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El Invitado de RFI

Angélica Liddell: “Hay que restaurar el espíritu de lo sagrado”

Audio 26:43
Foto: Jordi Batallé/RFI

¿Sabían que Angélica Liddell, la directora de teatro que triunfa en el Teatro del Odeón de París con su obra "You are my destiny (Lo stupro di Lucrezia)", fue bautizada en la misma pila bautismal que Salvador Dalí?Angélica Liddell, nació en 1966 en la localidad de Figueras, en la provincia catalana de Girona, donde una educación estricta, paradójicamente, le acabó llevando a estudiar teatro en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (Resad).

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Infancia en Figueras

“Era un mundo bastante siniestro”, nos contaba Angélica Liddell durante su visita a nuestros estudios. “De niña me movía entre el cuartel de mi padre y los colegios de monjas que entonces eran siniestros, oscuros, con monjas vestidas de negro y ¡unas cofias! Lo que me marcó, más que nada, fue el contacto con la religión. En esos colegios era muy estricta. Yo, hasta veía milagros. Ponía manzanas en agua bendita para que pasara algo sobrenatural o veía como se movían los rayos de la virgen. De pequeña ya sentía el misterio sobre el que ahora estoy trabajando”

Estudios de teatro en Madrid

“La primera vez que pase las pruebas del la Escuela de arte dramático, me echaron, por que respondí a la pregunta del tribunal de ¿por qué haces teatro? citando a Kandinsky: hago teatro por necesidad interior. Y alguien muy importante del tribunal me dijo: ¡No me hables de necesidad!, ¡el teatro no es una necesidad interior! Me hundí. La segunda vez que presenté me admitieron, pero me aburría tanto que fundé mi propia compañía”. 

Texto y acción

"No soy capaz de crear nada sin la palabra. Pero no concibo el texto como algo independiente.La palabra se completa en escena, aunque haya obras que he escrito que han sido puestas en escena por otros. Se van contagiando unas cosas con otras, la palabra con la acción, la acción con la palabra. En esta semana que hemos pasado preparando nuestro espectáculo del teatro del Odeón, hemos seguido introduciendo y modificando cosas sin parar".

En el infierno, por fin, vamos a poder vivir una historia de amor

Dolor y sufrimiento en sus obras

"Siempre me planteo que parte de mi alma quiero mostrar, de que parte del ser humano quieres hablar. Pregunta fundamental antes de empezar mis trabajos. Eso es lo que sostiene la exposición del dolor: descender hasta tu propia conciencia. Para mi un referente es Ingmar Bergman, quien habla de sí mismo en sus películas. Por mucho que se envuelva en una ficción, lo que sostiene las obras es la palabra que tiene que ver contigo mismo, con lo que pasa contigo mismo cuando te encierras en tu habitación, con tu fango, con tu basura, con tu mierda. Cómo manejas eso y lo conviertes en otra cosa. Al final quieres convertirlo en algo bello". 

El rapto de Lucrecia

"Cuando me enfrento al poema de la violación de Lucrecia, Lucrecia me parece una idiota. Una señora que esta cosiendo esperando a su marido, ejemplo de virtud, símbolo del honor... ¡pero que diablos es esto! Y además se suicida para que el honor de su marido no quede manchado. La realidad es que ha deseado y ha gozado de Tarquinio. Tarquinio no es un criminal es un hombre atrapado por la belleza, y por el peligro que la belleza entraña. Cuando uno no puede explicar lo que siente frente lo sublime, eso te deja en un estado de indefensión de crisis y angustia. Y todo esto se reúne en Tarquinio, el verdadero héroe de toda esta historia".

Desnudos en escena

"El desnudo no es algo agresivo, es una manera de transmitir una idea, una emoción. El desnudo me lo planteo como la pintura. No mostrarlos seria como cubrir una Venus de Tiziano con un trapito o llenar de hojas de parra la Capilla Sixtina".

(Escuchen el audio de la entrevista íntegra)
 

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