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Carrusel de las Artes

'Knock’ o el triunfo de la medicina

Audio 05:22
© Karine Thénard
Por: María Carolina Piña
8 min

Esta pieza emblemática del teatro francés se presenta actualmente en París. Aunque poco conocida fuera de Francia, el inescrupuloso Dr. Knock es un personaje fundamental del repertorio francés que pone en evidencia la voluntad de poder y de dominación de las masas.

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En la tradición literaria francesa existen numerosas sátiras dedicadas a los médicos. Los galenos impostores fueron, por ejemplo, uno de los blancos de Molière.Otros escritores también arremetieron contra la ignorancia, la pedantería o la jerga de los doctores, a veces más peligrosos que la enfermedad misma. Entre ellos está Louis Jouvet y su ilustre personaje del Doctor Knock, un hábil pero muy siniestro charlatán que se instala en un pueblo y en pocas semanas convence a todos sus habitantes de que sufren de terribles males.

Más allá de la sátira del mundo médico, “Knock” pone en evidencia la voluntad de poder y de dominación, el control de las masas y de las conciencias débiles. “Knock” se representó por primera vez en 1923, pero los fenómenos que denunciaba siguen produciéndose en nuestras sociedades modernas.

“Hoy en día estamos forzosamente ahogados en un mar de informaciones. Hace seis meses, por ejemplo, circuló una información que aseguraba que se había encontrado una cura para el Sida. Es terrible pensar que se juega con la esperanza de la gente. Pero nos deja ver que la manipulación que opera Knock en el pueblo donde se instala, es posible a escala nacional o mundial. Con los medios que tenemos ahora, Knock ocuparía un lugar preponderante”, declaró a RFI Olivier Mellor, quien firma esta puesta en escena muy musical y cómica de "Knock” en el Teatro de l'Epée de Bois de París hasta el 23 de febrero.

El doctor Knock se convierte en un estafador de primer orden, un gran manipulador que hace de la enfermedad su comercio. Los habitantes de pueblo siguen crédulos sus prescripciones mientras que otros comerciantes, como el farmaceuta o el director del hotel, se hacen partícipes de la farsa. El único inmune a la gran mentira es el antiguo médico del pueblo, a quien nadie, por supuesto, presta atención.

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