vende por entre 2,8 y 6,5 euros (entre 3 y 7 dólares) la dosis (la décima parte de un gramo).

Como cada semana, un equipo de la Asociación de Lucha contra el Sida (ALCS) los visita para repartir jeringas desechables y hacer prevención sobre enfermedades como el sida o la hepatitis.

La venta y consumo de heroína están prohibidos en Marruecos y se castigan con penas de cárcel y/o multas, pero debido a los esfuerzos de la ALCS "es muy raro que se detenga a usuarios por consumo personal", se alegra el doctor Mohamed El Jamas.

Éste dirige el programa de "reducción de riesgos" lanzado por la ALCS en 2009, que combina acciones de sensibilización, distribución de material y detección. "La idea no es moralizar, sino acompañar al usuario para reducir los efectos nefastos", dice Jamas.

- "Ruta del cannabis" -

En esta región conocida mundialmente por el cannabis cultivado en las montañas del Rif, el consumo de heroína es bastante reciente pero progresa exponencialmente, según los expertos.

"Es una prioridad de salud pública, sobre todo porque la heroína que se vende es de pésima calidad: está mezclada con talco, paracetamol y pegamento", alerta Khammas.

El prototipo de consumidor es un "hombre de 30 a 35 años, nada o poco instruido, soltero, que nunca ha trabajado o que ejerce una actividad ocasional", según un informe del Observatorio Marroquí de Drogas y Adicciones.

Las ciudades de Tetuán, Tánger y Nador, cercanas a la costa europea y a los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, son las más afectadas.

La difusión de la heroína se debe a la "movilidad de los usuarios de las drogas" entre el sur de Europa y el norte de Marruecos, y la llegada de traficantes de América Latina que usan "las rutas del cannabis bien establecidas" para introducir cocaína y heroína en Europa, precisó en el informe.

Según miembros de asociaciones, "los barones de la droga también intercambian heroína por cannabis en el Rif".

Se desconoce cuántos heroinómanos hay. Según la ALCS, sólo en Tetuán, con 380.000 habitantes, habría "varios miles de fumadores y de gente que se inyecta".

- "Bajo tierra" -

Con mochila y gorra, Hasna, de 46 años, distribuye material a los consumidores en el M'diq. "Los incitamos a no usar la misma jeringa, los acompañamos a los centros de atención médica e intentamos convencerlos de que se cuiden", declara esta mujer, miembro de ALCS.

Rachid es "incapaz de desengancharse". Le gustaría tener acceso a la metadona, que se administra como sustituto de sustancias adictivas. "Es lo que pedimos", comenta con dificultad. La distribuye el centro de tratamiento de adicciones de Tetuán pero en "cantidad insuficiente", afirma.

"El estado de abstinencia es terrible, tenemos calambres, angustia", afirma su compañero Mohamed, de 24 años y piel amarillenta, con una jeringa pinchada en el brazo izquierdo, lleno de tatuajes.

Cada noche, un vehículo médico de la ALCS se estaciona en un lugar distinto. A bordo se encuentra un equipo formado, entre otros, por un médico y un enfermero.

Una vez por semana el equipo se desplaza por la noche a los alrededores de un cementerio al que suelen acudir los toxicómanos.

Uno de ellos, Said, de 56 años, dice haberlo "perdido todo" a causa de la heroína. "Estoy tocando fondo".

"Lo más duro es a nivel social", asegura Abdelilah, de 37 años. "He adelgazado 30 kilos por culpa de esta porquería. Cuando un viejo conocido se topa conmigo en la calle, aparta la vista".