Las hijas de celebridades de la izquierda francesa cuentan su historia

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París (AFP)

Los padres tienen una historia, sus hijas desean contar también la suya: el libro de Camille Kouchner es el tercer testimonio recientemente escrito por la hija de una gran figura contestataria en Francia de los años 1960-70.

"La familia grande", de la hija del exministro y exmilitante de izquierda Bernard Kouchner, éxito de ventas desde su salida el 6 de enero, esclarece el destino de esta generación criada por quienes tenían como consigna "prohibido prohibir".

Respecto a su madre, la universitaria Evelyne Pisier, que le inculcó la idea de que una mujer debía ser lo más libre posible, Camille Kouchner decía el miércoles por la noche en la cadena televisiva France 5: "Llegó a abandonar un poco a sus hijos. Tal vez mucho".

Un libro publicado en marzo de 2020 cuenta una historia parecida. "El efecto materno", de Virginie Linhart, hija de uno de los dirigentes de Izquierda Proletaria, Robert Linhart, y de una militante de extrema izquierda que de la fábrica pasó a la universidad, Nicole Colas-Linhart.

"Hay de verdad muchas cosas similares. Y no sé cómo explicarlo. Sin embargo en mi libro traté de analizar la situación de esas mujeres, comprender por qué no pudieron ser plenamente madres", dice Virginie Linhart a la AFP.

- Derecho a la reivindicación -

En 2017, en "Hija de revolucionarios", Laurence Debray, hija del exguerrillero francés Régis Debray y la exrevolucionaria venezolana Elizabeth Burgos, revisaba ese particular linaje.

Su infancia con padres "militares", dice a la AFP, por su concepción del combate político e intelectual cotidiano, no se parece en nada al alegre desorden de las vacaciones en Sanary-sur-Mer narrado en "La familia grande" de Camille Kouchner.

Pero la intención, al escribir el relato para publicarlo era idéntica. "Lo que yo quería hacer era liberar la palabra, la de mi generación: decir que no por no haber hecho la revolución éramos menos que ellos, y que tenemos derecho a decir lo que vivimos, de reivindicar", afirma.

Reivindicar especialmente el dolor de haber quedado relegados tras las otras prioridades de los progenitores: los deseos de los adultos, la militancia, los compañeros.

Virginie Linhart cuenta que su madre, quien criaba sola a sus hijos, los dejaba sin niñera para salir, lo que aterrorizaba a su hija, reducida a imaginar las peores historias cuando se iba a la cama.

- "Ira contra ella" -

Camille Kouchner por su parte describe a un padre que "nunca está ahí", y cuya esposa dice: "Escogió salvar a los otros niños. No a los suyos". La pareja se separó cuando ella tenía seis años. "La libertad, las mujeres, la pareja, la alegre infidelidad, la inteligente modernidad. Pequeña, fue arrullada con esas historias", recuerda sobre su madre.

"Ese libro me facilitó tener ira contra ella y amarla inmensamente (...) No trato de excusarla", afirma en la televisión. Esa madre murió en 2017.

Virginie Linhart, por el contrario, enfrentó a su madre, que acudió a los tribunales para hacer prohibir la obra, en vano.

"Eso me sumió en abismos de reflexión, el hecho de que esa generación, que me crió a mi con la consigna de 'prohibido prohibir', pudiera recurrir a la ley para impedir la publicación de un testimonio. Eso me parece muy violento", dice.

"La palabra del 68 [el movimiento de mayo de 1968] estaba monopolizada por los protagonistas. Era la única que contaba (...) La de los hijos no emergió con facilidad. Nadie quería escuchar nuestra historia", subraya.

Pero para Laurence Debray, el momento llegó. Tenía 41 años cuando publicó su historia, Camille Kouchner 45 cuando salió su libro, y Virginie Linhart vio aparecer a los 42 el suyo bajo el título de "El día en que se calló mi padre".

"Para escribir este tipo de libro hay que haber vivido un poco para tener distanciamiento. Pero tampoco se podía hacer muy tarde, para que mi padre pudiera enfrentarme. El libro es una forma de establecer un diálogo", dice la hija de Régis Debray.