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Carrusel de las Artes

Barbara Hendricks: ‘Mi voz es mi pasaporte’

Audio 12:57
Barbara Hendricks nación en Arkansas, el 20 de noviembre de 1948.
Barbara Hendricks nación en Arkansas, el 20 de noviembre de 1948. © Mattias Edwall
Por: María Carolina Piña
19 min

La conocida soprano estadounidense conversó con RFI sobre su nuevo álbum, “Blues Everywhere I go”, y la labor que realiza como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU para los refugiados. El presidente francés la condecoró recientemente con el premio de la Liga internacional contra el racismo y el antisemitismo.

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Barbara Hendricks es risueña, simpática y conversadora. No habla español pero nos quiso saludar en esa lengua que le habría gustado aprender: “Hola que tal”, nos lanzó con sonrisa pícara. Luego la conversación se prosiguió en francés, idioma que habla a la perfección y que usa como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU para los refugiados, una actividad que la ocupa desde 1987 junto a la música.

El Instituto cultural de Suecia, su segundo país, fue el lugar escogido para esta amena charla, unos días antes de la salida de su nuevo disco "Blues Everywhere I go", donde la cantante nacida en Arkansas retoma algunos de los clásicos del "blues". Cantos afro-americanos a los que Hendricks se dedica desde hace dos décadas, después de alcanzar la fama como soprano lírica y especialista de la óperas de Mozart.

Esta increíble trayectoria fue reconocida por el presidente francés François Hollande quien le entregó recientemente el premio de la Liga internacional contra el racismo y el antisemitismo en el Palacio del Elíseo.

RFI: ¿Cómo se sintió al recibir este galardón?
BH: Es una recompensa que me emociona mucho, pero tengo que decir que es el resultado del trabajo de mucha gente que luchó por los derechos del hombre, mucho antes que yo. El deseo de trabajar por esta causa vino cuando yo era muy joven. Porque fui víctima de la segregación racial en Estados Unidos, durante la época de las leyes de Jim Crow que permitieron la separación de las razas. Cuando se firmó la ley por los derechos civiles, cuando todos fuimos reconocidos iguales, entendí que tenía derechos pero también una responsabilidad ciudadana, que me hacía libre, y que cada ciudadano puede hacer algo para no ser una víctima.

RFI: A los 20 años, Usted obtuvo un diploma de matemáticas y química, y fue después que comenzó a estudiar canto lírico en la reconocida Julliard School of Music de Nueva York.

BH: Si, pero comencé a cantar cuando era muy pequeña, en la iglesia, porque mi padre era pastor. En esa época cantaba la música de los esclavos, los “negro spirituals” , que eran canciones a capella, muy influenciadas por la religión. Los esclavos veían en la figura de Cristo, a alguien que tenía una mirada hacia los pobres, hacia los más desfavorecidos. Y eso se escucha en esa música. El blues en mi carrera vino mucho después… fue algo que tuve que aprender porque en mi casa no se cantaba, estaba prohibido. Mi padre prefería la música sagrada, los góspel; decía que el blues era la “música del diablo”…

RFI : Su último disco "Blues everywhere I go" reúne algunas de las grandes referencias del "blues". ¿Hay alguna que prefiera en particular?

BH: En este disco me gusta todo… es como si me preguntaras a cual de mis hijos prefiero (risas), no puedo escoger… Lo mismo me pasa con la música; cada canción es muy especial y si están en este disco es porque quiero compartirlas con la gente. Hay algunas que son muy importantes para mí, como “Strange Fruit” cantada por primera vez por Billie Holliday y que habla de los linchamientos de negros. Lamentablemente, es un tema que sigue siendo de actualidad, aún hoy, cuando vemos los problemas entre la policía y los jóvenes negros en Estados Unidos, que son asesinados o condenados sin pruebas. A pesar de que las leyes contra la segregación fueron firmadas en 1964, no hemos abolido el racismo todavía.

RFI: Este año que se termina hemos asistido al deshielo entre su país natal Estados Unidos y Cuba, luego de 60 años de distanciamiento. ¿Qué opina de este acercamiento?

BH: Siempre he pensado que el embargo sobre Cuba era obra de una pequeña minoría de personas, muchas veces en Miami, que querían vengarse del gobierno cubano. Estoy muy contenta de que hayamos pasado la página. Yo lo veo de otra forma porque no soy sólo ciudadana americana. Mi voz es mi pasaporte y me ha permitido ser también ciudadana sueca y ciudadana del mundo, e ir a Cuba cada vez que he querido. Ahora sólo espero que durante este momento de transición, los cubanos puedan resguardar todo lo bueno que tienen, la solidaridad y sobre todo su música. Espero que sea una transición positiva para todo el mundo. Creo que haber impuesto ese embargo sobre Cuba fue, sencillamente, algo muy estúpido.

RFI: Usted ha trabajado en los últimos años en favor de los refugiados del mundo y en este momento los países europeos hacen frente a la llegada masiva de inmigrantes. ¿En qué consiste su labor?

BH: Desde hace 30 años trabajo con el Alto comisionado de Naciones Unidas para los refugiados. He visitado los campos de refugiados y tratado de ser la voz de aquellos que no tienen voz, ni esperanza. En este momento se habla mucho en Europa de los migrantes que vienen de Siria. Yo le digo a la gente: imagínense un minuto tener que vivir en un país en guerra, que no hay opción, que hay que huir para sobrevivir. Cómo les gustaría que los recibieran? Le digo eso a todo el mundo porque nadie está a salvo. No podemos lavarnos las manos y decir: “eso nunca me pasará a mí”.

RFI: Pero, ¿cómo hace para conciliar su labor como Embajadora de Buena voluntad y la música?

BH: Es una vida bastante esquizofrénica, porque un día estoy en un campo de refugiados, y el otro, en la escena de la Scala de Milan, por ejemplo… Son dos mundos distintos. Pero los seres humanos, son los mismos. Para mí, la música nos da la oportunidad de vivir juntos. A veces, en mis conciertos, hay momentos en los que tengo la impresión de que formamos parte de una misma vibración: yo, mis músicos, y el público… En esos momentos, me doy cuenta de que somos parte de una misma familia, que es la humanidad. Gracias a ese sentimiento tenemos hoy la Declaración de los derechos del hombre que dice que todos los seres humanos nacemos libres e iguales, en dignidad y derechos. Y la música nos permite vivir en ese espacio de respeto.
 

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