Italia

Murió Eco, el autor de ‘El nombre de la rosa’

L'écrivain italien Umberto Eco.
L'écrivain italien Umberto Eco. REUTERS/Andrea Comas

Escritor, filósofo e intelectual, Umberto Eco saltó a la fama mundial en 1980 después de publicar ‘El nombre de la rosa’, novela de la que se vendieron millones de ejemplares y fue traducida en 43 idiomas. Eco murió este 19 de febrero a los 84 años de edad en su domicilio en Milán.

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El escritor nacido el 5 de enero de 1932 en Alessandria (norte de Italia) llevaba un tiempo aquejado de cáncer. Eco estudió filosofía en la Universidad de Turín y consagró su tesis al “problema estético en Tomás de Aquino”.

Eco explicó que llegó tarde a la ficción por “considerar la escritura novelesca un juego de niños que no tomaba en serio”.

Su primera novela publicada en 1980, “El nombre de la rosa”, fue llevada al cine por el director francés Jean-Jacques Annaud con Sean Connery en el papel del franciscano Guillermo de Baskerville, ex inquisidor encargado de resolver la sospechosa muerte de un monje en una abadía del norte de Italia. Eco tenía 50 años.

“Umberto Eco, uno de los intelectuales más célebres de Italia, ha muerto”, anuncia la edición digital de Il Corriere della Sera.

“Umberto Eco ha sido una presencia importante en la vida cultural italiana de los últimos 50 años, pero su nombre sigue innegablemente vinculado, a nivel internacional, al extraordinario éxito de su novela 'El nombre de la rosa'”, agrega el diario italiano.

"Lo feo es infinito y más divertido"

Políglota, casado con una alemana, Eco dio clases en varias universidades, sobre todo en Bolonia (norte), donde ocupó la cátedra de semiótica hasta octubre de 2007, año de su jubilación.

Después de “El nombre de la rosa”, ofreció a sus lectores “El péndulo de Foucault” (1988), “La isla del día antes” (1994) y “La misteriosa llama de la Reina Loana (2004)”. Su última novela, Número cero, publicada en 2014 es un relato policial contemporáneo centrado en el mundo de la prensa.

También escribió decenas de ensayos sobre temas tan dispares como estética medieval, las poéticas Joyce, la memoria vegetal, James Bond, la historia de la belleza o de la fealdad.

“Lo bello se sitúa dentro de ciertos límites mientras que lo feo es infinito, por lo tanto más complejo, más variado, más divertido”, explicaba en una entrevista en 2007.

Hombre de izquierdas, Eco no era un escritor encerrado en una torre de marfil. Este practicante del clarinete escribía regularmente en el semanario L'Espresso.
 

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