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LITERATURA

Cédric Gras, una poética de la errancia

Retrato del escritor Cédric Gras.
Retrato del escritor Cédric Gras. © Julien Falsimagne
Texto por: Marilyne Buda
12 min

Nacido en 1982, el escritor Cédric Gras es un viajero experimentado. Geógrafo y alpinista, se interesó por las cumbres y las inmensidades, en particular en los territorios de la ex-URSS a los que dedicó varios libros. Completó sus estudios en Omsk, Siberia, y se instaló en Vladivostok donde contribuyó a la creación de la Alianza Francesa, antes de mudarse a Ucrania. Ahora de vuelta en París, acaba de publicar "Alpinistes de Staline", en el que narra la historia de los hermanos Abalakov en la época soviética. Compartió con RFI sus reflexiones acerca del viaje, Rusia y la literatura.

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RFI: Usted creció en la región parisina, pero se familiarizó a temprana edad con la montaña. Antes de instalarse en Rusia, viajó por el mundo. ¿Qué lo llevaba a partir en ese entonces?

Cédric Gras: El motor siempre es un poco el aburrimiento aquí y la curiosidad allá. Pero es cierto que también tuvo que ver con la montaña: fui mucho a América Latina al principio porque quería ver montañas más altas. Fui a Perú cuando tenía 18 años, luego a Mongolia y al Tíbet, y luego volví a América Latina, principalmente a los Andes (Chile, Perú, Bolivia).

RFI: Considera que la exploración de la Tierra se detuvo en los años 50. ¿Cuál es el papel del viaje hoy en día? En Saisons du voyage (Temporadas del viaje), dice que no hay que fantasear la realidad en busca de una supuesta autenticidad…

Cédric Gras: La exploración bruta de la Tierra está completa en un 99%. La geografía es otra cosa, toma en cuenta la geografía humana, la sociedad. El mundo está cambiando muy rápido y necesitamos actualizar nuestros conocimientos. Y para eso sirve el viaje. Hoy en día puede ser menos exótico, pero la verdadera incógnita de nuestras sociedades es el entorno urbano. Los que hacen geografía urbana son los exploradores del siglo 21.

Homo sapiens turisticus es un bípedo cerebral y casi lampiño que se puso a recorrer frenéticamente su planeta. Las facilidades infraestructurales nos llevan por unos días, o incluso un puñado de horas, a sitios supuestamente encantadores. Hemos empezado a mirar al mundo en una vitrina, en un decorado sin reverso, sin comprometernos demasiado.
Saisons du voyage (Temporadas del viaje), ed. Stock, 2018

RFI: ¿Cómo definiría la libertad del viajero, en oposición al turista?

Cédric Gras: Es el tiempo. El turista tiene un límite de tiempo: vacaciones pagas, lo que su jefe le permita... El viajero es el que tiene la opción de quedarse.

RFI: Tiene sus estaciones favoritas para viajar, como el otoño en L’Hiver aux trousses (Con el invierno en los talones).

Cédric Gras: Fue una revelación para mí. Me encantan las nubes y las luces que un cielo ligeramente nublado puede crear, entonces me gustan la primavera y el otoño. Es una manera de ir a contramano del turismo de masas, y de buscar diferentes temperaturas y luces que me interesan mucho más. Sin mencionar la belleza de los bosques en el otoño.

Me gusta contemplar sin cesar los ramajes carmesí. Y si las alegrías son siempre efímeras, el otoño es particularmente fugaz. Es una media estación de vientos y lluvias, atravesada de puros resplandores. Es paso y transición. Su esencia es llevarnos de la opulencia al despojo. Es una luz aparte, un sol tibio y suave, una concordia y una armonía.
L'Hiver aux trousses (Con el invierno en los talones), ed. Stock, 2015

RFI: Dice que hoy en día, la mejor manera de viajar es un "sedentarismo en la alteridad", ¿qué significa?

Cédric Gras: Muchos jóvenes quieren viajar por el mundo, inevitablemente sacan algo de ello, pero en mi experiencia, los viajes que dejan más huellas son los que se hacen echando raíces. Profundizas tus lazos con la gente, con una ciudad, aprendes el idioma, te sumerges en la cultura. Mientras que puedes hacer viajes en los que trasciendes muchas fronteras y diez años después no recuerdas nada, ni lugares ni nombres.

RFI: Se elogia mucho en este momento el turismo de proximidad, por la ecología y la Covid. ¿Cree que estamos avanzando hacia una redefinición del viaje, o estas preguntas son efímeras?

Cédric Gras: Para mí, nos estamos mintiendo cuando decimos "¡Qué hermoso es al lado de casa, no lo había visto!", nadie se lo cree. Pienso que hay millones de turistas que están deseando que todo vuelva a ser como antes. Además, está el tema financiero: mucha gente está descubriendo que Francia es muy cara. El viaje del occidental se basa en gran medida en la desigualdad de los niveles de vida. Un proletario francés puede sentirse como el rey del mundo durante dos semanas si va a un país más pobre. El viaje no es una excepción a la marcha del mundo.

RFI: Después de haber viajado mucho, Ud. se estableció en Omsk y luego en Vladivostok para fundar la Alianza Francesa. De Rusia, lo que prefiere es Siberia y el Extremo Oriente ruso, y más particularmente su geografía…

Cédric Gras: Me interesan todas las inmensidades. A primera vista Rusia no es un país muy exótico, todo es bastante europeo. Su exotismo es su inmensidad, no tenemos eso en Francia.

El Extremo Oriente ruso es una región del globo difícil de comprender, debido a su tamaño y a la banalidad "europea" de algunos de sus paisajes, que sugieren que no hay nada que hacer allí. No poseo la verdad sobre Rusia, sobre sus males y su genio, sobre su equilibrio y su interdependencia. Es el tiempo pasado allí que poco a poco nos da elementos de comprensión, sin poder nunca formular una evidencia que se resuma en una máxima. Rusia es indiscernible; más aún que otras culturas, es de un exotismo imperceptible, sutil.
Vladivostok, neiges et moussons (Vladivostok, nieves y monzones), ed. Phébus, 2011

RFI: ¿Qué opina de la manera en que los medios franceses y occidentales hablan de Rusia?

Cédric Gras: Es cierto que Rusia no es un país perfecto. Pero me sorprendía bastante la forma en que se trataba a Rusia cuando estábamos de rodillas ante China. Entonces me interesa que ahora estén hablando de la cuestión uigur, Hong Kong, la dictadura digital..., me alegro de que se esté equilibrando un poco más, aunque sé que el poder comercial de China significa que nunca diremos tanto sobre Pekín como sobre Moscú.

Pero hay algo más: los rusos están más cerca de nosotros y castigamos mejor a nuestro vecino que a una civilización que nos parece totalmente exótica. Creo que todavía tenemos la idea de que los rusos son europeos y que podemos ponerlos en el camino correcto.

Hoy me doy cuenta de que tuve una verdadera revelación, ciertamente menos exótica que la de aquellos cuya búsqueda de sentido termina en la India o en las mesetas del Tíbet, ¡pero no por eso menos intensa y sincera! Este país me correspondía como otros se reconocen en los ritmos de África negra o se encuentran en la literatura japonesa.
Vladivostok, neiges et moussons (Vladivostok, nieves y monzones), ed. Phébus, 2011

Y por fin, desde la época soviética, nos hemos acostumbrado a recibir malas noticias de Rusia, y pareciera que los lectores sólo quieren malas noticias de Rusia. Incluso a veces cuando aman a Rusia, aman a Rusia por sus desastres; en la imaginación de la gente, Rusia no sería Rusia si todo saliera bien. Tengo la impresión de que cuando llegan buenas noticias de Rusia, los medios no las seleccionan. Aquí es donde nos damos cuenta de que incluso un muy buen periodista no está libre de estereotipos, aunque sólo sea en sus elecciones editoriales.

RFI: ¿Cómo llegó a la escritura y hasta qué punto lo influenció la literatura de viajes?

Cédric Gras: Siempre fui un gran lector y me encantaba expresarme por escrito. Viví en Vladivostok durante tres años y tomaba apuntes todos los días, hasta que pensé que tal vez podía hacer un libro con ello. Me gusta escribir, por amor a la poesía, al lenguaje, y también porque me gusta intentar formular ideas, impresiones y pensamientos que nos cuesta a veces transmitir.

En la literatura de viajes, no se puede decir toda la verdad. Cronológicamente hay un montón de cosas que no son interesantes y que puedes sacar, también a personas. Se toman decisiones, porque si se inflige al lector todo lo que sucede, sería insípido. La literatura de viajes me interesó como geógrafo, como viajero, porque hace soñar y quieres hacer lo mismo, pero no siempre está bien escrita. Me marcaron más obras de ficción, como La vida de Arséniev de Iván Bunin o La promesa del alba de Romain Gary. De hecho, también me gusta escribir novelas [Anthracite, ed. Stock, 2016] y cuentos [Le Cœur et les confins, ed. Phébus, 2014].

Tapa del libro "Alpinistes de Staline" (Alpinistas de Stalin, 2020), con los hermanos Abalakov.
Tapa del libro "Alpinistes de Staline" (Alpinistas de Stalin, 2020), con los hermanos Abalakov. © Facebook/Cédric Gras

RFI: Acaba de publicar Alpinistes de Staline (Alpinistas de Stalin), en el que cuenta la verdadera historia de los hermanos Abalakov en la era soviética.

Cédric Gras: Hago un poco de alpinismo y hay una técnica que se llama “Abalakov”, y nadie se había preguntado por qué. Como pasé una década en Rusia y hablo ruso, empecé a indagar y descubrí esa historia que me pareció extraordinaria, y pensé que era realmente para mí, porque para escribirla había que hablar ruso, entender las montañas y conocer Asia Central. Lo que me gustó fue que no se trataba sólo de montañas, sino también de relaciones humanas porque son dos hermanos con sus complicados vínculos, además de todo el contexto político que me fascina porque trabajé bastante sobre la URSS.

Los hermanos Abalakov crecieron abrazando la piedra, desafiando la gravedad, parándose de cabeza al borde del vacío. Al parecer, Yevgueni era apodado Tamias por sus camaradas. Los tamias de Siberia son pequeñas ardillas rayadas endémicas. Yevgueni abría rutas allí donde el liquen de las rocas no había sido raspado por ninguna suela de bota.  Vitali, aunque un año mayor, seguía como podía. Las raras fotografías de época lo muestran menos robusto y menos rollizo. Él mismo se describiría más tarde como casi enfermizo, debiendo su salvación sólo a una voluntad de hierro que se convertiría en legendaria.
Alpinistes de Staline (Alpinistas de Stalin), ed. Stock, 2020

Es una investigación que se extendió durante dos años, el tiempo para reunir y leer los archivos, libros y revistas publicados en la época soviética. También tuve acceso a los archivos del NKVD [Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos] sobre los juicios estalinistas contra uno de los hermanos. Encontré muchas cosas, en internet también, y hasta conocí al hijo de uno de los hermanos.

RFI: ¿Qué proyectos tiene?

Cédric Gras: Mis proyectos se ven afectados por la Covid. Estoy trabajando en una serie de documentales sobre las regiones rusas para el canal Arte, filmamos uno en el Mar Blanco justo antes del confinamiento, y se suponía que íbamos a rodar dos episodios más en el Altái y el Cáucaso este verano, pero se pospuso hasta el año que viene. Por lo demás, trabajo como guionista para Luc Jacquet [La marcha de los pingüinos] en un proyecto cinematográfico en Rusia. Y tengo varias ideas de libros, pero no es para un futuro inmediato.

¿Qué es el viaje? Lo que separa el sueño de la realidad, para bien o para mal. Volverse transparente, no perturbar en absoluto el orden y los hábitos, dispersarse en mil soledades, penetrar en los territorios, operar una exploración multidisciplinaria, ser el ojo y la conciencia, una sana curiosidad como único motor.
Saisons du voyage (Temporadas del viaje), ed. Stock, 2018

Los libros de Cédric Gras son por ahora traducidos al italiano y al polaco.

 

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