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Escala en París

Francesco Tristano: "La música barroca y la electrónica tienen más en común de lo que parece"

Audio 12:32
Francesco Tristano Escala en París
Francesco Tristano Escala en París © rfi
Por: Aída Palau | Florencia Valdés

El luxemburgués Francesco Tristano ha derribado las barreras entre la música clásica y el tecno. A sus 39 años y con 22 discos a sus espaldas, este reconocido pianista y compositor llena auditorios tradicionales y clubs por todo el mundo. Su último trabajo 'Tokyo Stories' es un homenaje a la capital japonesa con 16 composiciones entre música clásica y electrónica.

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Lleva tocando el piano 34 años, a los cinco su madre le compró uno. ¿Cómo fue ese primer contacto?

Seguramente con los pies. Era un piano muy viejo, muy deshecho. Tenía más de un siglo. Hay fotos en las que piso el piano con los pies sin zapatos. Supongo que quería sacarle todo tipo de sonidos a este instrumento.

Se ha formado en los mejores conservatorios de París y de Nueva York y entre sus pasiones está la música electrónica y la barroca, concretamente Johann Sebastian Bach ¿Qué le interesa de la música barroca y especialmente del genio alemán?

Creo que en muchos sentidos Bach es muy tecno. Bach es minimalista. Es una música basada en un ritmo constante que se parece un poco al latido del corazón, es finalmente como el groove, lo que hace que nos movamos, que queramos bailar. La música electrónica también comparte eso. En ese sentido pienso que la música barroca y la música electrónica tienen mucho más en común de lo que parece.

¿Bach haría música electrónica si viviera en el siglo XXI?

No soy mucho de hacer hipótesis, pero creo que le interesaría mucho la tecnología porque su pasión era el arte de fabricar órganos. El órgano es el primer sintetizador, es su ancestro. Ahora con las máquinas que tenemos estaría encantado. Seguro que se le ocurrirían muchas cosas interesantes.

La curiosidad por la música electrónica aparece cuando está en Nueva York estudiando en la escuela Juilliard y escucha a los Daft Punk, el tema Around the world del disco Homework que tuvo un éxito planetario. Tenía entonces 16 años. ¿Ese momento fue un punto de inflexión para su futura carrera?

Sí, aunque no fue el único punto de inflexión. En el mundo de la música clásica obviamente todo lo que es pop o electrónico no se aprecia. Cuando escuché Around the world quería entender cómo se hacía esa música, cómo eran las estructuras, cómo eran los instrumentos y me puse a tocar el tema en el piano para entender su arquitectura. Me di cuenta de que la música electrónica, el minimalismo, era una fuente de inspiración muy grande porque veía cómo mi propia música iba cambiando cuando escuchaba temas que me gustaban.

¿Cómo se le ocurrió utilizar el piano clásico para hacer música tecno?

También incluyo sintetizadores. El piano es una máquina. Es un protosintetizador. Entre el órgano y el sintetizador está el piano. Es como una escala entre los dos. Es algo en la continuidad. No hay ruptura. No hay direcciones en la música que no tengan nada que ver con las otras. Por ejemplo con Around the world me di cuenta de que había técnicas de composición que pueden ser barrocas también. Estamos ante una construcción de la música que se parece muchísimo.

La electrónica le ha llevado a colaborar con djs de la talla de Derrick May o Carl Craig. En la música electrónica aunque haya producción y se ensaye hay mucho espacio para la improvisación, en la clásica, a veces ¿le apetece improvisar, saltarse la partitura?

Sí, a veces me apetece. Para mí la música improvisada es la más fuerte porque capta el momento. Entonces, aunque toque una obra escrita, una partitura, quiero darle el toque de inmediatez, de música contemporánea casi. La idea es siempre deshacerse de la partitura y dejar que la interpretación fluya y luego hay detalles que se pueden añadir o sacar.

Su último disco se llama Tokyo Stories. Una especie de viaje sonoro por la capital japonesa a través de 16 composiciones. En él participan músicos japoneses y otros como el francés Michel Portal. Para hacer este disco grabó también sonidos de la vida cotidiana. ¿Cómo fue ese proceso de creación?

Fue muy interesante. Es la primera vez que trabajo con los llamados fields recordings, es decir ir por la calle con una grabadora y grabar todos los sonidos posibles. Grabar el tráfico, entrar en un bar, o en un ramen, en un sushi y grabar las conversaciones, siempre pidiendo permiso. Es como tener un soundtrack pero sin película. Hace muchos años que voy a Tokio. He hecho como 40 viajes o más y quería grabar en Tokio, encerrarme en un estudio. Encontré uno que es increíble. Tokyo Stories ha sido como mi homenaje a la ciudad, allí tengo a muchos amigos, mis restaurantes, mis sitios de referencia.

'Tokyo Stories' de Francesco Tristano
'Tokyo Stories' de Francesco Tristano © Sony Classical

¿Qué tiene Tokio que no tienen otras ciudades?

Creo que son los contrastes. Viví cinco años en Nueva York y pensaba haberlo visto todo. Era muy joven también y a veces cuando somos jóvenes pensamos que lo sabemos todo. Cuando fui a Tokio por primera vez me di cuenta de que Nueva York es mucho más pequeña y mucho más asequible. Tokio es una ciudad sin forma, no tiene centro. Te encuentras un edificio muy moderno al lado de un templo budista y son esos choques de época y de cultura lo que hace que es una sociedad muy dinámica y una ciudad que no deja de sorprender.

Estos días tenía que tocar en Milán y el concierto se ha anulado por el coronavirus. Italia está cerrada. Tiene también conciertos previstos en las próximas semanas en Tokio, Osaka y Hong Kong. ¿El virus le está trastocando la agenda?

Obviamente. Milán no puede ser y espero que mis amigos italianos estén bien y que se cuiden. En principio voy a Japón la semana que viene, vamos a ver cómo se desarrolla el tema. Estoy muy pendiente porque cada día cambia un poco el protocolo.

Su última producción es Tristano plays Gulda: ‘Preludio y Fuga’. Un tributo al pianista y compositor austríaco Friedrich Gulda por los 20 años de su muerte. Un maestro que también experimentó mucho y que ha tenido una influencia en su trayectoria.

Gulda era un personaje muy transgresor, bastante radical, en el fondo era un vienés de tradición pero en muchos sentidos no se le entendía. Era un pianista virtuoso. Ganó un premio en Buenos Aires y se hizo muy famoso en Latinoamérica en los años 50. En un momento, descubrió el jazz. Esto era un poco fuerte para el establishment clásico de Viena que es bastante conservador. Se hizo pianista de jazz. Gulda abrió muchas puertas. Incluso en los años 90 se fue a Ibiza. Descubrió la música electrónica e hizo alguna producción con djs de la isla. Soy muy fan de Gulda, siempre lo he sido.

#Escala en París también está en Facebook.Un programa coordinado por Florencia Valdés. Realizado por Vanessa Loiseau, Souheil Khedir y Fabien Mugneret. 

www.francescotristano.com

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