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Carrusel de las Artes

Flamenco, baile, respeto y herencia

Audio 07:48
El guitarrista Diego El Morao.
El guitarrista Diego El Morao. http://arteflamenco.landes.org/
Por: María Carolina Piña
10 min

El 25º Festival Arte Flamenco de Mont-de-Marsan es el lugar donde convergen cada año los mejores exponentes del género, artistas que en su mayoría perpetúan la tradición flamenca de generación en generación.  

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El centro cultural de Mont-de-Marsan se ha convertido por espacio de una semana en una escuela de flamenco. Desde la mañana, el taconeo se mezcla con el sudor. El ojo crítico y experto de Juan Manuel Fernández Montoya, alias 'Farruquito', uno de los atractivos de la 25ª edición del Festival Arte Flamenco, quien dirige una clase magistral de baile para aficionados al flamenco.

El joven bailaor no es tacaño en explicaciones. Con sonrisa franca va de un lado al otro de la sala, corrigiendo y transmitiendo consejos. Algunos alumnos, en su mayoría mujeres, tratan en vano de emular al joven maestro cuya precisión, energía y estricto control del ritmo sorprenden a más de uno.

Farruquito es uno de los miembros de la dinastía de bailaores gitanos fundada por su abuelo El Farruco. De él, dice Farruquito, aprendió del flamenco: respecto a la tradición, disciplina y mucho trabajo.

"Hay muchos que pasan años bailando, sin hacer flamenco, porque creen que con dos vueltas y un traje se arregla todo. Pero para bailar flamenco como se debe, uno pasa la vida. Tampoco se puede imitar a nadie, me decía mi abuelo, porque el flamenco viene de la verdad. Me decía que no debía reflejarme en nadie, ni siquiera en él, que fue mi maestro. Esa filosofía es la que trato de enseñar aquí", dijo Farruquito ante los micrófonos de RFI.

Muchos artistas flamencos perpetúan como Farruquito el arte de una estirpe. Es el caso de otro peso pesado en Mont-de-Marsan, el jerezano Diego El Morao, hijo de Moraito Chico, una leyenda de la guitarra flamenca. Diego El Morao recibió un largo aplauso durante su concierto en Mont-de-Marsan, donde mostró su técnica prodigiosa y una gran musicalidad en la guitarra flamenca.

"Para muchos, ser hijo de un artista reconocido como es mi caso, complica las cosas. Porque uno lleva ese peso en los hombros. Pero en mi caso, me he sentido cargado de la responsabilidad de ser guitarrista, pero no por la fama de mi padre. El fue mi piedra angular, pero yo toco de otra manera, con mi estilo pero sin olvidar mis raíces", agregó Diego El Morao.

No olvidar la tradición es un derecho y un deber para los artistas del flamenco, arte que a pesar de la crisis, sigue echando semillas en las fértiles tierras andaluzas.

 

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