Carrusel de las Artes

París acoge obras de Klimt y de la Secesión vienesa

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La Pinacoteca de la capital francesa presenta en estos momentos una amplia exposición sobre una de las corrientes más importantes del "Art Nouveau" que se desarrolló en la ciudad de Viena: el movimiento de la Secesión que lideró el célebre pintor Gustav Klimt.

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"En el tiempo de Klimt" es el nombre de esta exposición en la Pinacoteca de París. En realidad, no se trata de una muestra sobre Gustav Klimt sino sobre el movimiento de la Secesión que el pintor lideró y que fue una revolución artística que sacudió a la Viena imperial de finales del siglo XIX.

La Secesión no fue objeto de un programa preciso en el plano estilístico, sino más bien, una reflexión sobre el arte. En ese momento dominaba en Viena el academicismo que se alineaba con el poder. Klimt buscó romper con las convenciones junto a otros artistas que reivindicaban una mayor libertad.

“Al principio Klimt formaba parte de la Unión de artistas austríacos, una sociedad que muy rápidamente se volvió muy tradicionalista y anclada en viejas ideas. Eso coincidió con dos eventos trágicos en la vida de Klimt, la muerte de su padre y de su hermano, dos pérdidas que lo hundieron en una profunda depresión. Pero fue en el marco de ese período depresivo que vivió que Klimt que el artista encontró algo nuevo que decir a través de su arte, pues fue justamente después de esa depresión aguda que Klimt creó el movimiento de la Secesión, que él mismo presidió”, explicó a RFI Alfred Weidinger, el responsable de esta muestra y director del museo Belvedere de Viena, de donde procede una parte de las obras que se muestran en París.

La muestra en la Pinacoteca de París incluye unas 180 obras que van desde el período académico hasta la eclosión del movimiento secesionista. Tras el enorme escándalo que suscitó su obra "Filosofía, Medicina y Jurisprudencia" que fue catalogada de pornográfica y acusada de pervertir a la juventud, Klimt cambió de rumbo. Introdujo una gran opulencia decorativa con la utilización abundante de las hojas de oro y plata. Esto puede verse en su imponente "Judith" (1901) y en otros grandes formatos que exhibe la Pinacoteca de París, que dejan ver el interés de Klimt de acercarse a otros artes, como la decoración o joyería. La figura femenina es también para Klimt un tema central que lo une a las investigaciones de los simbolistas. Eso lo lleva a trabajar el tema de la mujer fatal y frágil a la vez, o la angustia de la muerte que exploró uno de sus contemporáneos, Sigmund Freud.

“Klimt se apasionó por el vanguardismo. Creó una especie de Museo imaginario en su cabeza donde almacenaba todo lo que le interesaba. Fue gracias a eso que encontró su inspiración. Pero al mismo tiempo ese clima de ideas nuevas, de renovación, se respiraba por todas partes en Viena, lo que le fue muy benéfico. Por ejemplo, Klimt nunca había leído “La interpretación de los sueños” de Freud, pero ese libro era uno de los temas de conversación principales en la capital austríaca”, agregó Weidinger.

"La obra de arte total" a la que aspiraban los secesionistas austríacos admitía una intensa colaboración con artistas de otros países y en especial con el movimiento vanguardista francés. París en ese momento era una de las capitales más dinámicas de Europa, el lugar en el que todo artista que se considerara como tal debía estar.

Por supuesto la obra cumbre de Klimt y climax de su llamado Ciclo de Oro, "El beso" no vino a París. Este cuadro se mantiene bien resguardado en el Palacio del Belvedere de Viena.

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