El Invitado de RFI

Sergio Boris, « Viejo, solo y puto » en París

Audio 22:42
Sergio Boris en los estudios de RFI
Sergio Boris en los estudios de RFI Foto: Jordi Batallé/RFI

El Teatro de la Commune, Centro Dramático Nacional en Aubervilliers, acaba de estrenar "Viejo, solo y puto", espectáculo creado hace unos años en Buenos Aires por el actor, director y dramaturgo argentino Sergio Boris.En "Viejo, solo y puto", Sergio Boris nos hace protagonistas de lo que ocurre en la trastienda de una farmacia de un barrio de los arrabales de Buenos Aires. Junto a los hermanos que la regentan, aparecen personajes subidos de tono, como el de un visitador médico y dos travestís en busca de su dosis de hormonas.  

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Sergio Boris nace en Buenos Aires y es actor de cine y de televisión. Al mismo tiempo su trabajo como dramaturgo y director de actores ha sido recompensado en varias ocasiones en América Latina, pero era todavía inédito en Europa.

©Théatre de La Commune

¿Con qué intenciones decides estudiar teatro en el Instituto Universitario Nacional de Arte?

Fue de una manera algo ingenua. La situación de búsqueda de estudiar teatro no tenia una historia previa; mi familia estaba ligada a la medicina, ahí quizás aparece algo en relación a la obra: mucha pastilla, muchos remedios. Padre médico hermano médico. Y después al empezar a actuar sentía que me iba mejor actuando que en la vida real. Empezaba a sentir algunas cosas que no podía sentir en lo cotidiano, en lo real. Esa construcción mentirosa me generaba adueñamiento en relación a intensidades, temperaturas y energías. A llegar a lugares orgásmicos, momentos intensos, fuertes. En los que uno puede, como actor, empezar sentir todo lo que uno puede crear en el tiempo y el espacio, cómo uno puede deshacerse de lo personal.

Finalmente el actor es un artista privilegiado. En general las artes son solitarias, el actor sin embargo trabaja con materia humana. Para lo mejor y para lo peor.

El fenómeno teatral tiene que ver con el “entre”, con el intercambio con el otro. Con eso que se produce con una tercera cosa. Por eso Solo, viejo y puto no lo firmo como autor, porque la palabra autor no tiene nada que ver con el fenómeno teatral sino con algo exterior al proceso teatral. El autor es el único que no necesita de los otros dos. Director y actor si se necesitan para existir. Ahí hay algo.

©Théatre de La Commune

¿Cuándo te das cuenta que puedes hacer del teatro tu profesión?

La obra que a mi me marcó, fue El pecado que no se puede nombrar, obra que interpreté bajo la dirección de Ricardo Bartíz, quien fue mi maestro y es mi amigo. Esa obra me hizo ver otro tipo de posibilidades actorales, el actor como fenómeno poético de la construcción del lenguaje. Cómo el actor puede generar opinión estética con su histrionismo. La búsqueda del histrionismo, ese gesto que no dice nada. Ese gesto último que resulta de la combinación de todos los planos de la narración. Uno se rasca la nariz, gira la cabeza o mueve un ojo por la resultante de todo lo que le pasa por la cabeza del actor al mismo tiempo. Cuando vemos teatro y nos aburre es que es un teatro que plantea una sola cosa a la vez.

Estamos acostumbrados a que en la vida cotidiana existan varios planos simultáneos de lenguaje.

Claro. Y todo tiene ese fondo ridículo que le da la multiplicidad. Al mismo tiempo que una pareja se separa, las personas están sintiendo si les da bien la luz o no, si la otra persona le cree o no, que conviene hacer, si llorar o no en ese momento... todo lo que aparece en la cabeza de uno al mismo tiempo.

©Théatre de La Commune

¿Que importancia tuvo para tu carrera tu encuentro con Ricardo Bartíz?

Fue decisivo. Seguimos teniendo un intercambio de dialogo. Uno piensa distinto como actor que como director. Es interesante el intercambio que puede haber entre la actuación y la dirección. Y si uno puede pasar de la actuación a la dirección, es estimulante ese fluir de una cosa a la otra.
 

(Pueden escuchar la entrevista completa haciendo click arriba)

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